Roberto Vargas Muñoz

La tiranía del tiempo en la sociedad capitalista. Moishe Postone y la dominación temporal abstracta del capital

Resumen: El artículo identifica y comenta algunas de las principales tesis de Moishe Postone sobre la crítica del marxismo tradicional y la crítica del capitalismo como modo de vida social moderno a partir de su reinterpretación del Marx tardío. Consecutivamente indaga en las conceptualizaciones de la crítica inmanente, la dominación abstracta y el tiempo abstracto. Para concluir, describe algunas de las críticas relevantes al autor y plantea dos consideraciones acerca del concepto de tiempo abstracto.

Palabras claves: Tiempo abstracto, dominación abstracta, crítica inmanente, capital

Abstract: The article identifies and discusses some of Moishe Postone’s main theses on the critique of traditional Marxism and the critique of capitalism as a modern mode of social life through his reinterpretation of late Marx. He then explores the conceptualisations of immanent critique, abstract domination and abstract time. To conclude, he describes some of the relevant criticisms of the author and raises two considerations about the concept of abstract time.

Keywords: Abstract time, abstract domination, immanent critique, capital

I. Introducción

Mark Fisher (2016), entre sus múltiples sentencias, sostuvo que “la tradición pierde sentido una vez que nada la desafía o modifica” (p. 24). Esta afirmación bien vale para el marxismo y la teoría crítica y su relación con Marx, a pesar que en Realismo Capitalista Fisher se refiere a la perdida de «imaginación política» en el contexto posfordista. Si el marxismo, como sostiene Roberto Fineschi (2020), es el intento de aplicar a Marx con “una finalidad política, con miras principalmente a la superación del modo de producción capitalista y a la instauración de la sociedad comunista (p. 29), podríamos decir que una buena parte del marxismo del siglo XX empleó las categorías marxianas en base a tesis políticas e históricamente determinadas, tales como la oposición estado-mercado, la crítica del mercado y la propiedad privada, la defensa y liberación del proletariado, el redistribucionismo, la lucha de clases y un largo etcétera.

En los sesenta y setenta con Henri Lefebvre, e inclusive antes, con David Riazanov o Isaac Rubin en los años veinte, o con los desarrollos teóricos de la Escuela de Frankfurt en los años treinta, identificamos solo algunos de los notables intentos por reinterpretar a Marx a contrapelo de lecturas políticas y epistemológicas que rápidamente se hicieron canónicas en la primera parte del siglo pasado. Posteriormente Ernest Mandel y Fredric Jameson -entre otros- elaboraron, a pesar de su diferencia disciplinar, un uso común respecto del concepto de capital derivado del Marx tardío, ya sea para una interpretación de las ondas largas o del problema de la representación, respectivamente; hoy ambas lecturas imprescindibles y han supuesto una modificación y ampliación temática de la tradición abierta por el marxismo occidental.

Este ejercicio de reinterpretación y muchísimos otros que desafían la tradición, pero en este caso, la obra del propio Marx y del marxismo, no responde solo a una relectura de una determinada época, que por cierto lo es, sino que refiere a un fenómeno aún más complejo que dice relación con el objetivo de la obra tardía de Marx: aprehender la ley ciega que gobierna la moderna sociedad burguesa. En efecto, un autor se convierte en un clásico en tanto puede una y otra vez ser reinterpretado en una época y contexto que siempre lo redefine, abriendo nuevos surcos, volviéndolo vigente y actualizable aunque no en todos sus sentidos, como sostuvo Sacristán (2003). Desafiar hoy la tradición o modificarla, y en este caso, la producción teórica del Marx tardío, se presenta como un (nuevo) intento por repensar las determinaciones conceptuales y laberintos categoriales de los Grundrisse y del Capital, si bien desde una determinación históricamente especifica e impostergable, el capitalismo tardío, pero bajo un presupuesto básico, a saber, que solo es posible conceptualizar el capital si se lo trasciende en tanto patrón histórico de acumulación y es proyectado desde la lógica general y abstracta que lo caracteriza.

En efecto, Moishe Postone ha sido uno de esos autores que en su reinterpretación de la producción teórica tardía de Marx, propuso una lectura que no solo critica los supuestos fundamentales de lo que tempranamente denominó marxismo tradicional (1978), sino que además estableció los lineamientos fundamentales para una lectura de Marx y del capitalismo, con especial énfasis en las categorías mercancía, trabajo, dinero y capital -de los Grundrisse y del Tomo I del Capital- como formas sociales objetivas y subjetivas de mediación social capaces de aprehender la dinámica del capital independiente de los ciclos históricos que adoptó entre el siglo XIX y el siglo XX (Postone, 2006a).

