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1Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica
DOI 10.15517/dre.v22i1.42922
FACTORES DETERMINANTES EN LA DIVISIÓN
SEXUAL DEL TRABAJO EN LA INDUSTRIA
TEXTIL COSTARRICENSE (1960-1980)
Florence Mérienne
Resumen
El siguiente artículo tiene como propósito identicar los factores que intervienen
en la división sexual del trabajo obrero en la industria textil costarricense
fuertemente feminizada entre 1960 y 1980, época de auge de la producción
textil en este país. El análisis de fuentes primarias de diversas índoles reveló la
diversidad de los factores y actores en juego. La investigación se fundamenta en
el examen de las planillas de varias empresas del sector textil, de expedientes
por persecución sindical, de fuentes periodísticas y del Instituto Nacional de
Aprendizaje. También se recurrió a entrevistas a trabajadoras y empresarios y
a la literatura para reconstruir el contexto sociocultural. De esa investigación,
se desprende que aun en un contexto de escasez de mano de obra en la industria
textil costarricense, los empresarios no renuncian a su visión de género y siguen
organizando el trabajo en torno a la categoría de género. Las normas jurídicas,
los modelos familiares, los sindicatos heredan también esa visión de género y
contribuyen a su vez a perpetuar esa división sexual del trabajo. Patriarcado y
capitalismo se nutren mutuamente en ese proceso, resultando para las obreras
un lugar subordinado en el proceso de producción, el cual se traduce en fuertes
desigualdades salariales en detrimento de ellas. Si bien existen organizaciones
feministas para cuestionar esa visión, no logran transformar sus reivindicaciones
en un movimiento colectivo de envergadura nacional.
Palabras clave: mujeres, género, desigualdad social, trabajo de las mujeres, historia.
Fecha de recepción: 14 de julio de 2020 Fecha de aceptación: 20 de octubre de 2020
Florence Merienne Profesora de Historia de la cultura de la Escuela de Estudios Generales,
Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica. Contacto: orence.merienne@ucr.ac.cr /
orence.merienne@yahoo.fr
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0916-790X
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DETERMINING FACTORS IN THE SEXUAL
DIVISION OF LABOR IN THE COSTA RICAN
TEXTILE INDUSTRY 19601980
Abstract
The following article aims to identify the determining factors in the sexual
division of labor in the Costa Rican textile industry, which was strongly
feminized between 1960 and 1980, a time of boom in textile production in this
country. The analysis of primary and diverse sources revealed the diversity of
the factors and actors involved. The investigation is based on the examination
of the worksheets of several companies in the textile sector, of les for union
persecution, of journalistic sources, and of the National Professional Learning
Institute. Interviews with women workers and employers and literature were also
used to reconstruct the sociocultural context. From this research, it appears that,
even in a context of labor shortages in the Costa Rican textile industry, employers
did not renounce to their gender vision and continue to organize work around
the gender category. Legal norms, family models, and unions also inherit this
gender vision and in turn contribute to perpetuating this sexual division of labor.
Patriarchy and capitalism mutually nurtured each other in this process, resulting
in a subordinate place in the production process for women, which translates into
strong wage inequalities to the detriment of women workers. Although feminist
organizations exist to question this vision, they are unable to transform their
demands into a collective movement of national importance.
Key words: women, gender, social inequality, women employment, history.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 3
INTRODUCCIÓN
En un informe sobre Costa Rica publicado en el 2018, la OCDE (OCDE,
2018) incluye entre sus recomendaciones la necesidad de reformar profunda-
mente el funcionamiento del mercado laboral formal costarricense con el n de
incentivar la inserción laboral formal de las mujeres como factor central de desa-
rrollo nacional. Por otra parte, ese informe señala en su apartado titulado “Polí-
ticas estructurales para impulsar la productividad y la inclusión” (p. 61), que la
utilización de la mano de obra en Costa Rica revela grandes desequilibrios, tales
como largas jornadas de trabajo para las personas que trabajan y una alta tasa
de desempleo, sobre todo entre las mujeres. En efecto, según este documento,
las largas jornadas de trabajo, muy por encima del promedio de los países de la
OCDE, frenan particularmente la inserción laboral femenina cuando las mujeres
tienen que asumir otras responsabilidades en la esfera privada. El mismo estudio
incentiva además al Estado a tomar medidas destinadas a reducir la alta tasa de
informalidad laboral que golpea más a las mujeres que a los hombres.
A la hora de debatir sobre una posible extensión de la jornada laboral
(Proyecto de Ley No 21-182 de reforma de los artículos 136, 142 y 145 del Código
de Trabajo) que permitiría jornadas de trabajo de hasta 12 horas diarias, parece
fundamental tener esa reexión sobre las acciones necesarias para permitir una
inclusión equitativa de hombres y mujeres en el mercado laboral. Las conclusiones
elaboradas por un equipo de investigación del Centro Centroamericano de Pobla-
ción de la Universidad de Costa Rica podrían ser también insumos muy prove-
chosos para nutrir esa reexión. Éstas apuntan que los “cambios culturales y polí-
ticas públicas podrían acelerar o ralentizar este proceso de mayor participación
femenina. Por ejemplo, la ampliación de las redes de cuido de prescolares podría
facilitar una mayor incorporación de la mujer al mercado laboral” (Rosero-Bixby,
Jiménez-Fontana, Mora-Cedeño, Castillo-Rivas y Brenes-Camacho, 2018, p.
19). Estas conclusiones recuerdan que los comportamientos de actores y actrices
del mercado laboral no son producto solamente de decisiones individuales, sino
también de las políticas públicas.
Además, el contexto nacional e internacional actual en el cual el empleo
escasea y el desempleo y subempleo se han convertido en problemas estructu-
rales, una reexión acerca de la distribución del empleo y de su lugar en nuestras
vidas es urgente. Ese debate podría ser una oportunidad para examinar y cuestionar
los modelos culturales y las políticas públicas que fundamentan las desigualdades
de género frente al empleo. Ese trabajo, al indagar los factores que fragmentan
el mercado laboral y determinan la división sexual del trabajo y la exclusión de
hombres y mujeres de ciertos empleos es una contribución a esa discusión
La división sexual del trabajo consiste en asignar a los hombres y a las mujeres
ciertas tareas consideradas como acordes a su sexo. Se trata de una extrapolación de las
diferencias biológicas al campo de lo social. El aumento signicativo de la participación
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femenina en el mercado laboral durante las últimas décadas del siglo XX, lejos
de reducir la división sexual del trabajo, está asociado a una diversicación de
las formas de segregación del trabajo por sexo (Guadarrama y Torres, 2007).
Entre esas formas, se puede citar la concentración de las mujeres con alta escola-
ridad en ocupaciones tradicionalmente feminizadas, la permanencia de barreras
que obstaculizan el ascenso de las mujeres y el acceso a profesiones tradicional-
mente masculinas, el crecimiento de empleos femeninos informales y precarios
y el proceso de proletarización de la fuerza de trabajo femenina en las industrias
intensivas en mano de obra (textil, calzado, vestuario). Por lo tanto, esa segrega-
ción se encuentra en todos los estratos sociales, aunque se maniesta en formas
diferentes según los grupos sociales. La división sexual del trabajo como prác-
tica social es una construcción social e histórica y, por tanto, merece una indaga-
ción para entender cuáles relaciones de poder y cuáles mecanismos han llevado
a trasladar una diferencia de orden biológico al campo de lo social, en este caso
la esfera laboral.
El primer marxista en proponer una reexión con respecto a esa proble-
mática de la posición social de las mujeres en la sociedad capitalista es Friedrich
Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estad (Engels, 1884)
publicado por primera vez en 1884. Engels se basó en datos históricos y antropoló-
gicos para demostrar que la sujeción de las mujeres no era un hecho “natural” como
se pretendía, sino el producto de relaciones sociales y correlaciones de fuerzas y
que, por lo tanto, podía ser modicado. En esta obra, Engels relaciona la suje-
ción de las mujeres con el surgimiento de la propiedad privada, aunque antropó-
logos, como Françoise Héritier (Héritier, 1996), demostraron desde entonces que
la dominación masculina dentro de la familia tiene un carácter universal y es ante-
rior a la propiedad privada. Autores pertenecientes a un marxismo más contempo-
ráneo señalan que, al marcar una división entre el ámbito privado y femenino del
hogar y el ámbito público y masculino del trabajo productivo, el capitalismo ha
creado las circunstancias para que las mujeres no entraran en iguales condiciones
que los hombres al mercado de trabajo (Zaretsky, 2006). Esa situación ha llevado
a ciertas feministas marxistas a luchar para obtener que se remunere el trabajo
doméstico, pues sostienen que el trabajo de las mujeres dentro del hogar crea plus-
valía y que por lo tanto debería ser asalariado. Sus argumentos descansan también
sobre el hecho que el ingreso de las mujeres al mercado laboral asalariado creó la
“doble jornada de trabajo” para las mujeres y, por lo tanto, no se ha traducido en
emancipación para ellas. Para. H. Hartmann, el capitalismo mantuvo vigentes las
relaciones de dominación patriarcales preexistentes, por lo que la inserción de las
mujeres al mercado de trabajo asalariado se hizo bajo el signo de la subordinación
patriarcal, la cual se traduce en el mundo capitalista en la asignación de tareas
menos valoradas y de salarios más bajos.
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Más recientemente, las ciencias sociales han analizado los patrones de segmen-
tación laboral, cruzando tanto el género como la pertenencia étnica y la extracción
social u otros determinantes para entender cómo operan juntos esos criterios a
la hora de tipicar los empleos. Este es el caso de la socióloga estadounidense
Mignon Duffy (Duffy, 2007) quien ha abandonado el enfoque que tendía a univer-
salizar las experiencias de las mujeres para adoptar un enfoque interseccional.
Si bien el trabajo de Duffy en un contexto distinto realiza un análisis de la tipi-
cación de los empleos cruzando la categoría género con la pertenencia étnica
en Estados Unidos para entender la concentración de mujeres afroamericanas en
los empleos que constituyen una continuidad de los trabajos reproductivos, su
reexión se puede trasladar a otros ámbitos y retomar para analizar la articulación
entre clase y género.
El trabajo de Duffy se inscribe en una larga trayectoria norteamericana
de investigación en ciencias sociales que articula el género, la clase social y la
pertenencia étnica en sus estudios de las relaciones sociales. Este enfoque inter-
seccional implica para el tema que nos interesa aquí reconocer la existencia de
mujeres dotadas de un punto de vista singular y arraigado en una experiencia
especíca de la vida cotidiana y de las relaciones de dominación y, por lo tanto,
portadoras de reivindicaciones especícas en relación con una doble discrimina-
ción como mujeres y como obreras. Esa deconstrucción de la categoría de género
que muchas feministas han considerado universal permite evidenciar la gran
diversidad de experiencias del sexismo, el cual no basta para forjar una identidad
femenina. Las posiciones de clase o la pertenencia étnica contribuyen también a
construir las diferencias de estatus social y hasta pueden producir antagonismos
entre mujeres. Las mujeres obreras de la industria textil costarricense entre 1960
y 1980 ocupan una posición social especíca, no solamente por encontrarse en
uno de los estratos más bajos del mercado laboral, sino también porque, además
de la dominación de clase, sufren una opresión relacionada con su género, que
en su experiencia cotidiana se maniesta en salarios más bajos, en empleos más
precarios y en una doble jornada de trabajo que les deja poco tiempo libre. Por
todas esas razones no podemos aislar el género de otras categorías como lo es, por
ejemplo, la extracción de clase.
