Resumen

Cruzamos por una época en la que todo lo público está en cuestión y lo estatal aún más. No se trata de un cuestionamiento inocente. Proviene de una poderosa corriente ideológica que tomó fuerza en el mundo occidental a partir de las dos últimas décadas del siglo xx, denominada “nueva economía” y rebautisada popularmente como neoliberalismo la cual, a pesar de su evidente fracaso cuando se ha puesto en práctica, sigue posicionada en amplios sectores, a veces en forma inconsciente. Es una ideología, a pesar de autodefinirse como no ideológica. De hecho no hay postura, opinión, programa o proyecto público que carezca de ideología, si entendemos por ella la representación simbólica de la realidad. Cuando una ideología se vuelve dominante en forma aplastante, se auto proclama como la verdadera interpretación del mundo y califica a cualquier otra concepción como ideológica en sentido peyorativo: “mi pensamiento es la verdad, los otros pensamientos son ideología”. Lo cierto es que todos vemos e interpretamos el mundo a través de una ideología y negarlo permite proclamarse como la verdad a una ideología que adquiera por diversas circunstancias gran fuerza social en una coyuntura determinada. Hay que desconfiar de quien presume tener una perspectiva carente de ideología porque es muy probable que esté opinando desde la ideología dominante. Por el contrario, si aceptamos el hecho de que hay una ideología detrás de cada postura, el intercambio de opiniones, incluido el debate, transcurre en condiciones paritarias y se puede llegar hasta el fundamento de cada postura.

Palabras clave: Políticas públicas, sociedad, Estado, desarrollo social