Resumen

Era don Abelardo un hombre silencioso, al menos esa era la tónica principal de su apariencia. Cuando por esos años de estudios en la Facultad de Filosofía y Letras tuve el privilegio de su amistad, aprendí de él a apreciar el valor del silencio en la relación de amigos. Podía uno pasar largos ratos en su compañía, en una especie de comunicativo silencio, mientras la mirada se abstraía en el caer de la lluvia sobre los arboles y sobre el patio del claustro, y se ahandonaba el curso de la imaginacion sin que hubiese necesidad de las palabras.
Palabras clave: Biografía, Eduación Costarricense, Docente, Idealismo