Revista Electrónica de las Sedes Regionales de la
Universidad de Costa Rica
El envejecimiento poblacional como componente del ordenamiento territorial en la provincia de
Córdoba, Argentina
Carolina Mazzetti - Latini, Vanesa Crissi - Aloranti
InterSedes, N° 39. Vol 19. Enero-Julio (2018). ISSN 2215-2458
URL: https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/intersedes
DOI: https://doi.org/10.15517/isucr.v19i39
InterSedes Revista Electrónica de las Sedes Regionales, Universidad de Costa Rica, América Central.
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EL ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL COMO COMPONENTE DEL ORDENAMIENTO
TERRITORIAL EN LA PROVINCIA DE CÓRDOBA, ARGENTINA
POPULATION AGING AS A COMPONENT OF TERRITORIAL ORDERING IN THE PROVINCE OF CÓRDOBA,
ARGENTINA
CAROLINA MAZZETTI - LATINI1
VANESA CRISSI - ALORANTI2
Recibido: 27.08.17
Aprobado: 22.04.18
DOI: https://doi.org/10.15517/isucr.v19i39.34069
Resumen
Así como la vejez no es una etapa vital o patrón que determina a todos por igual, tampoco el territorio es
un sistema que prescribe escenarios homogéneos y estáticos. El objetivo es ofrecer una aproximación a
algunos aspectos de la relación dinámica entre el territorio y el envejecimiento poblacional haciendo
énfasis en los diferentes perfiles territoriales en la provincia de Córdoba, Argentina. Pensar en el
envejecimiento poblacional en el territorio implica no solo abordar la particularidad del reordenamiento y
la planificación territorial, sino también abordar la especificidad de la población envejecida.
Palabras claves: envejecimiento - adultos mayores - ordenamiento territorial - regiones
Abstract
Just as old age is not a vital stage or pattern that determines everyone equally, neither is the territory a
system that prescribes homogeneous and static stages. The objective is to offer an approximation to some
aspects of the dynamic relationship between the territory and the population aging emphasizing the
different territorial profiles in the province of Córdoba, Argentina. Thinking about population aging in the
territory implies not only addressing the particularity of the reordering and territorial planning, but also
addressing the specificity of the aging population.
Key words: aging - elderly people - territorial ordering - regions
Introducción
Considerando los vacíos en relación a un estudio integral, y en el afán de acercarnos a las
diferentes aristas que conforman el territorio desde una mirada amplia, se ofrecen algunas líneas de
reflexión en torno a la complejidad de abordar el envejecimiento poblacional como componente del
1 Argentina. Lic. en Comunicación Social. Becaria doctoral del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y
Sociedad (CIECS) dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la
Universidad Nacional de Córdoba (UNC) Correo: mazzetticarolina@gmail.com
2 Argentina. Lic. en Gestión Ambiental. Magister en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano. Becaria doctoral del
Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS) dependiente del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Docente
Universidad Siglo 21. Correo: vanecrissi@gmail.com
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ordenamiento territorial en términos generales para luego situarnos de manera particular en la provincia de
Córdoba, Argentina. Entendiendo que entre el territorio y el envejecimiento poblacional se teje una
relación dinámica de mutua reciprocidad, nos aproximaremos a los diferentes perfiles territoriales y al
envejecimiento poblacional. Así como la vejez no es una etapa vital o patrón que determina a todos por
igual, tampoco el territorio es un sistema que prescribe escenarios homogéneos y estáticos. Por ello, nos
proponemos mirar el territorio en función de las identidades poblaciones que lo constituyen, como así
también, focalizar en la problemática del envejecimiento de manera situada. En este marco, pensar la
diada del envejecimiento poblacional y el territorio desde la categoría de vulnerabilidad social (Busso,
2001) se fundamenta en tanto que esta noción surge de la interacción entre una constelación de factores
internos y externos que convergen en un individuo, hogar o comunidad particular en un tiempo y un
espacio determinado. Es decir, la relación dialéctica que se teje entre estos dos componentes carga de
sentido esta categoría. Por ello el grupo conformado por adultos mayores es considerado un grupo
vulnerable que debe ser priorizado por las políticas públicas en sus más amplias dimensiones.