En este artículo se propone identificar y comentar algunas de las principales tesis de Postone sobre las características de la crítica del marxismo tradicional y la crítica del capitalismo como modo de vida social moderno a partir de su reinterpretación del Marx tardío en Tiempo, trabajo y dominación social. Una interpretación de la teoría crítica de Marx. Consecutivamente se indaga en las conceptualizaciones de la crítica inmanente, la dominación abstracta y del tiempo abstracto. Para concluir se describen algunas de las criticas relevantes al autor y se plantean dos consideraciones acerca del concepto tiempo abstracto.

II. Lineamientos generales de la crítica del marxismo tradicional y de las categorías históricamente específicas del Marx maduro

Luego de su licenciatura en Bioquímica y una maestría en la Universidad de Chicago donde investigó la historia moderna europea, Postone se doctoró (1983) por la Universidad Johann Wolfgang Goethe (Frankfurt) cuyo resultado fue Tiempo, trabajo y dominación social, obra en la que discute las interpretaciones del marxismo tradicional y propone una relectura del Marx maduro desde las categorías centrales de la crítica de la economía política desarrolladas en los Grundrisse y en El capital.

Postone (2006a) examina y cuestiona el marxismo cuya atención se inclina a subrayar una crítica de los modos de distribución, del mercado y la propiedad privada que culmina en una crítica de la categoría de explotación y no en una crítica de las condiciones de posibilidad que organizan la estructura interna del capitalismo. En consecuencia este paradigma habría caído -al menos formalmente- en el mismo problema del posestructuralismo: identificar (por lo tanto, confundir) la crítica de una configuración específicamente histórica del capitalismo con la esencia de la formación social capitalista. Si bien algunos de estos análisis del marxismo tradicional pudieron haber sido plausibles respecto del liberalismo del siglo XIX, no lo fueron respecto del fordismo, ni del capitalismo global contemporáneo (p. 35).

Como los patrones históricos de acumulación están enraizados en la dinámica del capital e implican una suerte de constricción o necesidad histórica es preciso comprenderlos como “formas históricamente específicas de heteronomías” (2006b) del capital. Postone, sostuvo que el marxismo y la izquierda en general equivocan el rumbo cuando critican al capitalismo en términos de una dominación concreta en detrimento de un análisis de la dominación abstracta del capital como veremos más adelante.

Postone distingue (2006a) entre una crítica del capitalismo “desde” el punto de vista del trabajo y una crítica “del” trabajo en el capitalismo. El primer tipo de análisis lo denominó “transhistórico” ya que interpretaría el trabajo como el “principio social y fuente de la riqueza en todas las sociedades” (p. 47). Este tipo de critica fundada en el trabajo habría sido uno de los supuestos fundamentales del “marxismo tradicional”. György Lukács, si bien en muchos aspectos habría superado este marxismo, no escapó de sus presupuestos básicos ya que habría analizado la sociedad como una totalidad constituida por el trabajo (p. 126) donde las relaciones sociales de la formación social capitalista “fragmentan, ocultan e impiden su autorrealización” (p. 132). Siguiendo este razonamiento lógico, Postone sostiene que el marxismo tradicional deriva la negación histórica del capitalismo en una “realización” (afirmación) del trabajo y no en su “abolición” (negación). De esta manera, el paraguas categorial transhistórico de este marxismo creería que el futuro postcapitalista conllevaría la realización del proletariado industrial y del trabajo.

Este marxismo “tradicional” no refiere a ninguna tendencia especifica al interior del mismo, pero sí sostiene un punto en común que permitiría aprehenderlo: “una visión positiva del trabajo industrial” (Postone, 2007, p. 36). Según Postone (2005), construyen un análisis basado en “relaciones de clase estructuradas por una economía de mercado y por la propiedad y el control privado de los medios de producción, y entienden las relaciones de dominación fundamentalmente en términos de dominación y explotación de clase” (p.253). En consecuencia, este capitalismo hipostasiado sería caracterizado por una dinámica histórica conducida por el conflicto entre clases, la competencia o el desarrollo tecnológico, fundamento de la “contradicción capitalista” que el marxismo tradicional identifica entre la propiedad privada-mercado y las fuerzas productivas (modo industrial de producción).