Diversos son los factores y los espacios desde los cuales se construye un
mercado laboral segregado horizontal y verticalmente. Después de haber identi-
cado los elementos que componen la división sexual del trabajo en la industria textil
costarricense entre 1960 y 1980, se analizarán los mecanismos que condujeron a tal
situación. Para ese propósito, se examinarán sucesivamente el papel desempeñado
por las normas jurídicas y las instituciones gubernamentales, el peso de los modelos
familiares y de las prácticas patronales y, nalmente, se procederá a descifrar el rol
de las representaciones obreras – sindicatos y asociaciones solidaristas – en la repro-
ducción de los estereotipos o en su ruptura.
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EL ROL CRECIENTE DE LA INDUSTRIA TEXTIL EN LA
ECONOA COSTARRICENSE ENTRE 1960 Y 1980.
La industria textil constituye uno de los pilares del
Modelo de Sustitución de Importaciones.
Durante las décadas de 1940 y 1950, el crecimiento económico de Costa Rica
se sigue fundamentando en la agroexportación, sin embargo, gracias a la amplia-
ción del mercado interno y al desarrollo de los intercambios comerciales a nivel
centroamericano y mundial, el sector industrial crece. Su desarrollo es perceptible
en la evolución de la mano de obra empleada en este sector, pues esta pasó de
10.000 a 33.000 personas entre 1946 y 1962. De la misma manera, el aporte del
sector industrial al P.I.B. se incrementó pasando de 8.5% en 1946 a 14% en 1962
(León Sáenz, Arroyo Blanco y Montero Mora, 2016).
La producción de textiles y ropa se encuentra dentro de las tres primeras en
porcentaje de la contribución al P.I.B. La gran mayoría de las empresas destacadas
durante la década de 1950, creadas antes o durante esa década, aún permanecen
activas durante los años 1960 y 1970. Se trata de las empresas Saprissa (fecha de
creación: 1932), Los Leones (1938), Dada (1946), INTEX (1950), Barzuna (1955),
Compañía Textil Centroamericana (1956), Textiles Nylon (1957) e Industria Sedalana
(1959). Las empresas creadas a partir de la década de 1950 respondieron a la nece-
sidad de sustituir importaciones y permitieron incrementar la proporción del mercado
nacional abastecida por la producción nacional de textiles y de ropa. Otra caracterís-
tica de algunas ramas industriales, entre ellas la producción de textiles y prendas de
vestir durante las décadas de 1940 y 1950, es la nueva oportunidad que ofrecen a las
mujeres de las zonas urbanas de incorporarse al trabajo asalariado (León, 2012).
Impulsado por un contexto nacional e internacional favorable y una legisla-
ción de fomento industrial, el sector secundario costarricense conoce sin embargo
su periodo de mayor crecimiento relativo durante las dos décadas siguientes, pues
no solamente en Costa Rica, sino en el resto de Centroamérica, la industriali-
zación fue más tardía que en el resto de América latina donde la industrializa-
ción sustitutiva se desarrolló desde la década de 1930. La creación del Mercado
Común Centroamericano (MCCA o MERCOMÚN) en 1963 potenció el creci-
miento del sector industrial e impuso a las empresas nacionales una competencia
con empresas extranjeras, pues como lo señala Jorge León (León Sáenz, Arroyo
Blanco y Montero Mora, 2016) éstas últimas presionaron para que el mercado
centroamericano fuera abierto a la inversión extranjera y así poder incursionar los
mercados centroamericanos. Una consecuencia directa relacionada con la llegada
de inversión extranjera fue la introducción de nuevos métodos de gestión empre-
sarial, sobre los que se detallará más adelante, dado que éstos tuvieron un impacto
en el proceso de segmentación del trabajo por género.
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El crecimiento industrial se logró entonces gracias a la apertura del mercado
centroamericano y a un aumento signicativo de la demanda interna relacionado con
políticas de desarrollo socioeconómico y a mejoras de las condiciones de vida y de
salarios. Jorge León distingue, entre 1963 y 1980, dos etapas de desarrollo indus-
trial, la primera calicada de maduración entre 1963 y 1972 con un crecimiento de
7% anual del PIB en promedio, y una segunda de deceleración con un crecimiento
en promedio de 4,4% anual. La industria textil de sustitución de importaciones se
orientó sobre todo hacia la producción de tejidos y prendas de vestir. Como actividad
destinada a satisfacer un mercado interno más amplio y dinámico y a suplantar parte
de las importaciones de bienes de consumo, la producción industrial de textiles y
prendas de vestir desempeñó un rol signicativo en el dinamismo económico del
país. El desarrollo de esa actividad contribuyó también a ampliar la oferta de empleos
para la población femenina, pues ese sector como otros pocos dio prioridad al reclu-
tamiento de esa mano de obra para sus tareas de producción. Cambios importantes en
términos de modos de producción acompañan la consolidación del posicionamiento
de la industria textil en la economía costarricense. Estimulados por una competencia
internacional creciente, esos cambios son el resultado de un movimiento de concen-
tración industrial que se acelera a partir de la década de 1970.
Aceleración del proceso de concentración industrial a partir de la década
de 1970 y sus efectos sobre la mano de obra de esa rama industrial.
Durante las dos décadas anteriores a nuestro periodo, o sea entre 1940 y
1960, la actividad industrial costarricense se encuentra dominada por empresas de
pequeñas dimensiones. El trabajo industrial mantiene entonces rasgos artesanales
que pierde poco a poco durante las décadas siguientes. Entre 1960 y 1980, al cambiar
de escala la producción industrial, se incorporan cambios signicativos en términos
de métodos de gestión y de modos de producción. Entre esos cambios, la investiga-
ción de Jorge León señala la generalización de los métodos de ingeniería industrial,
un mayor papel de la tecnología en los métodos de producción, una mayor calica-
ción de la mano de obra para operar máquinas y un incremento del personal adminis-
trativo y de la mano de obra femenina, la cual se concentraba en labores de produc-
ción (León, 2012). Entre 1964 y 1975, el porcentaje de mano de obra femenina en el
empleo industrial pasó de 19 a 27%
El proceso de concentración industrial se acentúa después de la adhesión del
país al MERCOMUN, por lo que la capacidad productiva de las empresas indus-
triales ha sido multiplicada por cinco entre 1964 y 1975. Por lo tanto, se produjo
un desplazamiento de la fuerza laboral hacia establecimientos de mayor tamaño: en
1958 el 58% de la fuerza de trabajo de la industria se encontraba en establecimientos
pequeños (menos de 30 empleados) y el 18% en empresas grandes de más de 70
empleados (el resto en empresas medianas). Diecisiete años más tarde, en 1975, la
proporción se había invertido, pues solamente el 20% de la mano de obra industrial
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estaba empleada en empresas pequeñas mientras la proporción de la fuerza laboral
empleada en empresas grandes alcanzaba el 60% (Ver Figura 1). Esa tendencia se
acompaña de una intensicación del proceso de producción, ya que las empresas
industriales invierten más en maquinaria que en la fuerza laboral (la inversión
en activos jos crece más rápidamente que el monto de los salarios entre 1958
y 1975), lo que incide en la naturaleza del trabajo obrero que se aleja del trabajo
artesanal. Con la industrialización del trabajo obrero, se generaliza el trabajo asala-
riado y la fuerza laboral actúa cada vez más como una fuerza colectiva. El proceso
de división sexual del trabajo está directamente relacionado con el crecimiento de
los establecimientos industriales y con la multiplicación de las funciones a raíz del
movimiento de concentración industrial.
Figura 1. Evolución de la fuerza laboral industrial según tamaño de empresas entre 1958 y 1975.
LA REALIDAD DE LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO EN LA
INDUSTRIA TEXTIL COSTARRICENSE ENTRE 1970 Y 1980.
El papel del género en las estrategias de capacitación
del sector textil industrial en los años 1970.
A partir de 1972, seis años después de la creación del Instituto Nacional de
Aprendizaje (INA), se elabora un plan destinado a proyectar la acción del INA hacia
zonas alejadas de la capital y hacia las mujeres. Con tal propósito, se prevé un plan de
formación para “ocupaciones orientadas hacia la incorporación de la mujer al mundo
del trabajo nacional a través de cursos de economía doméstica, corte y confección”
(Archivo Nacional de Costa Rica, 1972a). En ese momento, la principal vía de incor-
poración de las mujeres obreras al mercado laboral es la de los sectores considerados
tradicionalmente femeninos, como lo es la costura.
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Nace entonces en el INA un plan de formación en costura concebido para
mujeres, pero en ese momento, los empresarios del sector textil no aparecen invo-
lucrados en ese proyecto. Los primeros cursos se abren en mayo de 1973. A partir
de 1974, el plan de formación en costura industrial se sigue estructurando en torno
a nuevos actores. Los empresarios del sector textil requieren mano de obra capa-
citada y solicitan la cooperación del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social
(MTSS) y del INA. Para tal efecto, el INA programa un plan de capacitación para
responder a las necesidades de varios sectores industriales.
Con el n de coordinar un plan de formación profesional, se crea en 1974
una comisión integrada por industriales del vestido, representantes de la ocina de
empleo del MTSS y los representantes del INA (Archivo Nacional de Costa Rica,
1974a). Esa comisión llevó a cabo varias reuniones en 1974 y 1975 para organizar
y sistematizar lo referente a los programas de costura industrial ofrecidos por el
INA, los cuales se brindan exclusivamente a mujeres. Este episodio reeja como
tres actores provenientes de diferentes sectores elaboran una política de formación
profesional, destinada a perpetuar la segmentación genérica del mercado laboral
mediante la feminización de las profesiones. A solicitud de la Cámara de industria,
el MTSS le pide al INA la elaboración de un plan de capacitación. Ese proceso
demuestra que existía entonces una real necesidad de mano de obra por parte de
ese sector y que se esperaba del INA que supliera esa necesidad.