Para situarnos en el territorio específico que nos atañe cabe mencionar que la provincia de
Córdoba (Figura 1) se ubica en la región centro de la República Argentina, con 165.321 km2 de extensión
y es considerada la quinta provincia más extensa del país, ocupando el 5,94% de su superficie total. Su
capital es la ciudad homónima. Según los datos del Censo Nacional 2010 registra una población de
3.308.876 habitantes. Siendo considerada la segunda provincia más poblada del país representa el 8,25%
de la población total; dato que refleja la tendencia decreciente en la participación poblacional de Córdoba
en el total nacional3. El 40% de la población está concentrada en la capital provincial, con 1.329.604 de
habitantes, convirtiéndola en la segunda aglomeración urbana del país después del Gran Buenos Aires
(Instituto Nacional de Estadística y Censos
2010). Del total poblacional de la Provincia,
513.334
habitantes son adultos mayores -distribuidos en todo el territorio-, es decir, personas que poseen 60 años o
más. Por otra parte, en relación a la organización política del territorio, este se conforma por
427
localidades, de las cuales 168 se encuentran dentro de la categoría de “comunas” (aquellas que registran
menos de 2.000 habitantes) y 259 en la categoría de “municipios” (localidades con más de 2.000
habitantes)4. Estas localidades forman parte de departamentos, denominándose comunidades regionales5.
Es decir, cada departamento representa una comunidad regional.
3 Dirección General de Estadística y Censos de la Provincia de Córdoba. Informe: Volumen, estructura y dinámica
poblacional de la provincia de Córdoba. Siglo XX e inicios del siglo XXI. Noviembre 2014.
4 Según la Ley Orgánica Municipal N° 8102/91.
5 Establecido por la Ley de Regionalización Provincial N° 9.206.
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Figura 1. Imagen satelital de la República Argentina
destacando la provincia de Córdoba.
Fuente: Instituto Geográfico Nacional (IGN). Elaboración ArcGIS
10.1 (imagen satelital ESRI).
Tomando como antecedente los datos del Área Infraestructura Regional del Gobierno de Córdoba,
la importancia del abordaje a escala provincial se debe a que, las realidades que presentan las localidades
(comunas y municipios) son muy disímiles en relación a la población, identidad local, necesidades y
problemas que presionan sobre territorios complejos. Así también se destaca que el crecimiento urbano
sostenido en el tiempo ha sido anárquico, sin control, con planificación y ordenamiento territorial
discontinuo, tomas de decisiones espasmódicas y una reducida o nula participación de las comunidades.
Este proceso ha generado en muchas localidades desequilibrios urbanos y ambientales, sectores con
riesgos para la población, lotes y construcciones en zonas no aptas, ocupación en zonas anegables,
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incompatibilidades de usos de suelos, asentamientos de sectores de menores recursos en condiciones de
hacinamiento, pobreza y riesgo ambiental-sanitario, con la consecuente exclusión social que conlleva. Por
ello, uno de los aspectos claves de este escenario radica en la identificación de la desarticulación entre los
municipios y las comunas ocasionando dinámicas regionales de pobreza6. Dichas dinámicas serían la
causa de que las regiones con dotaciones naturales similares tengan resultados diferentes en términos de
desarrollo.
El objetivo del artículo es proponer aristas problemáticas y líneas de discusión en materia de
envejecimiento y ordenamiento territorial, como marco para reconocer la población envejecida del
territorio cordobés, situando este aglomerado en los diferentes perfiles territoriales propuestos y
comprender las dimensiones asociadas. Para ello se abordan algunos enfoques teóricos sobre territorio y
envejecimiento, y la articulación entre la regionalización con datos censales de la provincia de Córdoba.
El análisis se aborda a partir de datos cualitativos y cuantitativos desde una revisión de antecedentes y
perspectivas teóricas en la temática. Luego para configurar el escenario en torno a la realidad poblacional
en la provincia de Córdoba, se confeccionaron datos estadísticos elaborados a partir del Censo Nacional
de Población 2010. La importancia de contar con esta fuente radica en que los censos suministran el
mayor caudal de información para conocer la evolución de la población en las diferentes jurisdicciones del
país. Por ello, a partir de variables significativas (edad, sexo y ubicación geográfica) se confeccionaron
gráficos ilustrativos para facilitar el análisis. En lo que respecta al territorio provincial, se toma la
clasificación regional propuesta por el Área Infraestructura Regional del Ministerio de Gobierno de la
Provincia de Córdoba según el relevamiento y diagnóstico realizado en las localidades entre 2012 y 2015.
Aunque dicha clasificación regional no ha sido publicada formalmente hasta la fecha por parte del
organismo, se considera oportuna su utilización debido a que toma en cuenta variables de infraestructura,
servicio, equipamiento y ambiente. Para favorecer la comprensión geográfica se presenta el mapa de
regionalización del territorio provincial. Cabe mencionar que para el cruce de los datos censales de
población con la regionalización territorial, se seleccionó la población de 60 años o más -la cual se
encuentra disponible organizada en departamentos- para luego reorganizar los grupos según la
regionalización propuesta y a partir de allí obtener los porcentajes para efectuar las comparaciones e
inferencias necesarias entre las regiones. Finalmente en el cierre se brindan interrogantes que amplían el
abordaje. Este estudio se origina a partir del entrecruzamiento de vertientes teóricas y empíricas, lo cual
pone en evidencia las limitaciones que se suceden en la aproximación a la realidad; dificultad que se
trasluce al volcar la teoría a la faceta empírica y reflexionar sobre los datos concretos a la luz de los
6 Conjuntos de factores articulados entre sí que determinan resultados desiguales en las políticas de reducción de la
pobreza en determinadas regiones.
