Resumen

La bondad intrínseca de las leyes y las instituciones no es independiente de la evolución económica, social y cultural del país en el que deben aplicarse. No es la ley la que está mal. Está mal Costa Rica. Los promotores de la mano dura no deben engañarse: lo que está fallando no son las leyes y los jueces, sino la sociedad atomizada y contradictoria en la que se tienen que desenvolver. El aumento de la delincuencia no es culpa de que no se tengan buenas leyes penales, ya que las mismas no pueden solucionar una problemática social que las supera ampliamente. Endurecer la ley lleva a males mayores. No es cierto que al garantismo penal no le preocupen las víctimas, ni que sea condescendiente con los delincuentes. Más bien aquéllos a quienes se etiqueta como “garantistas” (casi con connotación de “degenerados”), y los aborrecidos abolicionistas, son quienes más han luchado por el reconocimiento de los derechos de las víctimas, su debido resarcimiento y contención.
Palabras clave: populismo penal, garantismo penal, temor al delito, seguridad, victimas, exclusión social