En 1975, la Ministra de Cultura, Carmen Naranjo Coto, presenta un proyecto
en el mismo sentido, de Cooperativa de Producción de Costura Industrial en Villa
Esperanza de Pavas y en Hatillo, dirigido a mujeres jóvenes de entre 15 y 25 años
originarias de familias de escasos recursos. Como en el caso del proyecto anterior, se
trata, además de responder a las necesidades en mano de obra de la industria textil,
de ofrecer una opción laboral a mujeres jóvenes con pocos estudios formales y sin
empleo, procedentes de barrios marginales. El proyecto desarrollado por el Minis-
terio de Cultura tiene como propósito ayudar a mujeres humildes a incorporarse a la
sociedad mediante el trabajo (Archivo Nacional de Costa Rica, 1975a). Un informe
(Archivo Nacional de Costa Rica, 1977) de la directora de la Ocina de la Mujer
del Ministerio de Cultura de 1977 acerca de actividades realizadas durante el año
anterior, señala que se instalaron varios “Comités Pro-Centro de Formación y Capa-
citación para la Mujer” en las siguientes zonas del país: Villa Esperanza de Pavas,
Nicoya, Florencia de San Carlos, Salitrillos, Ciudad Quesada, Hatillo y Chacarita,
siempre con el afán de capacitar a mujeres sin calicación para favorecer su incorpo-
ración al sector industrial del mercado laboral.
Varios actores motivados por preocupaciones distintas conjugan entonces ener-
gías destinadas a facilitar la incorporación de mujeres obreras en el sector industrial
del mercado laboral y a proveer mano de obra capacitada a la industria de la confec-
ción. Los mecanismos de incorporación de las mujeres al mercado laboral se siguen
armando sin embargo dentro de una concepción tradicional de los roles de género.
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A partir del mes de febrero de 1976, el INA recibe quejas de empresarios de la
industria textil por haber suspendido los cursos de costura industrial por falta de
locales, lo cual nos señala que el mercado laboral en ese sector sufre en esa fecha
una escasez de mano de obra y que el INA no tiene la capacidad en ese momento
de responder a esa demanda. Al segmentar el mercado laboral, se diculta el
reclutamiento, sin embargo, no hay intentos por romper con esa segmentación. En
un informe del INA del 4 de junio de 1976, se señala que la capacidad del INA no
consigue satisfacer las necesidades de la industria, pues para el periodo 1973-1978
se había registrado una necesidad de 6518 personas, mientras que para ese mismo
periodo el INA solamente logró capacitar a 784 personas (Archivo Nacional de
Costa Rica, 1976-1979). Ese mismo documento del INA reitera las grandes nece-
sidades de formación profesional en el sector de la confección industrial y mani-
esta preocupación por la incapacidad del INA en satisfacer las necesidades de
los industriales. En efecto, se considera que “esta situación es muy grave en vista
de los compromisos que hay con empresarios que ya reiteradamente han tenido
quejas sobre esta especialidad” (Archivo Nacional de Costa Rica, 1976-1979).
Para resolver el problema de la falta de mano de obra calicada, las empresas
desarrollan entonces otras estrategias para conseguir personal calicado en costura.
Es el caso, por ejemplo, de la “Compañía Textil Centroamericana” donde se creó una
escuela de formación porque, según las palabras del dueño fundador de la empresa,
“no había sucientes costureras” y “si venían de otras fábricas, ya traían sus sistemas,
sus vicios, en cambio nosotros teníamos un sistema en cadena, entonces nos convenía
más adiestrarlas” (señor I. N., comunicación personal, junio de 2003). Hay que tomar
en cuenta además el factor geográco. Por una parte, el dueño de la empresa estaba
renuente en contratar personas de zonas alejadas: “Además, a nosotros nos convenía
más agarrar muchachas de la zona, tenía más seguridad, porque no se iban a otro
lado”, pues si había que capacitarlas, por el costo que implicaba la formación, no se
podía tomar el riesgo de perder esa mano de obra. El mismo empresario señala en
la misma entrevista que en ocasiones la empresa ofreció un servicio de transporte a
personas oriundas de zonas alejadas.
Lo que llama la atención durante ese proceso es que a pesar de las dicul-
tades para reclutar mano de obra y, aunque los programas de capacitación no logren
responder a todas las expectativas de los industriales de la confección y tomando en
cuenta que la mano de obra femenina requiere adiestramiento y que no se incorpora
fácilmente al mercado laboral, los empresarios del sector textil se dirigen exclusiva-
mente a las mujeres y no renuncian a su percepción de género.
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Hombres y mujeres con empleos de diferentes índoles en la
industria textil costarricense durante la década de 1970.
Lo que se desprende del análisis de siete planillas de empresas industriales
del sector textil consultables en diferentes expedientes por persecución sindical
de los archivos del MTSS y correspondiendo a los años 1970 a 1979 (Archivo
Nacional de Costa Rica, 1970a, 1973, 1975b, 1976a, 1978, 1979) es que todas las
empresas del sector textil emplean una gran mayoría de mujeres. El porcentaje
de mano de obra puede alcanzar el 95% de la planilla y el promedio es de 81,3%
de mano de obra femenina. La proporción de mujeres dentro de cada empresa
aumenta conforme crece el tamaño de la empresa.
Como se puede observar en la Tabla 1, las planillas de dichas empresas
muestran una clara división sexual de las tareas dentro de cada una y revela que
las mujeres desempeñan en su mayoría operaciones relacionadas con el proceso
de producción. En efecto, ellas realizan casi exclusivamente tareas de operarias
de máquinas (de 670 de esos puestos solamente 9 están ocupados por hombres),
tejedoras, aplanchadoras y cortadoras. En los departamentos de tejeduría, las
mujeres realizan labores de “encanilladora”, que requieren mucha precisión,
destreza y rapidez. La minoría que ocupa puestos fuera del proceso de produc-
ción lo hace en una posición subalterna, sea como recepcionista, ocinista, cajera
o encargada de limpieza. Esas labores efectuadas por mujeres se caracterizan por
ser repetitivas y rutinarias. En cambio, a los hombres se les asigna ocupaciones
relativas al mantenimiento del equipo (mecánicos, electricistas, soldador), a la
vigilancia de las instalaciones (guardas), al transporte de mercancías (choferes),
a la comercialización de productos (agentes de ventas), a la administración
(administradores, gerentes, jefe de personal) o a la gestión de las bodegas (encar-
gados de bodega). Los hombres están poco presentes en puestos relacionados
con la producción. Se encuentran, sin embargo, realizando tareas de tintorería
y algunas operaciones de tejeduría, pues requerían la manipulación de material
pesado. El trabajo obrero parece aquí responder a los estereotipos de género, con
labores solitarias y repetitivas, requiriendo minuciosidad, rapidez y precisión,
similares a las labores domésticas para las mujeres. En cambio, los hombres, por
lo general, realizan labores menos monótonas, que los involucran más en la toma
de decisiones y los incorporan en una red de colaboraciones. En cuanto a las
ocupaciones administrativas, se encuentran exclusivamente hombres ocupando
puestos de alto mando como gerente general o jefe de personal. Las mujeres se
desempeñan también en los puestos de “mando subalterno” (supervisoras de las
costureras o inspectoras).
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TABLA 1
Distribución de los empleos entre mujeres y hombres en varias
empresas del sector textil entre 1970 y 1981.
CANTIDAD DE MUJERES/HOMBRES
TEJIDOS
KAROLINA
(1970)
1
LOVABL
(1973)
2
EL
ÁGUILA
(1975)
3
NYLONERA
NACIONAL
(1976)
4
YOLANDA
DE C.R.
(1978)
5
REGAL
S.A.
(1979)
6
LOS
LEONES
(1981)
7
Jefe general 0/1 0/1 0/1 0/1
Jefe de personal 0/1 0/1 0/1
Ingeniero 0/2
Asistente gerente 0/1
Administración 2/1
Contador(a) 0/1 1/0 0/1
Secretaria/
recepcionista
3/1 2/0 3/2 3/0
Agente de
ventas
0/4 0/4
Encargado/a de
bodega
4/5 0/5 0/2
Supervisora 14/0 2/0 1/0 8/0 10/0
Instructora
costura
12/0
Operaria/o
máquina de
coser
8/0 342/0 39/0 13/3 160/6 115/0 2/0
Cortador (a) 2/1 3/1
Tejedor(a) 3/1 60/0
Revisión 9/0
Inspección 1/0 4/0
Plancha 1/0 3/0 12/0
Miscelánea
plancha
5/0
Empaque 4/0 4/0 0/2
Chofer 0/1 0/1 0/3
Electricista 0/1
Soldador 0/1
Mecánico 0/1 0/11 0/2 0/2 0/2
Vigilancia 0/3
Aseo 1/0 2/0
Fuente: Elaboración propia a partir de los expedientes por persecución sindical del MTSS.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 13
Las diferencias salariales entre hombres
y mujeres durante la década de 1970.
La principal limitación para analizar eventuales desigualdades salariales según
el sexo radica en la escasez de fuentes primarias sistemáticas, sin embargo, existe una
documentación que, aunque fragmentada y dispersa, aporta algunas pistas en relación
con una potencial desigualdad salarial basada en el sexo de los trabajadores. Por lo tanto,
se realiza aquí un estudio exploratorio empírico con base en dos tipos de fuentes que son
las planillas de empresas del sector textil cuando contienen información con respecto a
salarios y las publicaciones por parte del Consejo Nacional de Salarios de los salarios
mínimos mensuales establecidos ocialmente por ocios industriales entre 1958 y 1980.
Aunque no permiten concluir de manera denitiva sobre la existencia de desigualdad
salarial entre los trabajadores según el sexo, esas fuentes proporcionan informaciones
convergentes y permiten formular algunas hipótesis que se presentan aquí.
Lo que se desprende de esos datos es que la división sexual del trabajo en la
industria textil no permite a las mujeres acceder a los salarios más altos de la empresa,
pues independientemente de su calicación o responsabilidad ellas se encuentran en los
rangos más bajos de la escala de salarios. Del análisis de las planillas de las empresas
de la industria del vestido encontradas, se puede conjeturar que la mano de obra feme-
nina está afectada por una doble segregación, horizontal y vertical que encauza a las
mujeres hacia los salarios más bajos. Según la primera, hombres y mujeres se encuen-
tran respectivamente concentrados y concentradas en labores “típicas” de su sexo en
función de criterios previamente establecidos en la esfera doméstica. En su dimensión
horizontal, la segregación ocupacional implica no solamente diferencias, sino también
desigualdad, pues en términos de salarios esa segregación sirve de fundamento para
asociar los salarios más bajos a las labores asignadas a la mano de obra femenina.
Según la segunda, las mujeres se encuentran concentradas en niveles inferiores o
subalternos de la jerarquía de la empresa, mientras los hombres tienen un mayor acceso
a los niveles superiores de responsabilidad y participan, por lo tanto, más en las tomas
de decisiones. En la empresa textil “REGAL S.A.” en 1979, mientras una costurera
(ningún puesto de costura está ocupado por hombres) cobra por hora un salario bruto
de 5,22 colones, un mecánico gana más de tres veces más (17,7 colones por hora)
que incluso un guarda que tiene un salario bruto superior con 7,8 colones por hora
(Archivo Nacional de Costa Rica, 1975-1981). Los hombres encargados del empaque
perciben un sueldo levemente superior al de las costureras y las mujeres encargadas de
la limpieza y del planchado perciben el mismo salario bruto por hora que las costu-
reras, señal que a éstas últimas no se les reconoce un valor mercantil a sus habilidades,
aunque los patronos declaran en las diligencias para obtener la autorización del trabajo
nocturno de las mujeres que necesitan mano de obra femenina para operar las máquinas
de coser porque solamente ellas tienen las habilidades para realizar esas tareas. A la
hora de remunerar ese trabajo, sin embargo, no parecen reconocer esas habilidades.