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aportes teóricos. Por ello, sin perder de vista el diálogo teoría y realidad, proponemos un diagnóstico y
algunas líneas de acción que se desprenden de la situación-problema.
Territorio y envejecimiento poblacional
Para analizar el territorio es necesario conocerlo, describirlo, explicarlo, encontrar sus qué y sus
por qué, contar con una visión integral de sus singularidades, potencialidades, debilidades y la actitud de
la población que lo conforma. Indagar la manera en que se construye y reconfigura, la evolución de las
dinámicas territoriales y los vectores que la impulsan o limitan, los esquemas de gobernanza, los
conflictos territoriales, los nuevos estilos de liderazgo territorial, etc. De esta manera se fomentan mejores
condiciones para intervenir, gestionar y contribuir a su desarrollo y transformación. Ello funda la
importancia de comprender la idea de territorio entendido en un triple sentido: como fundamento de la
identidad individual y colectiva (identidad territorial); como escenario de las actividades cotidianas de la
población (dinámicas territoriales) y como ámbito para las políticas públicas (gobernanza territorial),
asumiendo el binomio mercado/democracia como elemento central para el desarrollo territorial (Revesz en
Asensio, 2011). Igualmente, el territorio también debe ser definido y delimitado a partir de las relaciones
de poder; por lo cual, no bastaría centrar el análisis en las características geológicas, morfológicas o
meteorológicas, ya que lo significativo es dar cuenta “quién domina o influencia y cómo domina o
influencia en ese espacio, dado que el territorio es esencialmente un instrumento de ejercicio del poder”
(Lópes de Souza en Manzanal, 2007: 35). Asimismo, en el afán de ahondar y complementar el abordaje,
también hacemos eco de la definición de Milton Santos (Bozzano, 2009, p. 94-95):
Un lugar de variada escala -micro, meso, macro- donde actores -públicos y privados, ciudadanos y otros-
ponen en marcha procesos complejos de interacción
-complementaria, contradictoria, conflictiva,
cooperativa, solidaria- entre sistemas de acciones y sistemas de objetos, constituidos éstos por un sinnúmero
de técnicas -híbridos, naturales y artificiales- e identificables según instancias de un proceso de organización
territorial en particulares acontecimientos -tiempo y espacio- y con diversos grados de inserción en la
relación local, meso y global. El territorio se redefine siempre.
Si bien los conceptos seleccionados ofrecen herramientas para el abordaje del ordenamiento
territorial, también varios autores centran sus análisis en el desarrollo enfatizando en la dimensión
económica y excluyendo o ignorando otras variables que también conforman el sistema territorial. Esto
ocasiona un significativo vacío en los procesos de integración que conforman la triada: análisis-
diagnóstico-propuestas. El ordenamiento territorial no es sólo una organización física de las actividades en
un territorio, sino que implica un abanico de propuestas para lograr un crecimiento planificado,
equilibrado y sustentable, incidiendo específicamente en el desarrollo ecológico, social y económico;
mejorando la calidad de vida y conservando los sistemas naturales propios de la zona. Este
abordaje
implica un universo complejo, integrado por múltiples elementos configurados con ciertos órdenes
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internos, y posibles de agrupar en sistemas diferentes. Un punto débil a destacar, es la desarticulación de
las distintas dimensiones avaladas por las políticas públicas. Sin perjuicio de ello, estas políticas tienden a
implementarse en localidades donde existen condiciones óptimas con altos potenciales (recursos humanos,
económicos, naturales, etc.) para generar desarrollo, excluyendo de esta manera a las comunidades más
vulnerables que manifiestan necesidades y problemas a resolver en el corto plazo. Esto se refleja en las
comunas de la provincia de Córdoba (localidades de menos de 2.000 habitantes) donde las políticas
públicas presentan un efecto más limitado, contribuyendo a procesos de marginalización cada vez más
acentuados. En este sentido, y en términos de Asensio (2011), es fundamental no perder de vista que no
existe una única ruta hacia el desarrollo, sino una diversidad de caminos determinados por la interacción
entre el contexto nacional y los contextos sociales, políticos, económicos de cada territorio (articulación
nacional-provincial/regional-local).