El socialismo real habría bebido del marxismo tradicional al identificarse con una sociedad donde la propiedad de los medios de producción sería estatal, colectiva y con la garantía de una planificación centralizada gracias a una distribución justa y consciente. Estas características hacen del marxismo tradicional un anacronismo (Postone, 2007, p.37) para fundamentar una teoría de la emancipación, por un lado, por ser es incapaz de desprenderse del socialismo real y construir una crítica adecuada de una experiencia fracasada; y por otro lado, por ser incapaz de comprender la insatisfacción social en las sociedades industriales avanzadas, además de una ciega creencia en el progreso y el crecimiento. A pesar de estos problemas, el marxismo tradicional habría tenido herramientas categoriales para analizar el liberalismo tardío como una forma de dominación abstracta e impersonal, sin embargo, no habría logrado comprender el contexto histórico y el carácter global respecto del cual la lógica del capital se realiza en cada ciclo. En definitiva, fue incapaz de elaborar una crítica política.

Si bien la lectura de Postone (2006a) corresponde a una reinterpretación de la obra de Marx y de una crítica del marxismo tradicional, su ejercicio analítico, según sus propias palabras, va tras una reconceptualización del capitalismo:

“mi reinterpretación de las categorías básicas de Marx funda una reconceptualización de la naturaleza del capitalismo y, en particular, de su dinámica contradictoria, de manera tal que no privilegia las consideraciones del mercado y la propiedad privada de los medios de producción” (p. 374).

Si en Postone, ni el mercado ni la propiedad privada define al capitalismo, en consecuencia el punto de vista de la crítica del capitalismo no puede reducirse a la producción industrial o al proletariado. Según Postone (2007), Marx desarrolla una “critica de la sociedad moderna en sí misma” (p. 64) de su naturaleza, que no se corresponde con “una fase evolutiva hacia la cual se dirigen todas las sociedades”, más bien, se trata de “un modo específico de vida social que se originó en Europa occidental y que se ha transformado en un sistema global complejo” (Postone, 2006a, p. 44). Para poder dar cuenta del capitalismo se debe hacer un ejercicio de alta abstracción lógica que permita conceptualizar los aspectos más básicos de la moderna sociedad burguesa más allá de las configuraciones históricas específicas que Postone identifica como capitalismo liberal (siglo XIX), estatista/fordista (siglo XX), posfordista/postmoderno (desde finales siglo XXI).

Como ha sido señalado previamente el concepto de trabajo es fundamental en Postone. Contrario al uso categorial desplegado por el “marxismo tradicional” el trabajo, lejos de ser un concepto transhistórico e históricamente determinado por la lógica del capital en la modernidad es caracterizado por ser una actividad productiva y mediadora (Postone, 2006a, p. 373). Esta tesis estaría justificada a partir de una interpretación de las categorías del “Marx maduro” de los Grundrisse y del Capital que hacen referencia a “relaciones sociales históricamente específicas” y por lo tanto, no pueden ser ni materiales ni transhistóricas como sostuvo el marxismo tradicional. Estas relaciones sociales no se deben identificar inmediatamente con relaciones de clases puesto que son “formas cuasi-objetivas de mediación social” (Postone, 2007, p. 63-64), más bien, están constituidas por prácticas sociales determinadas que ejercen una constricción y necesidad de un modo abstracto y estructural sobre los actores que realizan esas prácticas (2006b).

Según Postone (2007), los análisis de Marx sobre la forma mercancía y el capital constituyen una teoría de una clase de mediación abstracta, histórica y por tanto específica, que refiere a determinadas relaciones sociales medidas por el trabajo, ya sea correspondientes a las relaciones sujeto/objeto de los humanos y la naturaleza, ya sea correspondiente a relaciones entre personas (p. 67). Siguiendo los Grundrisse, Postone (2006a) sostiene que trabajo y capital no son antagónicos y que el trabajo abstracto -que no debe confundirse con el trabajo asalariado- constituye “una función social” y su producto, el valor, es una “mediación socialmente total”, que vuelve a los individuos modernos en interdependientes no solo por su lugar en la división del trabajo como productores directos, es decir, no solo en tanto desarrollan un trabajo concreto cuyo producto es un valor de uso, más bien, se trata de una interdependencia con base en una abstracción de las especifidades materiales y particulares de la producción, es decir, una abstracción producida por el trabajo abstracto condición para el vínculo social moderno de los individuos en tanto que productores de valor. Sin embargo, la moderna sociedad burguesa no puede ser interpretada a partir de una escisión entre lo concreto y lo abstracto, ya que lo que se encuentra “caracterizada por la totalizadora dualidad antinómica de lo concreto y lo abstracto, lo particular y lo homogéneamente general” (Postone, 2006a, p. 218).