El puesto de supervisora ocupado por mujeres, si bien se remunera un poco mejor
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica14
(6,25 colones brutos por hora) que el trabajo de las “operadoras de máquinas de coser”,
siempre está por debajo de los guardas, por ejemplo, en términos de salario-horario.
Otra fuente, aunque aislada, muestra que aun cuando hombres y mujeres
desempeñan las mismas tareas, existen indicios de desigualdad salarial. No se
encontró fuentes sistemáticas que permitan armar que esa situación se haya repetido,
lo cual habría que corroborar, pero llama la atención la situación que se desprende
de la planilla del año 1980 de la empresa “Yolanda de Costa Rica S.A.” (Tabla 2).
En efecto, destaca de la lectura de ese documento que independientemente de la
cantidad de horas realizadas, el salario percibido en concepto de pago por el trabajo
de aplanchado en dicha empresa por las seis mujeres que laboran en ese departa-
mento es sistemáticamente inferior al salario percibido por los cuatro hombres del
mismo departamento (las mujeres reciben en promedio el 62,2% del salario de los
hombres). El documento original indica que, dentro de ese departamento, todas las
personas desempeñan las mismas funciones. Si bien la muestra es insuciente para
sacar conclusiones denitivas, al menos llama la atención e invita a realizar futuras
investigaciones para vericar si esta situación particular obedece a un patrón recu-
rrente o si otras variables desconocidas pueden explicar esa diferencia.
TABLA 2
Salarios de hombres y mujeres en el departamento de aplanchado
de la empresa textil “Yolanda de Costa Rica”.
SEXO NOMBRE OCUPACIÓN
DÍAS
TRABAJADOS
HORAS
TRABAJADAS
SALARIO
SALARIO/
HORA
F
Rojas Rojas
Rita María
Aplanchador/a 5 38 289,2 7,61
M
Alvarado
Alvarado Minor
Aplanchador/a 3 28 391,3 13,97
F
Alvarado
Castellón Doris
Aplanchador/a 3 25,5 228,7 8,96
M
Pérez Zúñiga Víctor
Aplanchador/a 6 48 689 14,35
M
Sánchez Abarca
José
Aplanchador/a 6 48 622 12,95
F
Mora Chavarría
Luisa
Aplanchador/a 6 48 430,5 8,95
F
Calvo Arce
María Eugenia
Aplanchador/a 6 43 383,6 8,92
F
Chavarría Mena
Etelvina
Aplanchador/a 6 48 423,7 8,82
M
Molina Angulo
Germán
Aplanchador/a 6 48 706,1 14,71
F
Zúñiga Ordoñez
Ma. Isabel
Aplanchador/a 6 48 434,45 9,05
Fuente: Elaboración propia con base en la planilla de la empresa “Yolanda de Costa Rica S.A.”, consultable en el
plebiscito ordenado por el Tribunal de Trabajo de San José en 1980.
8
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 15
El establecimiento de los salarios mínimos mensuales constituye otro indicio a
tomar en cuenta para sustentar la reexión en torno a las desigualdades salariales entre
hombres y mujeres. En efecto, cada dos años el Consejo Nacional de Salarios publica
la tabla de los salarios mínimos por profesión establecidos por los 9 miembros del
Consejo Nacional de Salarios en su representación en partes iguales del Estado, de los
patronos y de los trabajadores. Aunque esa publicación no contiene información explí-
cita relacionada con el sexo de los trabajadores, como se puede observar en la Tabla 3,
es notable que los salarios mínimos de los ocios industriales tradicionalmente conside-
rados como masculinos son signicativamente más elevados que los ocios ocupados
mayoritariamente por mujeres que entre 1958 y 1964 son hasta redactados en feme-
nino (“Cortadoras”, “Tejedoras”, “Costureras”, “Operadoras de máquinas”, Aplancha-
doras”, “Moldeadoras”). Los salarios mínimos de esos ocios “femeninos”, inclusive
el de costurera, son inferiores a los otros obreros y signicativamente más bajos que los
ocios similares en la sastrería. En 1974 y 1980, los salarios que se ofrecen en la indus-
tria textil, más feminizada siguen siendo notablemente inferiores a los que se ofrecen en
otros sectores de la industria donde predomina la mano de obra masculina (Ver Tabla 3).
TABLA 3
Salarios mínimos mensuales en colones de varios ocios industriales.
Los salarios mínimos establecidos por los 9 miembros del Consejo
Nacional de Salarios en su representación en partes iguales del Estado, de
los patronos y de los trabajadores, entre los años 1958 y 1980.
1958-1960
9
1962-1964
10
1974
11
1980
12
Fábrica de conservas alimenticias
Obreros Especializados
Peones.
14,95
13
8,00 8,00
14,25
14
41,00
15
Panaderías
Horneros
Otros Obreros Especializados.
Ociales de mesa
Otros trabajadores del proceso
16,40
14,40
11,60
6,80
17,20
15,20
12,40
7,60
23,80
22,75
19,20
13,25
55,70
54,30
48,95
40,15
Fábricas de chocolates y conturas
Obreros Especializados
Operadores de máquinas
Otros trabajadores del proceso
16,80
10,40
17,60
11,20
8,00
17,35
14,25
46,70
41,00
Fábricas de café molido
Tostadores
Peones
12,00
9,60
13,20
10,40
23,00
17,25
54,80
46,60
Fábricas de cervezas
Obreros Especializados
Operadores de máquinas
Peones
18,00
14,00
10,00
18,80
15,20
11,20
26,00
23,00
19,00
57,30
54,80
48,85
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica16
Fábricas de tejido de punto
Fogonero
Tintorero, engomador
Cortadoras, tejedoras
Costureras, operadoras de máquinas,
aplanchadoras, moldeadoras
Revisor, ayudante fogonero, peón
tintorería
Operador máquina Tejer Cilíndrica
No especicado
11,00
9,90
16,40
13,20
12,00
10,80
10,40
9,60
7,60
Fábricas de suéteres
Cortador, tejedor
Revisador, aplanchador
Costurera
Abotonadora, ojaleadora, remalladora,
devanadora
No especicado
12,00
10,80
10,40
9,60
7,60
Fábricas de medias y calcetines
Tintorero
Operador de máquina circular operador
de máquina cerradora
Hormadora, remalladora, revisadora
No especicados
13,20
10,80
9,60
7,60
Talleres de costura y fábrica de ropa
Costureras, aplanchadoras, operadoras de
máquinas
No especicados
10,80 11,60
16
8,00
Industria textil
Operadores de máquinas
Pasadores
Devanadores, acanilladores
Otros trabajadores
17,25
15,70
15,25
14,25
46,60
42,90
42,20
41,00
Sastrerías
Modelista
Ocial de arreglos
Cortadores
Sastres, obreros especializados
Operador de máquina
Otros trabajadores del proceso
26,40
26,40
26,40
16,40
11,60
8,00
31,45
29,55
14,25
62,65
61,55
41,00
Ebanisterías, tornerías, tapicerías, fábricas
de billares y muebles de mimbre
Ebanistas
Obreros Especializados
Operadores de máquinas
Otros trabajadores del proceso
18,00
16,00
9,60
20,00
17,60
10,40
29,00
27,20
24,30
16,80
60,45
58,40
56,85
45,40
Reparación de llantas
Obreros Especializados
Otros trabajadores del proceso
16,00
11,60
18,40
13,20
26,45
17,15
56,70
46,20
Fábricas de escobas, cepillos y similares
Obreros Especializados
Amarrador
Otros trabajadores del proceso
10,80
8,80
12,00
9,60
17,65
15,25
46,00
42,00
Fuente: Elaboración propia con base en la publicación por el Consejo Nacional de Salarios, adscrito al Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 17
La división genérica del trabajo asigna a las mujeres tareas relacionadas con
cualidades supuestas de su género: consiste en una extensión al espacio de trabajo de los
roles reproductores de las mujeres en el seno de su hogar. No se trata de una simple divi-
sión sexual de los empleos, sino de una valoración asimétrica de las tareas desempeñadas
por los hombres y por las mujeres y de las cualidades requeridas por ambos, lo cual
genera desigualdades salariales y un desigual acceso a los puestos de poder (a las mujeres
se les asigna los empleos subalternos). Se traduce también en una asimétrica posibilidad
de ascenso dentro de las empresas, como le demostró en 1976 en su tesis de Licenciatura
en Trabajo Social María de los Ángeles Rojas Víquez, quien analizó la problemática de
las obreras industriales en la industria textil y de la confección (Rojas Víquez, 1976). La
autora observa que las mujeres se preocupan más por capacitarse (55% de las mujeres
encuestadas recibieron capacitación y solamente 8% de los hombres). Sin embargo,
mientras el 50% de los hombres que se capacitan ascienden solamente el 40,9% de las
mujeres. Por otro lado, el 34% de los hombres que no se capacitan ascienden y sola-
mente el 16,6% de las mujeres. En consecuencia, los hombres son más numerosos en
ocupar puestos de jefatura, lo cual incrementa las desigualdades salariales.
EL PAPEL DE LAS NORMAS JURÍDICAS E INSTITUCIONALES
Los procesos de división sexual del trabajo no existen sin las lógicas institucio-
nales subyacentes. Las formas de incorporación de las mujeres al mercado laboral están
atravesadas por transiciones en sus vidas, como el matrimonio o la maternidad que
interrumpen su trayectoria laboral. Esos mecanismos son producto de normas jurídicas
y prácticas institucionales que incentivan la disociación entre la vida maternal y la vida
laboral de las mujeres. El Estado desempeña, mediante leyes y prácticas institucio-
nales, un papel fundamental en la construcción, o no, de oportunidades para cambiar los
patrones de inserción al mercado laboral. El Estado puede ejercer un peso sobre las rela-
ciones de género en el mercado laboral mediante varios instrumentos como el Código
de Trabajo, la política educativa, la instauración de salarios mínimos o la implementa-
ción o no de una red de cuido de los niños pequeños, entre otras cosas. Se analizará aquí
sucesivamente el rol desempeñado por la legislación laboral, las prácticas del Minis-
terio de Trabajo y Seguridad Social y la política de jación de los salarios mínimos.
Leyes laborales y protección de minorías entre 1943 y 1980.
El 26 de septiembre de 1979 el MTSS organiza un primer simposio sobre trabajo
de mujeres y menores de edad durante el cual se clarica la situación de esa población en
el Código de Trabajo costarricense. En su exposición durante ese simposio, Arnoldo Sáenz
Paniagua, asesor de la División de Asesoría Jurídica sobre el “trabajo de la mujer y los
menores de edad” aclara sobre el espíritu con el cual se elaboró dicho Código de Trabajo:
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica18
[…] tómese en cuenta que la mujer de acuerdo a las necesidades de nuestra
época, ha sido tratada con mayor consideración debido a su debilidad física, y
por factores de índole religiosa. De ahí que el legislador del año 1943 imbuido
por esos motivos trató de favorecerla, de darle un tratamiento especial. (Archivo
Nacional de Costa Rica, 1979-1983).