La articulación entre territorio y envejecimiento poblacional exige visualizar dos campos
temáticos dinámicos y fluctuantes, en permanente trasformación y con lógicas sui generis. Desafío que
también debe sostenerse al evitar igualar o equiparar las realidades urbanas a los entornos rurales, y
viceversa, tanto en sus dimensiones poblacionales como socio-territoriales. Es decir, si bien ciertos
patrones de época configuran estilos de vida y formas de sociabilidad propios de un momento histórico,
las maneras de habitar los territorios y las diversas formas de inserción comunitaria dan cuenta de micro
realidades que construyen escenarios diversos, imposibles de unificación. Por lo cual, pensar en un sujeto
envejecido de manera situada demandará ubicarlo en un mosaico único e irrepetible, aun aunque dicho
territorio comparta similitudes con otras formas de ordenamiento de la vida social. Entonces, si bien la
conjunción de intereses y recursos, materiales y simbólicos, dan cabida a diversos entramados y redes de
intercambio, participación e inserción social; paralelamente también se tejen prácticas segregativas que
provocan situaciones de marginalidad y estigmatización social. Por ello, es menester ampliar en el marco
de análisis las características y dinámicas contextuales propias, con el objetivo de concebir el
envejecimiento desde distintos paradigmas y niveles de agregación para posibilitar una mirada holística
desde el ordenamiento territorial.
Las profundas transformaciones socioculturales acompañadas por los raudos cambios
demográficos y epidemiológicos ocurridos a lo largo del siglo XX y parte del siglo XXI impactaron en las
sociedades en diferentes planos (Carbonetti y Celton, 2007; Blanco, 2011). Los datos demográficos
actuales demuestran que el envejecimiento poblacional es una tendencia global, es decir, un reto
demográfico de los países de la región (Huenchuan, 2004) que también tiene su correlato en Argentina.
Sin embargo, y retomando los aportes de Otero (2013) en comparación con otras etapas vitales, la vejez ha
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suscitado poca atención en la historia de la población latinoamericana debido al escaso peso proporcional
de los ancianos en los regímenes demográficos pretransicionales; por su menor visibilidad como grupo
social específico en las fuentes históricas; y porque no constituyeron hasta mediados del siglo XX un
grupo que exigiera respuestas del Estado como si ocurría con los niños y los jóvenes desde fines del siglo
XIX a través de las múltiples dimensiones englobadas en la
“cuestión social”
(trabajo infantil,
criminalidad urbana, etc.). No obstante, en la actualidad es un fenómeno que acarrea enormes
transformaciones en los diferentes grupos poblacionales y ámbitos sociales. Repercute en las familias, en
la cultura, economías y mercado de trabajo, en la accesibilidad de las ciudades, en los sistemas políticos,
en los patrones de consumo, etc. (OISS, 2013). Nunca antes la humanidad ha vivido el extraordinario
fenómeno de un envejecimiento poblacional de semejantes características porque además de ser global,
también es multigeneracional (Dabove, 2008).
En América Latina, Argentina es uno de los países más envejecidos junto con Chile, aunque
pronto será superada por Brasil. Para el año 2050 se prevé que 1 de cada 5 argentinos tendrá más de 64
años y, con algo más de 50 millones de habitantes, nuestra población mayor será de casi 10 millones de
personas (Regazzoni, 2010). La magnitud de su impacto afecta no sólo al adulto mayor sino a toda la
sociedad en general. Ello se traduce en un intenso reclamo de información acerca de la experiencia de
envejecer, y de cómo abordar los cambios y pérdidas a que se enfrenta el individuo durante esta etapa de
su vida (Sánchez Salgado, 2000). De allí la imperiosa necesidad de aproximarnos a un enfoque integral
del proceso de envejecimiento como componente dinámico y estratégico en la configuración de las
políticas públicas de índole socio-territorial. Sin embargo, el contenido peyorativo y deficitario que
sostienen algunas definiciones en torno a la vejez es uno de los tantos componentes que obstruye la
posibilidad de un envejecimiento venerable y deseado -individual y colectivo-. En este sentido, considerar
el envejecimiento como mera declinación o merma de facultades no refleja la complejidad de los distintos
planos que configuran el proceso de evolución continua, entendida como cambios y adaptaciones a nuevas
situaciones (Díaz Casanova, 2004). Se trata de un fenómeno que provoca intensas modificaciones en las
estructuras sociales, económicas y culturales y que requiere fomentar nuevos modos de percepción y
valoración, desactivando la identificación de la vejez con la enfermedad e incapacidad. Cualquier abordaje
sobre la vejez requiere indefectiblemente la consideración que hace la sociedad de esta etapa vital
entendiendo que la integración de los aspectos sociales en la concepción de la vejez, deben situarse en el
mismo nivel de importancia que los aspectos biológicos o psicológicos (Ramos Esquivel et al, 2009).
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2015) define al envejecimiento como una serie de
procesos biológicos, psicológicos y sociales, profundamente interdependientes, que se desarrollan a lo
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largo de toda la vida desde la concepción hasta la muerte. Es decir, se trata de cambios continuos,
complejos, universales pero no homogéneos, por lo tanto no son lineales ni uniformes, e incluso son
variables y aleatorios7. Consiste en un proceso de diferenciación e individualización que, debido a la
creciente esperanza de vida, se diversifica no solo por las edades sino principalmente por las capacidades
funcionales, expectativas, necesidades y otras condiciones vitales (Díaz Casanova, 2004).