Al profundizar políticamente en esta tesis, consecuentemente, la crítica marxista no debiese concentrar sus esfuerzos, según Postone, ni en la circulación ni en la distribución, es decir, ni en el mercado ni en la propiedad privada o el plusvalor como lo hizo el “marxismo tradicional” y por lo tanto, debiese repensar “la posible abolición del proletariado y la organización de la producción basada en el trabajo proletario, así como del sistema dinámico de compulsiones abstractas constituidas por el trabajo en tanto que actividad socialmente mediadora” (Postone, 2007, p. 43).

III. Hacia una crítica inmanente de la dominación abstracta del capital

Podríamos decir que la crítica inmanente confronta la realidad [Wirklichkeit] con los principios con los que se articula a sí misma como sociedad burguesa, en tal sentido, la crítica se construye en virtud de los principios que la misma realidad sostiene y realiza como socialmente válidos (Adorno, 1977, 2008; Marcuse, 1984; Marx, 1945, 1962; Postone, 2006; Renault (1995), Martínez Marzoa, 2018; Sthal, 2013; Jaeggi, 2009, 2014; Honneth, 2014, 2015, 2017; Zamora, 2011). Según Postone (2006a), la estructura del Capital correspondería a una crítica inmanente, es decir, supone un punto de vista inmanente respecto de su objeto de investigación (la formación social capitalista), he ahí que el orden del libro y la presentación crítica de las categorías sea herméticamente lógico (p. 65). Si El Capital no se interpreta como una crítica inmanente es posible caer en un equívoco, a saber, que Marx afirma lo que intenta criticar, por ejemplo, una crítica de la redistribución, de la propiedad privada y del mercado, una crítica desde el punto del trabajo, etcétera (p. 205).

La presentación critica de Marx en El Capital es adecuada y expresiva de su objeto de investigación, en tal sentido, no es un método general las ciencias sociales, en ello estribaría lo dialéctico de la crítica inmanente, es decir, en un rechazo de una dialéctica marxista trasnhistórica y de la idea de un método universalmente valido a priori a todos los problemas particulares; más bien, se trataría de un análisis específico e histórico de las formas sociales básicas que estructuran el capitalismo, las categorías1. cuyo carácter contradictorio deviene del propio objeto de investigación (Postone, 2006a, p. 206). Este giro hacia una especificidad histórica e inmanente transforma la conciencia crítica, cuestión apreciable desde el comienzo del Capital:

La mercancía, como punto de partida de la crítica marxiana, presupone también el despliegue completo de la totalidad, aunque su carácter históricamente determinado implica la finitud de esa totalidad en despliegue. (Postone, 2006a, p. 206)

Marx reconstruye, según Postone (2006a), la totalidad social de la moderna sociedad burguesa comenzando por la mercancía -el principio estructurante- desde el cual desplegar las demás categorías. La necesidad de este método expresa la característica peculiar del capitalismo como totalidad homogénea que precisa ser desplegada a partir de la mercancía. En efecto, la crítica inmanente del capital es el intento de construir un argumento que no posea una forma lógica independiente del objeto que se investiga (p.203), por ello, la historicidad de la sociedad burguesa se puede entender como un despliegue de las categorías inmanentes del Capital.

Como no es posible encontrar conceptualmente un carácter trascendente o transhistórico en la obra tardía de Marx, su teoría no tendría validez absoluta, por otro lado, al no incorporar un punto de vista teórico extrínseco, según Postone (2006a), Marx habría estado en condiciones de una presentación/exposición (Darstellung) crítica de la sociedad capitalista de un modo inmanente, es decir, analizando, la sociedad “en sus propios términos”: “El punto de vista de la crítica es inmanente a su objeto social, se fundamenta en el carácter contradictorio de la sociedad capitalista, que apunta a la posibilidad de su negación histórica” (Postone, 2006a).