Aunque esa legislación relativa al trabajo de las mujeres y de los menores no
sea una exclusividad de la legislación laboral costarricense (International Labour
Organization, 2001), merece la pena observar las intenciones que la motivan. De
acuerdo con los comentarios del asesor jurídico del MTSS en 1979, esas intenciones
son de índole moral principalmente y desde un principio impiden una inserción feme-
nina al mercado laboral al mismo nivel que el de los hombres. Una de las principales
limitaciones a la incorporación de las mujeres al sector industrial que introduce esa
legislación protectora es la prohibición del trabajo nocturno de las mujeres, inscrita
en el artículo 88 inciso b del Código de Trabajo.
El rol del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y de
las autoridades gubernamentales en general entre 1960 y 1980.
La visión de género de los programas sociales del MTSS (1970-1980)
Los enfoques asumidos por las autoridades gubernamentales acerca de la
incorporación de las mujeres al mercado laboral no son necesariamente homogéneos.
Esas posiciones se perciben en los programas recreativos del Ministerio de Trabajo
y Seguridad Social, en declaraciones ociales de responsables gubernamentales y en
las políticas de jación de salarios mínimos y son indicadores de cómo se percibe la
incorporación de la población femenina al mercado laboral y del reconocimiento que
se les da o no a las habilidades de esa población.
En 1972, la Dirección Nacional de Seguridad Social del MTSS, mediante su
Departamento de Protección Especial a las Mujeres Trabajadoras y a los Menores
Trabajadores, organiza “actividades sociales especiales con la mujer y el menor
de edad” (Archivo Nacional de Costa Rica, 1972b). En el marco de esas activi-
dades, tiene lugar un “campamento recreativo para la mujer trabajadora e hijos” no
desprovisto de un contenido moralizador y destinado explícitamente a controlar la
forma en que esas mujeres emplean su tiempo libre con sus hijos. En efecto, dentro
de las actividades previstas durante el campamento de tres días en Quepos, están
previstas conferencias sobre “conducta del menor”, sobre “la moral en el hogar”
y “paternidad responsable” además de paseos a la playa y deportes. En el mismo
documento, se precisa que el objetivo es “aumentar la capacidad de sus labores
remuneradas y cotidianas para lo que hace necesario una recreación dirigida”.
Queda claro que el tiempo libre no puede desviar a esas mujeres trabajadoras de
ciertos principios ni de sus tareas esenciales que son criar a sus hijos según cierta
moral y cumplir con su trabajo.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 19
Acerca de las guarderías infantiles, se puede observar que el enfoque ocial
no tiene una línea única y que diferentes puntos de vista se oponen. Cuando en
1975 el ministro de Gobernación, Policía y Justicia, Jorge Arturo Montero se feli-
cita de la inauguración el día 15 de agosto de guarderías infantiles, se reere a
varios estudios que señalan la necesidad de prevenir la delincuencia mediante un
sistema estatal de cuido de la infancia (Archivo Nacional de Costa Rica, 1975c).
En ese documento, el ministro percibe la delincuencia como una consecuencia
negativa del trabajo de las mujeres fuera de sus hogares:
El abandono moral que hacen los padres muchas veces obligados por las circuns-
tancias más aún en los tiempos actuales en que la esposa debe ayudar con las
cargas familiares, trabajando ella también, lo que hace que los niños queden en
manos no apropiadas para su buen desarrollo físico, moral e intelectual.
El trabajo femenino se concibe exclusivamente como un paliativo a la
pobreza de los hogares. Esta declaración del ministro de Gobernación, Policía y
Justicia no da espacio para otra concepción del trabajo femenino, quedando claro
que el lugar de las madres está cerca de sus hijos y que, de no ser posible, las guar-
derías infantiles no sirven más que para mitigar el perjuicio causado por el trabajo
de las mujeres fuera de sus hogares. Claro está que, al n y al cabo, la apertura de
esas guarderías tuvo un impacto positivo para las mujeres porque favorecieron la
incorporación al mercado laboral de las más necesitadas de entre ellas.
Una posición distinta adopta tres años más tarde la ministra de Trabajo
y Seguridad Social, Estela Quesada Hernández, cuando solicita a la Dirección
Nacional de Seguridad Social que se implemente un servicio de cuido infantil para
incorporar de manera satisfactoria y duradera a las mujeres al mercado laboral
“cuando la mujer por múltiples situaciones se compruebe que forma parte de la
fuerza laboral del país” (Archivo Nacional de Costa Rica, 1973-1978).
El papel de los mecanismos de fijación de los
salarios mínimos (1960-1980).
Los índices de salarios mínimos establecidos por los representantes del
Estado, los patronos y los sindicatos de trabajadores durante las sucesivas adminis-
traciones entre 1960 y 1980 sancionan salarios signicativamente más bajos para
las costureras, las cuales, en la nomenclatura utilizada, no son consideradas como
obreras calicadas. Por lo tanto, sus salarios se encuentran en el nivel salarial de
los peones de otros sectores industriales.
Como quedó detallado más arriba, los salarios mensuales mínimos estable-
cidos para el sector industrial, publicados por el Consejo Nacional de Salarios y
acordados entre los representantes en partes iguales del Estado, de los patronos y de
los trabajadores para los años 1958 a 1980, evidencian desigualdades muy grandes
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica20
entre los cargos ocupados mayoritariamente por hombres y los ocios considerados
femeninos, siempre en detrimento de los empleos donde las trabajadoras son la
mayoría. Esa situación signica que las entidades estatales, patronales y sindicales
encargadas de establecer los salarios mínimos no reconocen a las costureras habili-
dades especícas de su ocio. Las desigualdades observadas para el período 1958-
1960 permanecen durante los siguientes años. La sastrería (ocio mayoritariamente
masculino), en cambio, está dividida en seis ocios cuyos salarios están entre los
más altos entre los ocios obreros.
En el proceso de industrialización, el capitalismo industrial utiliza por lo tanto
las desigualdades de género generadas por el patriarcado, se las re-apropia y las repro-
duce, lo cual genera una descalicación y una precarización del trabajo femenino y
acentúa la subordinación de las mujeres. Las que se incorporan al trabajo industrial
a partir de la década de 1960, lo hacen en un contexto de cambios en los patrones
de gestión empresarial. En efecto, al crecer el tamaño de las empresas, un cambio
importante en la organización del trabajo industrial contribuye entonces a acentuar
la segmentación laboral por género, pues las prácticas derivadas de la Organización
Cientíca del Trabajo (OCT) y destinadas a racionalizar lo más posible el proceso
de producción, se generalizan y su implementación trae consigo en la jerarquía de
las empresas nuevas funciones y puestos, en su mayoría ocupados por hombres y
relacionados con la ingeniería industrial, el control al rendimiento y a la calidad de
la producción, cuya multiplicación tiende a reforzar la división sexual del trabajo
ya existente y a acentuar la posición subalterna de las trabajadoras involucradas en
el proceso de producción. Además, al fragmentar el proceso de producción en una
multitud de tareas sencillas y repetitivas, la OCT contribuye a la desvalorización de
las tareas feminizadas de manufactura. Por lo tanto, aunque desde antes de la década
de 1960 las relaciones de producción capitalistas ya eran operativas en la economía
costarricense, la incorporación de esos nuevos métodos de gestión empresarial
acentúa el mecanismo de división sexual del trabajo y, al multiplicar las funciones
de mando, refuerza la posición subalterna de las trabajadoras manufactureras.
EL PESO DE FACTORES SUBJETIVOS: LOS MODELOS FAMILIARES
Y LAS PRÁCTICAS PATRONALES ENTRE 1960 Y 1980.
La evolución de los modelos familiares en Costa Rica entre 1960 y 1980.
Por una parte, como espacio donde se construyen las relaciones de género, la
familia no puede ser excluida del análisis. Por otra parte, el estudio de los modelos
familiares tiene que tomar en cuenta que la familia no constituye una unidad de inte-
reses, pues en realidad los intereses de los miembros de una familia son diversos y
pueden entrar en conicto entre sí. Los hombres y las mujeres no tienen necesariamente
el mismo signicado de la familia ni tampoco las mismas expectativas de la familia.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 21
La literatura costarricense brinda una fuente de información acerca de la creciente
tensión en la sociedad de los años 1960 entre las tradiciones y la modernidad. Esa
tensión se plasma en las relaciones entre hombres y mujeres tanto en la esfera laboral
como en el espacio de las relaciones familiares e interpersonales en general, como lo
muestra Carmen Naranjo en su primera novela publicada en 1966 (Naranjo, 1978).
Estudios realizados por Eugenia Rodríguez, Isabel Vega, Allen Cordero y
más recientemente por Alfonso González para períodos que van desde la época
liberal hasta las últimas décadas del siglo XX permiten contextualizar esa novela
de Carmen Naranjo. Desde la subjetividad de la autora, su peculiar sensibilidad
nos acerca a ciertas problemáticas referentes a las relaciones de género y a la forma
en la que se están reacomodando en la sociedad costarricense durante la década
de 1960. Los diálogos y conictos imaginados en Los perros no ladraron reejan
cómo se están deconstruyendo y reconstruyendo en la sociedad costarricense de
nales de la década de 1960 las representaciones sobre el trabajo femenino. La
novela constituye también un acercamiento a las tensiones generadas en esa misma
sociedad por la incursión de algunas mujeres en espacios considerados masculinos.
La escritora evidencia la crisis existencial de un grupo de burócratas josenos.
A través de los diálogos entre colegas, entre jefes y subalternos, entre esposos y
esposas, hijos y padres, aoran relaciones sociales en las cuales, con dicultad, las
tradiciones y la modernidad logran conciliarse.
Por lo tanto, la novela constituye un aporte valioso para entender las represen-
taciones construidas por la literatura de la época sobre las relaciones de género en la
sociedad josena de la década de 1970. Las mujeres se tropiezan con obstáculos para
surgir en el mundo laboral presentado como hostil. Una ocinista (la “Señora Ortiz”)
le reclama a su jefe inmediato la poca consideración de la que goza, que se traduce en
falta de reconocimiento (Naranjo, 1978). Se queja de quedar en una posición subal-
terna mientras los hombres alrededor de ella ascendieron:
(La “señora Ortiz”)- Le hablo de lo que es la realidad. La mujer en este país
está relegada al puesto de auxiliar insignicante y nadie quiere dejarla avanzar.