No es una novedad que el problema del déficit social hacia las personas mayores está atravesado
por múltiples aristas. Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) las diferencias
significativas en las condiciones de vida entre las personas mayores más jóvenes y las personas mayores
más viejas refieren principalmente a la capacidad de subsistencia y en la atención de la salud. Inclusive,
desagregando entre varones y mujeres, se suman los recursos psicológicos y las capacidades sociales que
se ponen en juego. Las investigaciones dan cuenta que el proceso de envejecimiento no es uniforme,
lineal, ni homogéneo. Como menciona Oddone,8 aunque es posible encontrar cierta regularidad dentro de
la heterogeneidad, el aumento de esta última se debe en gran parte a los diversos procesos sociales que
generan desigualdad. Por ello, evidenciar la diversidad del envejecimiento requiere profundizar en las
estructuras fundamentales que organizan la vida social en un sistema jerárquico, para identificar las
formas de regulación mediante las cuales se sostienen las diferencias en la sociedad moderna.
La provincia de Córdoba
Así como el territorio nacional se caracteriza por sus heterogeneidades e inequidades en materia
de envejecimiento poblacional, al interior de la provincia de Córdoba los escenarios se particularizan aún
más. El envejecimiento constituye un componente complejo que atraviesa el territorio y colabora en su
configuración de manera dinámica. En la provincia de Córdoba se registran 513.334 adultos mayores
(poseen 60 años o más) lo cual representa el 13% de la población de la Provincia (ver Gráfico 1). De este
porcentaje, se desprende que casi el 40% vive en la capital provincial (ver Gráfico 2).
7 Informe mundial sobre el envejecimiento y la salud, 2015.
8 En el informe: Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores. Hacia una Argentina para todas las edades.
Pág. 57.
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Gráfico 1. Porcentaje de adultos mayores en la provincia de Córdoba
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo Nacional de Población
2010.
Gráfico 2. Comparación de adultos mayores distribuidos entre
la capital y el resto del territorio provincial
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo Nacional de
Población 2010.
Por otra parte, en lo que respecta al motor de desarrollo que genera el crecimiento económico de
determinadas zonas, con distribución del ingreso o con mejoras de las condiciones sociales, el concepto de
perfil territorial (Arroyo, 2009) se articula adecuadamente con la reconfiguración territorial elaborada por
el Área Infraestructura Regional, Ministerio de Gobierno de la Provincia de Córdoba, 2012-2015, la cual
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está organizada en cuatro regiones (ver Figura 2). A partir de dicha regionalización se identificaron los
siguientes perfiles territoriales, según las principales actividades económicas detectadas en el territorio
provincial: región árida, actividad agrícola-ganadero, con mayor tendencia al ganadero; región serrana,
actividad turística, región de llanura, actividad agrícola-comercial; y región medanosa, actividad agrícola
y sector público. Cabe mencionar, a su vez, que las dinámicas territoriales en el interior de cada región son
heterogéneas dado que coexisten zonas rurales y zonas urbanas -de localidades pequeñas- con identidades
particulares que hacen a la configuración de los perfiles territoriales.
Figura 2. Regionalización de la provincia de Córdoba. Área Infraestructura
Regional, Ministerio de Gobierno de la Provincia de Córdoba, 2012-2015
Fuente: Elaboración propia a partir del mapa elaborado por la Dirección General de
Estadísticas y Censo, Gobierno de la Provincia de Córdoba, 2014.
A partir del cruce de los datos de la población adulta mayor con la regionalización territorial, se
desprende que la región de llanura y la región serrana poseen casi la totalidad de la población adulta
mayor, registrando un 37,31% la primera y un 55,89% la segunda, lo que hace un total de 93,2%. Con lo
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cual los extremos del territorio (ver Figura 2), es decir, las zonas alejadas de la capital provincial (incluída
en la región serrana) que se corresponden con la región árida (4,37%) y la región medanosa (2,42%) de la
Provincia, apenas agrupan casi el 7% de los adultos mayores (ver Gráfico 3). Es importante destacar que
tanto la región medanosa como la region árida, se encuentran más alejadas de los principales centros
urbanos. Si bien ambas regiones están caracterizadas por la actividad agrícola, poseen características
productivas y necesidades que las diferencian. En la región árida se relevaron9 los siguientes porcentajes
en materia de necesidades: construcción y/o refacción de edificios públicos 21%; agua potable 19%;
compactación de calles y pavimentación 19%; alumbrado público 13%; construcción de viviendas 13%;
adquisición de vehículos 9%; remodelación y forestación de espacios públicos 6%. Mientras que en la
región medanosa los porcentajes relevados10 fueron: construcción y/o refacción de edificios públicos 25%;
agua potable 20%; compactación de calles y pavimentación 25%; alumbrado público 15%; construcción
de viviendas 5%; adquisición de vehículos 5%; fuentes de trabajo 5%. Esto evidencia en parte que los
relevamientos de los organismos estatales tienden a priorizar criterios que aspiran a una solución en el
corto plazo y no incluyen la percepción territorial de los ciudadanos. Es decir, los esquemas de
gobernanza están diseñados desde una proyección acotada, atravezados por el ejercicio del poder y los
propios intereses de las autoridades de aplicación.