La crítica fundada en el carácter contradictorio de la sociedad burguesa aparece en el análisis de la especificidad del trabajo y constituye la dimensión básica de la abstracta e impersonal en el capitalismo:

“La dominación social en el capitalismo, en su nivel más fundamental, no consiste en la dominación de personas por otras personas, sino en la dominación de las personas por estructuras sociales abstractas que las propias personas constituyen. Esta dominación abstracta no sólo determina el objetivo de la producción en el capitalismo, según Marx, sino también su forma material.” (Postone, 2006a, p. 75)

Este modo de dominación encuentra su expresión en la oposición “individuos-sociedad” cuya constitución como “estructura abstracta”, conforma el modo básico de dominación de la sociedad moderna (p. 76). Este modo de dominación, abstracto e impersonal, refiere a la dominación social de las personas por su trabajo, es decir, de las formas sociales especificas derivadas del valor y del trabajo abstracto: “La manera en la que se entiende la dominación abstracta se encuentra estrechamente ligada a cómo se interpreta la categoría de valor” (Postone, 2006a, p. 187), en efecto, para Postone, el valor en tanto forma de la riqueza moderna está en la centro de la estructura abstracta, por lo tanto, categorías fenoménicas centradas en el ámbito del mercado y en la circulación no alcanzan a dar cuenta del carácter básico de la dominación social.

De la última afirmación se desprende un evidente problema político y epistemológico clásico respecto al carácter y la función de la ley económica moderna. Si la ley es ciega y funciona de espaldas a la realidad, aspecto analítico compartido tanto por la economía política como por la crítica de la economía política ¿es posible contraponer una planificación centralizada desde el aparato público? El problema político del socialismo moderno y del Estado aparece aquí mucho más visible, ya que en términos postonianos, la planificación publica no puede superar el sistema de dominación abstracta ya que el capitalismo, por su carácter, funciona como “un tipo de necesidad, mediada, impersonal, nos consciente y no intencional” (Postone, 2006a, p. 188). Este problema también aparece en Kurz (1991), conceptualizado como un intento por cuadrar el círculo [Quadratur des Kreises] a saber, intentar actuar de manera consciente, es decir planificar, respecto de una inconsciencia, a saber, el trabajo abstracto y el valor.

El capitalismo como modo de dominación altamente abstracto e impersonal no puede ser entendido en su complejidad por medio -o en términos- de una dominación concreta, ya sea personal, grupal, de clase, del Estado y de la economía (2007, p. 184), precisa ser aprehendido es un su constitución básica, la dimensión temporal de la dominación abstracta, que caracteriza a las relaciones sociales en el capitalismo: “La totalidad social constituida por el trabajo como mediación objetiva general tiene un carácter temporal en el que el tiempo se convierte en necesidad.” (2006a, p. 263).

IV. La dominación temporal abstracta del capital

El problema del tiempo en Marx y particularmente, la conceptualización del tiempo abstracto, no es tributario única y exclusivamente de Moishe Postone. Autores como Tombazos (2014), Kurz (1999), Harvey (1996), Jameson (2011), Tomba (2013) y Bensaid (2013) no solo elaboraron una reinterpretación de la obra tardía de Marx, sino que también de la modernidad y el capitalismo, con base en un problema que Marx (1945) identifica claramente en los Grundrisse2: “Da die Arbeit Bewegung ist, ist die Zeit ihr natürliches Maß” (p. 34). Sin embargo, Postone fue uno de los primeros en interpretar el tiempo abstracto desde las formas sociales (mercancía, trabajo, dinero, capital) que estructuran en un registro básico la sociedad capitalista y que según su interpretación, se caracterizan por una dimensión temporal. Esto tiene una particular relevancia para abordar el pedregoso camino de la magnitud del valor que está a la base de la problemática del tiempo en Tiempo, trabajo y dominación social.

Marxistas clásicos del valor como Petry, Rubin y Sweezy trataron este problema en términos cuantitativos a pesar de su intención inicial por realizar un análisis cualitativo del contenido social del valor, paradójicamente, terminaron desarrollando una cuantificación de la dimensión cualitativa del valor y no analizaron la magnitud como una determinación cualitativa de la formación social capitalista (Postone, 2006a, p.258). Finalmente, estas interpretaciones desarrollaron una lectura cuantitativa del valor subrayando la regulación no consciente de la distribución social de las mercancías y del trabajo. Según Postone, al leer las categorías valor y magnitud de valor en términos de una falta de regulación social consciente de “la distribución en el capitalismo” concluyen equívocamente que la negación del capitalismo se corresponde con una planificación publica consciente, por lo tanto, caen en los mismos problemas de lo que él ha denominado “marxismo tradicional” (Postone, 2006a, p. 259).