A pesar de su preparación, de su esfuerzo por mejorar, de su puntualidad, de
su honradez, sólo se la toma en cuenta para cosas de poca importancia. Para
llevar y traer papeles, para copiar a máquina, para hacer mandados, para dar
recados. Tiene capacidad de realizar las cosas por ella misma, pero nadie le
confía asuntos importantes. (pp. 147-148)
La respuesta del jefe de la señora Ortiz desvirtúa sus argumentos e insinúa que
las quejas de esa mujer no son más que el producto de su “resentimiento”, alegando
que las mujeres lograron incorporarse plenamente en la sociedad:
El mundo está cambiando. Las mujeres están tomando sus papeles en todas
partes y en todas las circunstancias. Ya las luchas para lograr su incorpora-
ción son cosa de historia. Ha quedado un poco de resentimiento en ustedes,
eso es todo. (p. 148)
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A lo que la señora Ortiz responde, consciente del lugar en el que la quiere relegar:
¿Resentimiento? ¿Y los hechos? ¿A cuántos idiotas han ascendido, sin más
mérito que beber unos tragos con el director y sobarle la espalda? En cambio,
¿Qué ha pasado con las mujeres? Han quedado fosilizadas en sus mismas posi-
ciones, sin siquiera tener derecho al berrido. (p. 148)
Llama la atención, por otra parte, en esa misma obra, el discurso de la sociedad
sobre las mujeres. La autora pone en evidencia el peso de las expectativas de la
sociedad costarricense sobre esas mujeres amas de casa, el cual abre poco espacio
para una realización personal fuera del hogar. Aunque la novela retrata una sociedad
costarricense modernizada en la década de 1960, muestra también la persistencia de
una visión conservadora respecto del papel de las mujeres y de los roles de género.
Por su parte, en su análisis de la evolución de los roles femeninos y masculinos
en la sociedad costarricense de las décadas de 1950 y 1960, Alfonso González retrata
una sociedad dentro de la cual los roles femeninos son objeto de numerosas tensiones
y confrontaciones (González Ortega, 2005, pp.179-181). En efecto, por un lado, las
mujeres, en la continuidad del acceso al voto, incursionan poco a poco en espacios
masculinos como el mercado laboral y, por otro lado, enfrentan las posiciones de
grupos conservadores que perciben estos cambios como una amenaza al orden familiar
establecido. A partir de la década de 1950, los sectores más conservadores de la clase
media y alta son los que impulsan el nuevo modelo del hogar moderno y multiplican
los esfuerzos para mantener a las mujeres dentro de la esfera doméstica. Dentro de ese
contexto, nuevos medios de comunicación destinados especícamente a las mujeres
buscan realzar el estatus del ama de casa. Se dirigen a ellas como a agentes económicos
de consumo de bienes y servicios y, según González, el nuevo modelo de hogar que
difunden funciona entonces como un “antídoto contra la fuga de mujeres, potenciales
madres, hacia el mercado laboral”. Las revistas dirigidas a las mujeres casadas contri-
buyen a modernizar la imagen del ama de casa y a hacerla más atractiva. Dentro de este
“hogar moderno” que se está diseñando, las exigencias hacia las mujeres son mayores:
el deber de pulcritud implica entonces mantener atractivos su cuerpo y su casa.
La historia demográca de Costa Rica es otro recurso fundamental para
entender cómo evolucionaron las familias entre 1960 y 1980. En el transcurso de la
segunda mitad del siglo XX, Costa Rica completa en muy poco tiempo la transición
demográca, por lo que ese período se caracteriza por un aumento signicativo de la
esperanza de vida de la población y un descenso de la tasa de fecundidad después de
haber alcanzado ésta números muy altos (Pérez Brignoli, 2010). En efecto, a inicios
de la década de 1960, la población costarricense alcanza sus más altas tasas de fecun-
didad con un promedio de 7,3 hijos por cada mujer en edad de procrear. Esa tasa baja
a 6,3 en 1966, alcanza 3,8 en 1979 y seguirá disminuyendo durante los siguientes
años. Esa disminución es producto de un cambio intergeneracional iniciado por
mujeres nacidas entre 1930 y 1945 y el cual fue intencional. El descenso de la fecun-
didad observado entre 1963 y 1973 es por lo tanto emblemático de cambios funda-
mentales ocurridos en el seno de las familias costarricenses.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 23
Esos cambios no descansan exclusivamente en el tamaño de las familias que
son más pequeñas, sino en la toma de conciencia por parte de las mujeres que tienen
el poder de ejercer un mayor control sobre la natalidad y sobre su vida reproduc-
tiva, la cual desde entonces se va a vivir cada vez menos como una fatalidad. Esos
cambios inciden en la percepción del trabajo femenino. Aunque este se siga perci-
biendo negativamente por gran parte de la sociedad costarricense, como un tiempo
que se roba al cuido de la familia, como una actividad sospechosa que permite a las
mujeres incursionar el espacio laboral masculino, empiezan a surgir nuevos patrones
entre las mujeres jóvenes, quienes al ejercer más control sobre su maternidad se
atreven a incorporarse al mercado laboral. No obstante, la perennidad del pacto en la
sociedad costarricense entre los discursos católico y liberal acerca de las relaciones
de género frena esos cambios tanto en el seno de las parejas como en el ámbito
laboral (Flórez-Estrada Pimentel, 2011).
El papel de las prácticas patronales en el proceso de
incorporación de hombres y mujeres al mercado laboral
entre finales de la década de 1960 y 1980.
“Ellas lo hacen mejor”: La visión de género en las solicitudes
de suspensión de la prohibición del trabajo nocturno
de las mujeres a finales de la década de 1960.
Como se ha mencionado, entre 1960 y 1980, la industria textil enfrenta dicul-
tades para reclutar mano de obra calicada en confección. Sin embargo, los empresa-
rios de ese sector optan por no romper con la segmentación del mercado laboral para
resolver ese problema. Esa escasez de mano de obra en el sector textil, la conrman las
solicitudes realizadas por varios empresarios de ese sector para obtener la autorización
de contratar mujeres en horarios nocturnos. Argumentando que el trabajo tenía que ser
realizado por mujeres, los dueños de empresas textileras han solicitado permiso para
que éstas puedan trabajar después de las diez de la noche. El 25 de octubre de 1967, los
gerentes de Industrias “Sedalana” solicitan al Ministerio de Trabajo permiso para que
las mujeres puedan trabajar después de las diez y media de la noche porque trabajar en
forma continua permitía disminuir costos y competir en el mercado centroamericano
(Archivo Nacional de Costa Rica, 1967). En su solicitud argumentaban: “No es trabajo
peligroso o insano para las mujeres y ellas lo hacen mejor y con mayores ventajas que
los hombres”. Tres meses más tarde, el inspector del MTSS rinde un informe favorable
a la empresa. Después de alabar la labor de los industriales costarricenses que “moder-
nizaron la industria del país”, agrega con respecto a la mano de obra femenina: “Es
notorio determinar que la mano de obra femenina, debido al cuidado y esmero que pone
en su trabajo y acabado, es la adecuada para estas actividades.” Finalmente, el 25 de
marzo de 1968 el MTSS autoriza el trabajo nocturno de las mujeres para esta empresa.
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Dos años más tarde, la empresa “Ticatejidos S.A.” motiva su solicitud de suspender
la prohibición del trabajo nocturno de las mujeres de la siguiente manera (Archivo
Nacional de Costa Rica, 1970b): “éstas son más cuidadosas que los hombres y más
rápidas para manipular los hilos y los husos, adquieren una especialización, que
sería rara en el hombre.”
¿Cualidades reales o imaginarias? Los argumentos utilizados para justicar el
reclutamiento de mano de obra femenina para ciertas labores plantean una pregunta
relativa al signicado de las diferencias genéricas para los industriales y los inspec-
tores del MTSS, quienes no parecen proponer en ningún momento la posibilidad de
recurrir a la mano de obra masculina para llenar las necesidades del sector industrial.
Las cualidades requeridas para tales labores “serían raras en el hombre”. Por lo tanto,
para esos actores, el género es una categoría en torno a la cual parece entonces nece-
sario y pertinente organizar la producción industrial. ¿Cuáles son esas cualidades
que los patronos piensan encontrar exclusivamente en las mujeres? Esmero, rapidez
y minuciosidad son las aptitudes que los industriales mencionan en forma recurrente
y se relacionan más con conductas adquiridas por las mujeres durante el proceso de
socialización que con habilidades o calicaciones propias del ocio de la costura.
Las estrategias patronales en el manejo de los conflictos
laborales en la industria textil durante la década de 1970.
Los expedientes por persecución sindical del Ministerio de Trabajo ponen al
descubierto las prácticas empleadas por los patronos hacia la población obrera feme-
nina. Lo que revelan estos documentos es el poder de coerción del personal, femenino
y masculino, con función de mando intermedio (supervisión, jefatura de departamento,
por ejemplo) sobre las obreras. Los conictos colectivos analizados (en la empresa
Yolanda de Costa Rica S.A. (Archivo Nacional de Costa Rica, 1974b), y en Lux
Form (Archivo Nacional de Costa Rica, 1974c), en noviembre de 1974 en la empresa
“Industrias DOYCO S.A.” (Archivo Nacional de Costa Rica, 1974d), en octubre de
1976, entre el Sindicato de la Industria Textil, UTRATEXCO y la “Textilera de Tres
Ríos S.A.” (Archivo Nacional de Costa Rica, 1976b), revelan que las funciones de
mando intermedio son importantes para la dirección a la hora de ejercer acciones
de coerción sobre las trabajadoras aliadas a un sindicato. En sus declaraciones al
Inspector de Trabajo, las trabajadoras entrevistadas señalan las presiones recibidas
por sus jefes inmediatos para abandonar el sindicato. Todas hablan de persecución
sindical para referirse a las presiones que reciben por parte de sus supervisoras o jefe
de personal para obligarlas a abandonar su aliación al sindicato. También indican un
trato desigual por parte de los jefes inmediatos hacia las obreras según si están aliadas
al sindicato o no. Los testimonios sugieren que más allá de su función de organiza-
ción y de supervisión del trabajo de producción, el personal con funciones de super-
visión actúa como agentes ecientes para coartar la libertad sindical de las obreras.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 25
Sus acciones le evitan desgaste a la jerarquía y consisten en presionar a las obreras
para que renuncien a su aliación al sindicato, en vigilar a las obreras sindicalizadas
y en tomar medidas de represalias.
LAS REPRESENTACIONES OBRERAS Y FEMINISTAS
Y SU ROL EN LA REPRODUCCIÓN O RUPTURA
DE LOS ESTERETIPOS (1960-1980)
Las asociaciones feministas
Entre 1952 y 1983, las mujeres del Partido Vanguardia Popular reunidas en
la Alianza de Mujeres Costarricenses (AMC o “Aliancistas”) se organizan para
movilizar y conseguir el apoyo de las mujeres de los sectores populares (Alvarenga
Venutolo, 2005). Según Patricia Alvarenga, aunque no cuestionaban las relaciones
de género dominantes en la sociedad costarricense de los años sesenta y setenta
del siglo XX, las Aliancistas lograron incentivar la participación femenina en las
organizaciones obreras. Además, las Aliancistas, como movimiento de mujeres de
izquierda adscritas al Partido Vanguardia Popular, le dieron prioridad a la lucha de
clase y, para evitar una división de la clase obrera, no quisieron cuestionar los valores
patriarcales tradicionales (Rodríguez, 2001).