Gráfico 3. Cantidad de adultos mayores distribuidos en las cuatro regiones de la
provincia de Córdoba
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo Nacional de Población 2010 y de la
clasificación regional propuesta por el Área Infraestructura Regional del Ministerio de Gobierno
y Seguridad de la Provincia de Córdoba.
La alta concentración de población envejecida en los sectores centro, oeste y este del territorio
provincial se debe en parte a ciertas características en las variables naturales, económicas, educativas y
culturales que tienden a favorecer procesos migratorios. Por ejemplo, en la región serrana existe un alto
porcentaje de ciudadanos no oriundos del lugar que, en búsqueda de un mayor contacto con la naturaleza y
9 Por el Área Infraestructura Regional del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Córdoba.
10 Por el Área Infraestructura Regional del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Córdoba.
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un cambio del estilo de vida, deciden trasladarse desde otras provincias para instalarse
-de manera
individual o con sus familias- a comunidades serranas cercanas a ciudades que cuentan con infraestructura
y servicios básicos. Tal como evidencian los datos del Censo Provincial 2008, el proceso migratorio en
Córdoba se destaca más por la presencia de movilidad poblacional a nivel interno (población nacida en
otra provincia) que internacional (población nacida en otro país); siendo del 12,3% la movilidad interna de
la población. Los mismos datos censales confirman que la forma de la pirámide de población de los
migrantes no sólo dan cuenta de una población migrante envejecida, sino de una importante concentración
de población en edades activas. Este escenario también se visualiza en la región de llanura, el cual refleja
con mayor frecuencia el traslado de las generaciones más jóvenes en busca de nuevos horizontes laborales
y/o de formación, dado que -después de Córdoba Capital, ubicada en la región serrana- la región de
llanura contiene las principales ciudades como San Francisco, Villa María y Río Cuarto. Esto conlleva a
que dichas localidades concentren mayor población generando al mismo tiempo una disminución
demográfica en los poblados más pequeños; debido a que en esta región la presencia de municipios, en
tanto importantes motores agroexportadores, imprime una fuerza regional específica, mientras que las
comunas tienden a fomentar más la producción de subsistencia y en algunos casos para el mercado
interno.
Merece una mención el fenómeno de la feminización de la vejez que se destaca en las cuatro regiones
de la Provincia (ver Gráfico 4). Si bien la región serrana y la región de llanura contienen la mayor
cantidad de población envejecida con respecto a la región árida y medanosa, la mayoría de mujeres se
concentra en la región serrana, lo cual representa un 59% por sobre el 41% compuesto por varones. En
comparación, en la región de llanura la diferencia porcentual entre mujeres y varones es levemente menor
aunque también se sostiene, siendo el 57% de mujeres sobre el 43% de varones. Al investigar el
envejecimiento poblacional de la provincia de Córdoba, Peláez (2004) señala que la mayor viudez
femenina alcanza a más de la mitad de las adultas mayores y a las tres cuartas partes de las mayores de 80
años, contra menos de un 15 % entre los hombres mayores, y 31 % entre los mayores de 80; cuya causa se
debe a la mayor expectativa de vida de las mujeres, a causa de la sobremortalidad masculina.
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Gráfico 4. Cantidad de mujeres y varones adultos mayores distribuidos en las cuatro
regiones de la provincia de Córdoba
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo Nacional de Población 2010 y de
la clasificación regional propuesta por el Área Infraestructura Regional del Ministerio de
Gobierno de la Provincia de Córdoba.