Según Postone, el análisis de Marx de la magnitud del valor es un elemento intrínseco de la crítica y se trataría de un análisis de la determinación cualitativa de la relación entre tiempo, trabajo y necesidad social en la formación social capitalista. Postone sostiene que la medida del valor es distinta a la riqueza material, ya que mientras la riqueza material es creada por varios tipos de trabajo concreto sobre materias primas -y se mide como objetivación de este trabajo- no se media a sí misma y es distribuida por relaciones sociales abiertas y conscientes (Postone, 2006a, p. 260). El valor, por otro lado, es en sí mismo una mediación, la dimensión automediadora de las mercancías: no está mediado por relaciones abiertas. Al ser el producto del trabajo abstracto es la medida cuantitativa del mismo y se mide en términos de gasto de trabajo, es decir, de aquello común en los diversos trabajos concretos.

El tiempo de trabajo socialmente necesario en el capitalismo es la medida general cuasi-objetiva de la riqueza y la forma general cuasi-objetiva de mediación entre los productos, independiente de la particularidad de los productos y de los lazos abiertos. Como el trabajo es mediador, el tiempo también se vuelve mediador social: “la forma de riqueza (valor) y su medida (tiempo abstracto) son constituidas por el trabajo en el capitalismo como mediaciones sociales objetivas” (Postone, 2006a, p. 261). Según Postone, Marx no solo elabora un análisis “socioepistemologico” de prácticas cotidianas de la vida moderna con una especial atención en el trabajo abstracto, además habría justificado “la determinación temporal de la magnitud del valor como determinación categorial de la producción como de la dinámica de totalidad” (Postone, 2006a, p. 261) y por lo tanto, no queda reducida única y exclusivamente al campo del intercambio de mercancías.

Para dar forma a este análisis Postone (2006a) distingue entre el tiempo según sea una variable dependiente o independiente. Su intención es investigar “la relación de la categoría de tiempo de trabajo socialmente necesario con la naturaleza del tiempo en la sociedad capitalista moderna y con el carácter históricamente dinámico de esa sociedad” (p. 274). Para ello diferencia entre tiempo concreto y tiempo abstracto, el primero, refiere a un tiempo que se regula en función de los acontecimientos, sucesos y acciones (ciclos naturales, lunares, las estaciones; actividades periódicas de la vida humana, en definitiva, unidades temporales que varían; p. 274). El tiempo es concreto porque no es autónomo, es decir, no existe independiente de los acontecimientos. El modo de cálculo de esta temporalidad depende de los acontecimientos, de unidades temporales que varían, como las unidades de longitud para dividir el día y la noche en un número de partes específico. Este tiempo fue hegemónico hasta el siglo XIV en el antiguo Egipto y se expandió por Extremo Oriente y el mundo islámico.

El tiempo abstracto, en cambio, es un tiempo uniforme, continuo, homogéneo y vacío. A diferencia del tiempo concreto es independiente de los acontecimientos (Postone, 2006a, p. 275). Se vuelve hegemónico entre el siglo XIV y XVII y se expresa conceptualmente en la obra de Newton, como un tiempo que fluye sin relación con nada externo a él, en tal medida, podemos hablar de un tiempo absoluto, verdadero y matemático. El tiempo abstracto es una variable independiente: el movimiento, los acontecimientos y las acciones se suceden dentro de este marco independiente. El tiempo abstracto, según Postone, es histórico, social y emerge en condiciones excepcionales en la Europa occidental. Esta temporalidad, como variable independiente, en la cual los fenómenos se ordenan, no existía en Grecia antigua, el mundo islámico o la Europa medieval antigua o en China (Postone, 2006a, p. 275). Es un tiempo que encuentra su origen a finales de la edad media, y su causa en la transformación del significado del tiempo social en la sociedad europea durante el siglo XIV convirtiéndose en hegemónico en el siglo XVII.

La tesis central de Postone (2006a) es que el tiempo abstracto está en directa relación con la constitución de la realidad social determinada por la mercancía (p. 276). En el siglo XIV habrían empezado a prevalecer las horas constantes (modernas), desplazando las horas variables y canónicas (tradicionales) cuyo tiempo no era concebido como continuo. Paralelamente ocurre la transición de un modo de calcular el tiempo basado en horas variables a uno en horas constantes, cuestión que explica la emergencia del tiempo abstracto como variable independiente. Postone, siguiendo a Landes, Bilfinguer, Mumford y Le Gof sostiene que si bien la transición hacia un sistema de horas conmensurable, intercambiable, e invariable está vinculado al desarrollo del reloj mecánico en Europa occidental a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV, la emergencia del tiempo abstracto no puede reducirse al desarrollo técnico (reloj mecánico), más bien, éste debe entenderse en virtud de un proceso sociocultural. Si bien el tiempo abstracto surgió en la tardía edad media solo se generaliza posteriormente, puesto que la vida rural siguió gobernada por el ritmo de las estaciones. En las ciudades medievales, según Postone, el tiempo abstracto solo intervenía en la vida de los mercaderes y en un número pequeño de asalariados. Habría sido un tiempo local por siglos.