Su pensamiento se expresa especícamente en el periódico Nosotras a partir
de 1949 sustituido por Nuestra Voz a partir de 1952, el cual dispone de columnas en
la publicación del Partido Vanguardia Popular Adelante, llamado Libertad a partir
de 1962, y su vocación consiste en incorporar a las mujeres con recientes derechos
ciudadanos en las luchas sociales. Se reeren en varias ocasiones a la explotación
especíca contra las mujeres, y propiamente a los salarios más bajos que ellas reciben.
Además, Nuestra Voz lucha para conseguir mejores condiciones de incorporación al
mercado laboral para las mujeres y se hace eco de movilizaciones femeninas. El
trabajo fuera del hogar es presentado como emancipador para las mujeres, como
una herramienta para alterar y generar una evolución en las relaciones de género.
En forma recurrente, las redactoras de Nuestra Voz abogan vehementemente por una
mayor inserción de las mujeres al trabajo fuera del hogar. A pesar de la explotación
de las que son objeto como asalariadas y que combaten, ven en el trabajo fuera del
hogar una forma de empoderamiento de las mujeres. En la edición del mes de junio
de 1956, calican el trabajo de las mujeres fuera del hogar de “hecho más importante
de los últimos 50 años” y ven en él la forma de liberar a la mujer de su “servidumbre
medieval, de los prejuicios que la han oprimido colocándola en lugar inferior”.
Sin embargo, también consideran que esa conquista del espacio laboral está puesta
en peligro por los que abogan por regresar a las mujeres en el “reino del hogar”
(“El trabajo de la mujer”, 25 de junio de 1956, pp. 1-2).
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica26
El trabajo de las mujeres fuera del hogar es para las militantes de la AMC un
hecho histórico, irreversible, liberador, pues permite el acceso a los recursos econó-
micos y es necesario para alcanzar la realización personal. Las redactoras de Nuestra
Voz de junio de 1959 recuerdan que no se pueden eludir los nuevos problemas indu-
cidos por la incorporación de las mujeres en el mercado laboral, como el cuido de
niños pequeños, tienen que ser atendidos y resueltos para evitar “un cobarde volver
atrás” (“Encuentro nacional de mujeres”, agosto de 1959). En 1965, Adela Ferreto de
Sáenz, secretaria de Cultura de la AMC, publica una serie de artículos titulados “La
mujer a través de la Historia” en el periódico Nuestra Voz. En el artículo publicado en
enero (“La mujer en la sociedad capitalista”, enero de 1965) reconoce la importancia
del trabajo remunerado como el mejor camino para emanciparse, pero en la misma
crónica lamenta los salarios más bajos de las mujeres y se reere “principalmente a
las mujeres de la clase obrera”, pues “los capitalistas encuentran en la mujer un ser
más fácil de explotar, un agente de trabajo más barato” A inicios de los años 1970
esa temática retoma fuerza en la publicación de las Aliancistas, a raíz del incre-
mento de la fuerza laboral femenina. Se trata entonces de subrayar la importancia
para las mujeres del trabajo fuera del hogar tanto como mecanismo emancipador,
como “factor de peso muy considerable en el desarrollo económico de la sociedad”
(“Las mujeres en el trabajo productivo”, septiembre de 1971, p. 3). Conscientes del
rol desempeñado por las mujeres en el desarrollo industrial del país, instan a las
mujeres a organizarse dentro del movimiento sindical con una agenda especíca-
mente femenina como la lucha por salarios iguales a los de los hombres.
Finalmente, las mujeres de AMC proponen una agenda de luchas colectivas
muy concretas a las mujeres para facilitar la incorporación de las mujeres al trabajo
fuera del hogar. La más importante está relacionada con la falta de dispositivos del
Estado, destinados a cuidar a los hijos pequeños de las trabajadoras, hecho consi-
derado por la AMC como el mayor obstáculo a la incorporación de las mujeres al
mercado laboral. Para resolver ese problema, hacen reiterados llamados a organi-
zarse para conseguir el establecimiento de una red de “casas-cuna” y guarderías
infantiles con el doble objetivo de favorecer el trabajo femenino fuera del hogar y de
mejorar la educación de los niños más jóvenes.
Adela Ferreto de Sáenz, una de las portavoces de esa reivindicación considera
que “la creación de casas-cuna y de jardines de infancia es una necesidad apremiante
de la vida moderna (“Saludamos a los trabajadores de Costa Rica y del mundo”, mayo
de 1960). En 1962, una comisión de Aliancistas se entrevista con el Ministro de Indus-
trias Hernán Garrón para dar apoyo al proyecto gubernamental de primer hogar-es-
cuela y recuerda que la AMC lucha desde su creación en 1952 para que se establezcan
guarderías infantiles destinadas a los hijos pequeños de las trabajadoras. Incentivan
a las mujeres a organizarse en comités para solicitar “muchas Casas Cunas y Guar-
derías en todos los barrios obreros de la capital y de las provincias.” (“Comisión de
Aliancistas se entrevista con el Sr. Ministro don Hernán Garrón”, julio de 1962, p. 7).
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 27
La lucha reiterada de las mujeres de AMC por el establecimiento de una red estatal de
cuido de niños para las mujeres trabajadoras es el claro reejo del obstáculo funda-
mental que constituye la maternidad para las mujeres que desean incorporarse al
trabajo fuera de su hogar. Es notable el esfuerzo repetido de las feministas de la AMC
en ese sentido. Ellas utilizan también en forma recurrente las columnas del periódico
del Partido Vanguardia Popular, “Libertad”, para dar cuenta de sus esfuerzos en ese
sentido y transmitir las reivindicaciones de mujeres trabajadoras. Es el caso, por
ejemplo, cuando la AMC lamenta el poco interés manifestado por los diputados por
un proyecto de ley llamado “Pro-Hogar Escuela” que se encuentra en la Asamblea
Legislativa desde el año 1963 (“Mejores servicios asistenciales para los hijos de las
madres trabajadoras”, 29 de agosto de 1966, p.5).
Además, la AMC considera que las mujeres son objeto de una explotación
relacionada directamente con su sexo. Inclusive, ven en esa explotación una forma
intencional de dividir los hombres y las mujeres de la clase obrera:
Muchos empresarios preeren colocar mujeres porque pueden explotarlas
más fácilmente, pagándoles salarios inferiores a los del hombre. El patrón
realiza así un doble juego: explota a la obrera, obteniendo mano de obra
más barata, y le dice a los obreros que no hay trabajo porque las mujeres
ocupan los puestos que podrían ofrecerles a ellos, haciendo de esta manera
que el trabajador vea en la obrera su enemiga y la causa de su paro forzoso.
(“Llamado a movilización de mujeres para reclamar la aprobación de la Ley
sobre casas-cunas”, junio de 1965, pp. 1-2).
Las representaciones obreras
El movimiento solidarista.
Ni el periódico del movimiento solidarista, “La Unión”, ni el propio Alberto
Martén desarrollaron un discurso de género claro y explícito, aunque sí fomentaban
comportamientos conservadores con respecto a la familia y a las relaciones sociales.
Es el caso, por ejemplo, cuando Alberto Martén expone los principios del solida-
rismo en un curso de capacitación laboral en noviembre de 1954 y citado por Camilo
Rodríguez Chaverri: “La empresa es la unidad económica y debe ser protegida contra
malos patronos y obreros, como la familia es la unidad social y está protegida contra
malos cónyuges e hijos” (Rodríguez Chaverri, 2009, p. 142). Martén rechaza la idea
de lucha de clase y la sustituye por la “armonía obrero-patronal”. Tampoco considera
que la explotación sea necesariamente negativa, pues el fundador del solidarismo
ve en ella un incentivo para el progreso. Si no se puede armar que el movimiento
solidarista haya manifestado explícitamente algún tipo de hostilidad hacia la incor-
poración de las mujeres en el mercado laboral, tampoco reconoce la explotación de
la que las mujeres son objeto, ni asume activamente una posición favorable a una
mayor y más equitativa incorporación de estas al mercado laboral.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica28
Las centrales sindicales.
Se observa durante las décadas de 1960 y 1970 que el sindicalismo recobra
fuerzas en Costa Rica (Díaz González, 2010), pues la cantidad de organizaciones
sindicales aumenta en un 50% entre 1960 y 1971. Díaz González señala que la
década de 1960 está marcada por una voluntad mutua de acercamiento por parte
de las diferentes centrales sindicales. Durante los años 1960, las dos principales
confederaciones sindicales de Costa Rica son la Confederación Costarricense de
Trabajo Rerum Novarum (CCTRN) y la Confederación General de Trabajadores
Costarricenses (CGTC) y provienen de dos tradiciones de lucha distintas (Aguilar
Hernández, 1989, p. 153). La CCTRN nace en 1943 acompañada del arzobispo de
San José Monseñor Víctor Sanabria y del Presbítero Benjamín Núñez Vargas para
aplicar la doctrina social de la Iglesia católica y con la intención por parte de la
Iglesia católica de mantener su inuencia sobre la clase obrera y de incrementar
su base social, mientras la CGTC se funda en 1953 después de la disolución de la
Confederación de Trabajadores de Costa Rica (CTCR) y con el apoyo del Partido
Vanguardia Popular. A pesar de las intenciones de acercamiento señaladas por Díaz
González, no se puede obviar las discrepancias entre esas dos centrales sindicales
de distintos enfoques ideológicos.
Por lo tanto, al inicio de la década de 1960, las diferencias ideológicas entre
las dos principales centrales sindicales no han desaparecido y se reejan en su
percepción del rol de las mujeres en el mercado laboral. La CCTRN no ha elabo-
rado ningún documento especíco permitiendo identicar su visión de género. La
confederación sindical Rerum Novarum editó varios periódicos (en 1944, se editan 6
números de “Rerum Novarum” entre el 14 de abril y el 18 de mayo, en 1948 y 1949
se publican 12 números de “combate”, órgano de la CCTRN entre el 19 de octubre
de 1948 y el 28 de junio de 1949 y de nuevo en 1957 y 1958) pero ninguno se reere
explícitamente al trabajo asalariado de las mujeres en general. El documento de refe-
rencia de la CCTRN, la Encíclica Rerum Novarum de 1891, expresa por su parte su
rechazo hacia el trabajo asalariado de las mujeres, considerándolo una subversión
del orden social patriarcal y de los valores católicos (Aguado Higón, 2011, p. 109),
no obstante, se trata de un documento lejano. Un artículo del 14 de abril de 1944 del
periódico de la central sindical Rerum Novarum llamado entonces provisionalmente
Rerum Novarum es el único encontrado que muestra un interés por problemá-
ticas que involucran a las mujeres trabajadoras. El referido artículo informa sobre
un conicto salarial entre las saloneras de la “Soda Palace” de San José organizadas
en el sindicato de saloneras, aliado a la Central sindical Rerum Novarum (“Veinte
colones por mes ganan las saloneras de la Soda Palace”, 14 de abril de 1944, pp. 1 y
8). El periódico maniesta en este caso su indignación por el irrespeto al Código de
Trabajo en materia de pago de salario mínimo y de horas extras. El autor comenta
que “los señores de la “Soda Palace” tienen una consciencia muy estrecha o unos
escrúpulos muy escasos para creer que una mujer pueda vivir con 20 colones al mes”.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 29
En las siguientes ediciones del periódico, de los días 20 y 27 de abril y 4, 11 y 18 de
mayo, se da seguimiento a la disputa laboral de las saloneras, apoyando nalmente
la huelga que ellas declaran después de que el patrono haya irrespetado el acuerdo
de conciliación rmado ante el Tribunal de Trabajo. Es notable el espacio signica-
tivo que otorga reiteradas veces dicho periódico a esa querella calicada de “sensa-
cional”. Por lo tanto, la posición de la Rerum Novarum en cuanto al trabajo femenino
no funciona como un bloque homogéneo en contra del trabajo femenino, sino que, a
una postura en principio aparentemente cautelosa y conservadora, se contrapone una
actitud más abierta y más acorde a la evolución de la sociedad costarricense.