Enmarcado en el contexto de América Latina, las investigaciones dan cuenta de la desigual
distribución del envejecimiento de la población a distintas escalas, configurando un modelo polarizado
basado en la concentración urbana y la dispersión rural
(Sánchez González,
2015). Corresponde
mencionar el antecedente de los dos modelos de localización urbana planificada de los adultos mayores,
en donde la idiosincrasia argentina se acerca más al modelo europeo. Lo que se conoce como
"envejecimiento en el lugar"
(ageing in place), que se refleja en Europa, se caracteriza por un
envejecimiento en el propio hogar, contando con nodos de servicios intercalados con la trama urbana,
funcionando en red y de fácil acceso. A diferencia de la modalidad americana donde las tipologías de
servicios se concentran en barrios de adultos mayores (Frank en Peláez, 2006). Huenchuan (2004)
reflexiona que la sociedad y sus instituciones, en términos estructurales e ideológicos, aún no se han
adaptado a la nueva composición por edades de la población, y continúan funcionando sobre la base de un
imaginario asentado en la juventud. Con lo cual, por el solo hecho de pertenecer al grupo etario de 60 años
y más cualquier persona está expuesta a sufrir situaciones de pobreza, invisibilidad o fragilización. Por
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ello, el carácter anticipatorio de las mediciones sobre vulnerabilidad social y natural es incentivo básico
para profundizar en la operativización del concepto y puede decirse que la generación de información, y
más aún de conocimiento, es una variable clave para reducir los niveles de vulnerabilidad y mejorar los
niveles de seguridad ciudadana (Busso, 2001, p.23).
Sin desconocer el carácter multifacético de esta categoría, el colectivo de los adultos mayores es
definido como grupo vulnerable, entendiendo por esto a aquellos que tienen mayor probabilidad de riesgos
ya sea por carencias físicas (recursos materiales y económicos esenciales para el bienestar), sociales
(contactos, redes de reciprocidad y acceso a información) o humanas (trabajo, salud, educación) (Peláez,
2006). Por lo tanto, el manejo social del riesgo exige imperiosamente la implementación de una batería
articulada de medidas de protección social que se anticipen al envejecimiento poblacional para afrontar las
diversas situaciones de vulnerabilidad que se despliegan en paralelo. Dado que el envejecimiento
demográfico adquiere características específicas al entrelazarse a los procesos de urbanización, ambas
tendencias fueron el fundamento originario de la Red Mundial de Ciudades Amigables con las Personas
Mayores11 propuesto por la OMS en 2005. En el caso de Argentina sólo la ciudad de La Plata -capital de
la provincia de Buenos Aires- asumió el compromiso de aplicar el protocolo. Más allá de que las ciudades
adherentes aplicaron acciones de diferentes niveles de desarrollo, se podría argumentar que en parte la
trascendencia del proyecto se fundamenta en el involucramiento e inclusión del colectivo de adultos
mayores en las decisiones estratégicas y, de manera análoga, el sostenimiento de una concepción activa y
optimista sobre este grupo específico. Indudablemente, no es lo mismo concebir a un sujeto envejecido
como individuo al que hay que "cuidar" en clave de tutelaje, inhibiendo su autonomía, que como sujeto
protagonista de su propio proceso de envejecimiento que requiere de apoyos institucionales y entornos
amigables que contribuyan a su autonomía. Por ello, dependiendo de cómo se piense al adulto mayor y del
grado de participación que otorguen los liderazgos y esquemas gubernamentales, será el carácter político y
la visión ideológica de las iniciativas que los territorios resuelvan ejecutar.
11 También conocida como Age Friendly Cities (AFC). El proyecto propuesto por la Organización Mundial de la
Salud, fue presentado en el XVIII Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría
realizado en Río de Janeiro en 2005, al cual adscribieron 35 ciudades de 22 países de los 5 continentes. La iniciativa
consiste en la aplicación de un protocolo que establece una metodología de investigación-acción, es decir, una
investigación cualitativa de la que se obtiene un diagnóstico de la ciudad y se recaba la opinión de las personas para
luego intervenir en las áreas mediante foros de participación ciudadana.
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Cierre
En un mundo complejo con sociedades cada vez más envejecidas, los territorios reclaman políticas
públicas focalizadas y articuladas entre los distintos niveles de impacto. Urgen estrategias innovadoras de
escala local, regional y nacional, que contemplen las realidades colectivas propias de los territorios con
miras a evitar solapamientos y concretar resultados integrales y duraderos. Estrategias que se orienten a
reducir los niveles de vulnerabilidad económica, social, política y cultural a los que están expuestos los
territorios, diseñando políticas que incluyan acuerdos cooperativos y sinérgicos con otros territorios para
fortalecer las capacidades endógenas, y de esta manera dar respuesta a las variaciones del entorno (Busso,
2001). Es factible generar transformaciones concretas a nivel regional implementando la gestión
estratégica de desarrollo local, es decir, trabajando en los instrumentos endógenos tales como: la
participación ciudadana, el desarrollo de las organizaciones, el fortalecimiento de las instituciones, la
utilización de recursos locales
(naturales, materiales, simbólicos, etc.) entre otros. Las capacidades
endógenas constituyen uno de los principales potenciales del desarrollo local, ya que son los recursos con
los que cuenta cada territorio. Sin embargo el desafío se presenta en la concreción de las expectativas, que
aspiran a explotar dichas capacidades endógenas, a raíz de diversos motivos que dificultan el desarrollo de
ese potencial como la ausencia de motivación, mínimos incentivos, reducidos salarios, intereses opuestos,
disputas por el ejercicio de poder, entre otros aspectos. La clave está en verificar cómo se interpreta el
desarrollo y cómo se articula con el proceso de envejecimiento poblacional, contribuyendo a mejorar el
bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos. Sostener una concepción que valora y prioriza el rol del
adulto mayor contribuye a revertir aquellos paradigmas que lo sitúan en una posición de pasividad o
inactividad.