El progreso del tiempo abstracto está ligado al progreso del capitalismo como forma de vida y empezó a prevalecer junto con la forma mercancía, convirtiéndose en la forma dominante de estructuración de la vida social moderna: la forma social del tiempo abstracta moderno se convierte en un nuevo modo de dominación.

El tiempo representado en las torres-reloj se convirtió en el tiempo del nuevo orden social dominado por el capital que empezó a contralar la ciudad política. Si bien el tiempo abstracto como forma histórica puede aparecer como conducido por la burguesa y servir a sus intereses, también ayudó a construir esos intereses, expresando un modo de dominación más allá de la dominación de clase (Postone, 2006a, p.287). Estas formas sociales cobran vida propia y son obligatorias para todos los individuos en la sociedad capitalista, puesto que en el capitalismo “el tiempo ejerce una obligación abstracta” (Postone, 2006a, p.288). El tiempo de trabajo socialmente necesario, como hemos visto, no es solamente un tiempo invertido en una mercancía particular, sobre todo, permite el proceso de mediación social general en la moderna sociedad burguesa. El trabajo se transforma en la acción de los individuos, en el principio alienado general de la totalidad, ahí los individuos están subsumidos: el gasto de tiempo se transforma “de un resultado de la actividad a una medida normativa para la actividad”.

La magnitud de tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario es una variable dependiente de la sociedad como totalidad, sin embargo, desde el punto de vista del individuo es una variable independiente, y como lo concreto se convierte en abstracto, la variable dependiente de la actividad humana se convierte en una variable independiente que gobierna la actividad social ciega y realmente. Esto hace de la dominación un proceso que no se reduce al campo de la producción sino que abarca todas las esferas de la vida social (2006a, p. 289): la mercantilización del tiempo implica la transformación más profunda de la vida cotidiana, afecta al trabajo pero también a la vida social en general (p. 290).

V. A modo de conclusión

Si bien se propone solo como un punto de partida para una crítica del capitalismo, el ejercicio de Postone ha sido objeto de críticas considerables en diversos aspectos (O’ Kane, 2020; 2018b). En función del objetivo de este artículo parece más importante destacar aquellas que se encuentran en la frontera del problema que articula la crítica del capitalismo como una crítica de la modernidad en tanto “modo de vida social” (Postone, 1993).

Bellofiore (2018) ha cuestionado tanto a Postone como a Robert Kurz en un aspecto donde ambos autores coinciden, esto es, la crítica del trabajo en un sentido transhistórico. Bellofiore sostiene que en Marx está abierta la interpretación a ambos sentidos del trabajo (“del” y “desde”) y que no es posible ubicar, necesariamente, en el autor del Capital, un antecedente fiel de la conceptualización kurzeana/postoniana. Un ejemplo de ello resulta de las propias ambivalencias del Marx tardío sobre el concepto de trabajo abstracto y su relación con el tiempo (Bonefeld, 2010). Kurz (2004) también arremetió3 contra Postone argumentando que si bien hay avances categoriales en su obra fundamental, arrastra un inevitable resabio transhistórico. Scholz (2020) sostiene que al hacer caso omiso a las cuestiones referentes a la «disociación del valor» la teoría es deficiente e incompleta ya que reduce al valor como aquel sujeto automático que constituye la totalidad capitalista incapaz -siguiendo a Adorno- de pensar en contra de sí mismo, su otro “no-idéntico”.

Lange (2021), entre otros problemas, sostiene que Postone es ambiguo a la hora de abordar el problema del espacio al presentarlo repentinamente (en Tiempo, trabajo y dominación social) y bajo la forma dualista del espacio y del tiempo. Lange (2021) y Acha (2021) coinciden, además, en las dificultades y ambigüedades de las formas de tiempo capitalistas en Postone. Muchas de estas críticas convergen en un punto subrayado por Carcanholo (2016) que parece ser -sobre todo- nuestro problema epocal en el capitalismo tardío: la incapacidad para pensar una alternativa a la dominación lógica y social del capital.