La CGTC, como se mencionó anteriormente, benecia de un “campo cedido”
en el periódico semanal “Libertad” del Partido Vanguardia Popular a partir del mes
de diciembre del año 1962. Esas columnas rmadas por la CGTC asumen posiciones
favorables a una mayor y más equitativa inserción de las mujeres al mercado laboral.
Más allá de su apoyo activo durante los conictos colectivos, como se observará en el
capítulo siguiente, la central sindical asociada al Partido Vanguardia Popular desarrolla
en las páginas de “Libertad” un discurso abiertamente favorable a la incorporación de
las mujeres al mercado laboral percibida por esa central como una forma de emanci-
pación femenina y aboga por una mayor participación femenina en la lucha sindical.
CONCLUSIONES
El género es una categoría en torno a la cual se organiza el trabajo en la indus-
tria textil en Costa Rica entre 1960 y 1980 y varios actores dentro de las empresas y
en la sociedad costarricense contribuyen a ese proceso de división sexual del trabajo
en la industria, producto de una interacción entre capitalismo y patriarcado, pues
las relaciones patriarcales determinan el lugar de las mujeres dentro del sistema
de producción capitalista. Los dos sistemas se nutren mutuamente para asignar a
las obreras un lugar subordinado en el proceso de producción, el cual se reeja en
salarios más bajos y en el carácter transitorio del empleo femenino, convirtiendo
entonces la mano de obra femenina en un ejército de reserva y el empleo de las
mujeres en una variable de ajuste del mercado laboral. En términos de salarios, esa
distribución dispar se traduce en fuertes desigualdades en detrimento de las mujeres,
pues los ocios ocupados por ellas son signicativamente menos pagados que los
ocios ocupados por hombres. Esa desigualdad salarial es legitimada institucional-
mente por el sistema de establecimiento de salarios mínimos. Los bajos salarios de
las costureras reejan la falta de reconocimiento de sus calicaciones y destrezas.
En ese proceso de segregación de los ocios según una perspectiva de género,
varios actores intervienen e imponen su visión de género. Las normas jurídicas y
las personas encargadas de interpretarlas revelan que el derecho laboral costarri-
cense se construyó a partir de la idea que las mujeres requieren leyes protectoras.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica30
Una de esas leyes entorpece la incorporación de las mujeres, particularmente en
ocios del sector industrial, al prohibir que ellas trabajen en horarios nocturnos. En
esa legislación median consideraciones subjetivas de índole moral, las cuales entor-
pecen la incorporación de las mujeres al mercado laboral y promueven la idea que las
mujeres desempeñan un papel en la sociedad, como la maternidad, el cual es incom-
patible con una trayectoria profesional. Esos principios y esas normas jurídicas son
también el reejo de la visión que tiene una sociedad acerca del rol de las mujeres e
impactan las formas de reclutamiento y la distribución de los ocios en la empresa.
A eso se agrega el peso de factores subjetivos, tales como los modelos fami-
liares vigentes en Costa Rica durante esas dos décadas y las prácticas patronales,
que determinan en gran parte las modalidades de inserción de los hombres y de las
mujeres en el mercado laboral y, por lo tanto, la distribución de los ocios dentro de
la empresa según el género. Durante las décadas de 1960 y 1970, si bien aparecen
indicios de modernización de los modelos familiares en Costa Rica, persiste también
una visión tradicional de la familia y del rol de las esposas y de las madres dentro de
ella. En efecto, las dos décadas de 1960 y 1970 están marcadas por un mayor control
de la natalidad por parte de las familias costarricenses, lo cual conlleva una disminu-
ción del número de hijos en cada núcleo familiar y por una mayor incorporación de las
mujeres jóvenes en sectores en auge de la economía costarricense como la industria y
los servicios. Sin embargo, la gura familiar dominante sigue siendo compuesta por
un ama de casa entregada a los miembros de su familia y los roles dentro de la familia
siguen siendo determinados fuertemente por la pertenencia de género.
Si bien se ha observado entre parte de la población femenina una capacidad
de transgresión y de resistencia, ésta permanece en el plano individual y privado,
lo que limita su posibilidad de hacer evolucionar en forma duradera y profunda
la visión de género de la sociedad. Esas limitaciones contribuyen a obstaculizar
una reorganización del trabajo industrial en torno a criterios independientes de
las representaciones sociales de género y a su vez limitan el acceso de las mujeres
a los recursos económicos, pues la distribución asimétrica del trabajo industrial
se reeja en las diferencias salariales. Las acciones individuales transgresivas de
mujeres, aisladas, no dan lugar a una acción colectiva de gran amplitud que aglu-
tine esas fuerzas de resistencia para generar un cambio profundo y perenne. Creada
en 1952, la Asociación de Mujeres Costarricenses (AMC), constituye hasta nales
de la década de 1970 la principal organización de mujeres en Costa Rica. Allegada
al Partido Vanguardia Popular (PVP) por su liación política, la AMC pretende
organizar a las mujeres de los sectores populares a partir de su condición de clase
y establece como ejes de lucha los problemas de vivienda, de salarios y de falta
de guarderías infantiles. Sin embargo, la investigación evidencia que las reivindi-
caciones formuladas por la AMC tuvieron un alcance bastante limitado, pues no
llegan hasta la agenda nacional y tampoco son retomadas por las organizaciones
obreras. Por otra parte, las fuentes orales reejan una débil identicación de las
mujeres obreras con las peticiones de la AMC.
Florence Merienne • Factores determinantes en la división sexual del trabajo en la industria textil costarricense (1960-1980) 31
Las prácticas patronales heredan esa visión de género, la cual se maniesta a
la hora de reclutar la mano de obra y en la forma de manejar los conictos laborales.
Las estrategias de reclutamiento incorporan, a la hora de organizar la producción,
cierta perspectiva de género que naturaliza las diferencias entre hombres y mujeres.
Más que cualicaciones, las cualidades femeninas buscadas están más relacionadas
con conductas femeninas (adquiridas o imaginarias) prestadas por los industriales
a las mujeres. En cuanto a la actitud patronal en casos de persecución sindical, se
percibe claramente que el personal femenino es objeto de presiones por parte del
personal de dirección para que renuncie a la acción sindical.
En un contexto de desarrollo industrial y de necesidad de mano de obra, el
sistema capitalista, mediante varios actores como el Estado y el empresariado y
apoyándose en tradiciones patriarcales persistentes, recurre a la población femenina
e inclusive busca favorecer el reclutamiento de mano de obra femenina bajo ciertas
condiciones. Las acciones del Estado trascienden en las normas jurídicas como la
legislación laboral, en los programas impulsados por el Ministerio de Trabajo, en la
política de jación de salarios mínimos. Aunque esa política estatal no es completa-
mente homogénea, predomina en ella una visión conservadora que busca trasladar
la división sexual del trabajo vigente en la esfera doméstica hacia la esfera laboral.
Se producen, por lo tanto, transformaciones sociales propicias al surgimiento de
las mujeres en la esfera pública del mundo laboral. Sin embargo, simultáneamente,
el mismo sistema capitalista retoma las normas culturales vigentes, patriarcales, al
acantonar a las mujeres en tareas que representan una prolongación de su rol de
madre y esposa en la esfera privada, de tal manera que por una parte se justican
así salarios inferiores a los de los hombres y, por otra parte, al preservar las normas
socioculturales, las mujeres pueden ser enviadas de vuelta a sus hogares cuando
sea necesario. Hasta el nal de nuestro período, la mano de obra femenina se sigue
pensando como una especie de ejército de reserva barato cuando el mercado laboral
las necesita y no como un factor esencial del desarrollo del país. Al mantener el
cimiento patriarcal inicial, se busca que las mujeres sigan aceptando como una obli-
gación social incuestionable su rol de madres y esposas.
En cuanto al caso especíco de las obreras de la industria textil, su inserción
al mercado laboral no reduce la carga de trabajo doméstico que pesa sobre ellas, pues
no tienen a su disposición servicios que permitan, por ejemplo, el cuido de sus hijos
pequeños. La responsabilidad del trabajo doméstico no se traslada hacia los hombres.
Son ellas las garantes de la estabilidad familiar y a pesar de su participación activa
en el mercado laboral, ellas permanecen ante todo madres y esposas. División sexual
del trabajo en la esfera privada y en la esfera laboral se nutren mutuamente y no se
cuestionan, manteniendo así a las mujeres trabajadoras en una posición subalterna.
No solamente la incorporación de las mujeres al mercado laboral como obreras se
produce sin un previo cambio de las relaciones de género, sino que se construye
sobre relaciones genéricas desiguales en la esfera doméstica, las cuales sirven de
fundamento para justicar relaciones asimétricas en la esfera laboral también.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 22(1): 1-35. Enero-junio, 2021. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica32
NOTAS
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2 ANCR, Fondo: Trabajo, Serie: Plebiscitos, Signatura: 773, año 1973.
3 ANCR, Fondo: Trabajo, Signatura: 939, año 1975.
4 ANCR, Fondo: Trabajo, Serie: Plebiscitos, Signatura: 754, año 1976.
5 ANCR, Fondo: Trabajo, Serie: Plebiscitos, Signatura: 761, año 1978.
6 ANCR, Fondo: Trabajo, Serie: Sindicato, Signatura: 266, años 1975-1979.
7 ANCR, Fondo: Trabajo, Serie: Plebiscitos, Signatura: 768, año 1981.
8 ANCR; Fondo: Trabajo, Serie: Plebiscitos, Signatura: 769.
9 ANCR, Fondo Presidencia, Signatura: 8159, años 1958-1960.
10 ANCR, Fondo Presidencia, Signatura: 8160, años 1962-1964.
11 ANCR, Fondo Trabajo, Signatura: 227, año 1974.
12 ANCR, Fondo Presidencia, Signatura: 271, año 1980.
13 En colones.
14 Trabajadores del proceso.
15 Trabajadores del proceso.
16 Costureras, aplanchadoras, cortadoras, bordadoras, perforadoras y operadoras
de máquinas.
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