Es importante resaltar en este abordaje complejo, que la esfera económica desempeña un rol
preponderante, pero no es la única que hace al funcionamiento del sistema territorial. Por lo que los
antecedentes (Gómez Orea, 2015; Madoery, 2007) demuestran que el enfoque económico no puede
soslayarse, pero tampoco puede encabezar individualmente las decisiones o convertirse en amenaza.
Corresponde regularlo de manera permanente a partir de los intereses de toda la población en su conjunto,
ofreciendo respuestas a las necesidades de los diversos grupos de la estructura social. Para que
efectivamente pueda estar al servicio de la población, se requiere de un sistema económico dinámico que
contemple las proyecciones demográficas y se entrelace con el resto de los sistemas territoriales que
atraviesan el espacio. Sin embargo, en las sociedades capitalistas occidentales con sede en la ciudad -
escenario de lo social por excelencia- las biografías y, por tanto, la vejez como parte de éstas, se
construyen en función del proceso productivo del estado mercantil (Méndez Gallo, 2007). Con lo cual, la
sociedad pondera la productividad como valor hegemónico. Las altas exigencias de actualización y de
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actividad para las personas mayores proyectan sobre la vejez, la productividad como valor social estelar
de las relaciones capitalistas (Urbano y Yuni, 2011). Por ello, relativizar la "faceta improductiva" de la
vejez implica cuestionar el excesivo peso de la visión productivista en todos los planos sociales. Como el
proceso de envejecimiento está influido por múltiples factores enraizados en el contexto genético, social e
histórico de la evolución humana, una variable clave para avanzar es la identificación de la información
que manejan los individuos, hogares y comunidades expuestos a algún tipo de riesgo (Busso, 2001).
Razón por la cual la naturaleza de la información disponible debe orientarse a fomentar la autovalía y la
autonomía personal sin dejar de contemplar los diversos perfiles que conforman al sujeto adulto mayor.
Sin embargo, en el devenir cotidiano lo alarmante de la procastinación incide en la erosión provocada al
potencial corporizado de los individuos y las comunidades para revertir los escenarios vulnerables. Por
ello, apremia el diseño e implementación de estrategias que ofrezcan información adecuada y específica
como instrumento para la redefinición de los proyectos vitales y de la re-estructuración de los servicios y
ámbitos institucionales. Paralelamente, para que esto pueda plasmarse en los territorios también se
requiere de la generación de un escenario socioeconómico y político que propicie la equidad, la igualdad
de oportunidades y el desarrollo de las potencialidades individuales y colectivas para prevenir los riesgos.
Con lo cual, es clave relevar las necesidades y los problemas de la población envejecida para reducir las
condiciones de vulnerabilidad y disminuir los efectos negativos en los colectivos ya vulnerados. Por lo
tanto,
en términos de políticas locales se presenta el desafío de generar ingresos adecuados a lo largo del
ciclo de vida familiar, bajo el imperativo de satisfacer necesidades crecientes, continuas y diversas
de forma equitativa, ambientalmente sustentable y respetuosas de las identidades culturales (Busso,
2001, p.29).
Considerar la etapa de envejecimiento en el abordaje territorial contribuye a crear capital humano en
la ancianidad. Como este proceso ocurre a lo largo de distintas cohortes de edad, no incide únicamente en
las personas mayores sino que configura un fenómeno multigeneracional del cual, a nuestro entender,
existe escasa conciencia social. Posiblemente si en el desarrollo de las comunidades locales se fomentaran
relaciones intergeneracionales, esto se configuraría como un potencial de las capacidades endógenas de
los territorios. Por ello, y en tanto disparador para profundizar la reflexión en torno al proceso de
envejecimiento de manera situada, nos preguntamos: ¿Qué significa envejecer en el territorio? ¿Qué
ofrece el territorio a la población envejecida? a su vez,
¿Qué concepciones de vejez, explícitas e
implícitas, se sostienen en las comunidades? ¿Qué nociones de territorio se disputan y por parte de
quienes? y asimismo ¿Cómo integrar las potencialidades de los distintos colectivos poblacionales a las
dinámicas territoriales? Dado que no existe un único camino para el abordaje y la intervención,
entendemos que estos interrogantes problematizan de manera holística y sistémica aún más la temática;
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sin que por ello se pretenda reducir u homologar la implementación de las estrategias del ordenamiento
territorial a las propias lógicas demográficas, simbólicas y culturales del envejecimiento poblacional.
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