Brevemente nos interesa destacar dos puntos problemáticos en Postone pero no en lo que respecta a la reinterpretación del Marx tardío, más bien, en lo que respecta a la crítica de la moderna sociedad burguesa desde el registro marxiano elaborado en Tiempo, trabajo y dominación social. En efecto, siguiendo a Lange, Postone obvia el problema del espacio, o más bien, este aparece bajo la función de “espacio geográfico” o “espacio absoluto”. Al separar el espacio respecto del tiempo Postone no termina de dilucidar el enigma humano que representa el tiempo, a saber, que no puede determinarse a sí mismo. Si en Kant esa determinación es el espacio, podríamos decir que en Marx esa determinación es el capital, puesto que el capital no está en el tiempo, el tiempo está en el capital, en ello estribaría el sentido fuerte de una crítica inmanente.

Probablemente este punto tenga más sentido analítico cuando se evalúa, por ejemplo, el concepto de aceleración social de Hartmut Rosa (2016) que ha encontrado en la competencia la causa de este fenómeno moderno. Sin embargo, el problema de este tipo de interpretaciones para una gran diversidad de fenómenos sociales es que no termina de articular categorial y analíticamente cómo el capital se vuelve simbiótico respecto de “lo moderno”. En la lógica de la valorización del valor está el germen de la competencia, es decir, en la forma básica de interdependencia y producción del individuo moderno gracias al trabajo abstracto como substancia del capital. Sin una crítica categorial del valor no es posible explicar la socialización moderna ni fenómenos abstractos de aceleración social.

En segundo lugar, si bien las categorías como formas sociales son temporales, habría que decir que el capital espacializa los entes (bienes) como mercancías, como ser de valor; y tal determinación no reduce a la mercancía a un bien manufacturado real, sino que constituye la forma social de la mercancía como expresión espacio temporal -como abstracción real del capital- que se realiza en el intercambio pero que no se agota en ninguna transacción.

Lefebvre (1975) identificó hasta qué punto el capital logró realizarse como mercado mundial hasta destruir la ciudad dando paso a la “sociedad burocrática de consumo dirigido” que realiza desatada e irracionalmente el espacio moderno del capital. Este esfuerzo indispensable para comprender el espacio abstracto es preciso conectarlo con una interpretación del tiempo abstracto que no eluda la trama de la espacio-temporalidad del capital. Postone enfatizó en el Tomo I del Capital para destacar la centralidad del trabajo y así subrayar la relevancia de la producción en el capitalismo y no la expansión del trabajo frente a aquellos que aprehenden la formación social capitalista de inmediato como el duplo “producción-circulación”.

En el Tomo I, el capital ya tiene como presupuesto al mercado (tesis compartida por Postone) ya que por necesidad lógica de su movimiento precisa pasar por la mediación de la producción y la socialización ex post para su validación. La dimensión espacio temporal de la circulación del capital ya está supuesta desde el comienzo. Si bien es cierto que para aprehender esta dimensión es preciso interpretar los patrones de acumulación en relación inmanente a su lógica general y a los fenómenos históricos de concreción del mismo (particularmente el asociado al capitalismo tardío) no obstante, también parece relevante analizar esta discusión en términos epistemológicos. Por ejemplo, sería muy fructífero contrastar las sugerentes interpretaciones temporales del Capital como lineal (Tomo I), de circulación (Tomo II) y de reproducción (Tomo III) de Bensaid (2013), Tomba (2013) Tombazos (2014) y Harvey (2019) con la tesis de Postone acerca de la relevancia epistémica del Tomo I para descifrar el espacio tiempo moderno desde una lógica inmanente del capital.

Notas

1. Según Postone (2006a) Marx “analiza la sociedad capitalista como intrínsecamente contradictoria y direccionalmente dinámica, fundamentando estas características básicas en el carácter históricamente específico del trabajo en el capitalismo” (p. 144).

2. “Dado que el trabajo es movimiento, su medida natural es el tiempo” (Postone, 2007 p. 140).

3. Si bien Postone y Kurz coinciden en algunos aspectos en lo que refiere a la crítica de lo que han denominado el marxismo tradicional y el marxismo del movimiento obrero, respectivamente; o en algunas interpretaciones sobre el Marx tardío, en muchos otros no parece tan evidente ni para Postone (López 2016), Kurz (2021) o Sholz (2020) este vínculo. Ha sido Anselm Jappe (2016) quien ha articulado las tesis del Grupo Krisis/Exit! con las tesis de Postone, abriendo con ello otro campo de interpretaciones plausibles sobre la teoría del valor en un registro categorial y filosófico.

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Recibido: 5 de julio, 2022.

Aprobado: 12 de julio, 2022.


Rev. Filosofía Univ. Costa Rica, LXI (161), Setiembre - Diciembre 2022 / ISSN: 0034-8252 / EISSN: 2215-5589