Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons: Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional
117Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica
DOI: 10.15517/dre.v21i1.39629
LA REPERCUSIÓN DE LA DESIGUALDAD Y LA EXCLUSIÓN
EN EL CONFLICTO POLÍTICO DE NICARAGUA DE LA
INDEPENDENCIA HASTA INICIOS DEL SIGLO XX
José Abelardo Baldizón
Resumen
En Nicaragua, desde la independencia hasta principios del siglo XX, prevaleció la
violencia en el conicto político. Esto se debió a la incapacidad de las facciones en
guerra para aceptar el derecho del adversario a convertirse en el gobierno del país,
lo cual sumió al país en una dinámica de exclusión mutua y de constantes guerras
civiles. Los factores clave para generar esta dinámica fueron: la estraticación
social, el clientelismo político y el personalismo. Todos ellos producían un acceso
desigual y excluyente al sistema político. La estraticación social se basaba en una
concepción jerárquica del orden social que provocaba una profunda desigualdad
en la distribución de la riqueza y en la capacidad de participar en la política. En
el sistema político nicaragüense, esta desigualdad se reprodujo en forma de redes
jerárquicas de clientes que luchan entre para controlar el Estado. Al mismo
tiempo, las personas más cercanas a la cúspide de la jerarquía tenían mayores
posibilidades de inuir en el proceso de toma de decisiones políticas. Como
resultado, la inclusión/exclusión en el sistema político fue regulada, en primer
lugar, por la posición que ocupaba en la jerarquía social y política que tenía una
persona y, en segundo lugar, por la cercanía de sus vínculos con los miembros del
campo político que controlaba el aparato estatal.
Palabras clave: sistemas sociales, estraticación social, diferenciación social,
sistema político, guerra civil.
Fecha de recepción: 9 de noviembre de 2019 Fecha de aceptación: 4 de diciembre de 2019
José Abelardo Baldizón Investigador independiente, Managua, Nicaragua. Doctor (Dr.
phil) en historia Latinoamericana de la Universidad de Bremen, Alemania. Contacto:
abelardo.baldizon@gmail.com
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica118
THE IMPACT OF INEQUALITY AND EXCLUSION
IN NICARAGUA’S POLITICAL CONFLICT FROM ITS
INDEPENDENCE UNTIL THE BEGINNING OF THE
20TH CENTURY
Abstract
In Nicaragua, from the Independence until the beginning of the 20th century, the
political conict was marked by violence. This resulted from the inability of the
warring factions to accept the right of the adversary of becoming the country’s
government. This plunged the country into a dynamic of mutual exclusion and
constant civil wars. The key factors in generating this dynamic were: social
stratication, political clientelism, and personalism. All of them produced an
unequal and excluding access to the political system. Social stratication was based
on a hierarchical conception of the social order that caused a deep inequality in the
distribution of wealth and the ability to participate in politics. In the Nicaraguan
political system, this inequality was reproduced in the form of hierarchical client
networks that struggle against each other to control the State. At the same time,
those closest to the top of the hierarchy had greater possibilities to inuence the
political decision-making process. As a result, inclusion/exclusion in the political
system was regulated, rst, by the position in the social and political hierarchy
a person had and, second, by the closeness of his ties with the members of the
political camp that controlled the state apparatus.
Keywords: social systems, social stratication, social differentiation, political
system, civil war.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 119
A lo largo de su historia, Nicaragua ha sido un país desigual, tanto en
términos de la distribución de la riqueza como en relación con el acceso de los
nicaragüenses al sistema político y, con ello, a la toma decisiones que emanan del
Estado. Esta desigualdad histórica ha generado una pequeña élite que ha contro-
lado la mayor parte de la riqueza del país y el poder político asociado al aparato
estatal. El origen de esta minoría todopoderosa se remonta a la estraticación
social heredada del periodo colonial. En otras palabras, la perenne desigualdad
económica y política que ha aquejado a Nicaragua durante toda su historia de repú-
blica independiente es producto de la continuidad de la estructura social jerárquica
instaurada por los españoles durante casi 300 años de dominación colonial, la cual
permaneció vigente con algunas alteraciones, más formales que de fondo, durante
el siglo XIX e inicios del siglo XX.
La estraticación social de Centroamérica durante el período colonial se
basaba en la idea de que la sociedad estaba constituida de manera jerárquica. Se
miraba como algo imposible la existencia de un orden social si no se recurría a la
diferenciación entre estratos sociales inferiores y superiores (Luhmann, 1997, p.
679). Este ordenamiento jerárquico era la distinción primaria con la que se realiza
la diferencia social, la cual servía para regular la inclusión y exclusión de una
persona en la política, las instituciones religiosas y la distribución de la riqueza. En
concreto, esto signica que la pertenencia a un estrato social determinaba cuánto
poder político o riqueza podía llegar a tener una persona.
Esta estructuración jerárquica, que se puede representar como una pirámide,
estaba conformado por cinco estratos: los indios, los mulatos/zambos, los mestizos,
los criollos (españoles americanos) y los españoles peninsulares. El orden de estos
rangos y el pertenecer a uno de ellos dependía de la cercanía cultural y étnica a
lo español (Lockhart, 1984, pp. 285-288). Al respecto, Severo Martínez Peláez
señaló muy bien que “el origen hispano daba superioridad -así se decía- más supe-
rioridad [...] cuanto más puro y cercano fuera ese origen” (1998, p. 88), de ahí que
en la cúspide de esta pirámide social se encontraban los nacidos en España. Por
debajo, se ubica a los criollos, es decir, las personas de padres españoles nacidos
en América, seguidos por los mestizos, los mulatos/zambos y los indios en la base
inferior de la jerarquía (ver Figura 1).
Españoles
Criollos
Mestizos
Mulatos/Zambos
Indígenas
Figura 1. Los estratos sociales en el Reino de Guatemala antes de la independencia de la Corona Española.
1
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica120
Los españoles y los criollos constituían una pequeña minoría. Para el año 1778,
la población de Centroamérica fue contabilizada en un total de 820.145 personas. La
mitad de éstas eran indígenas y habitaban, en su gran mayoría, en las provincias de
Chiapas y Guatemala. En ambas regiones, el 80 por ciento de la población perte-
necía a este grupo étnico. En los casos de El Salvador y Nicaragua, el 50% eran
indígenas. Después de los indígenas, el segundo grupo poblacional más grande eran
los mestizos o ladinos
2
, es decir, las personas cuyos padres pertenecían a diferentes
grupos étnicos. El país con la mayor cantidad de mestizos, ladinos y negros libres
era Costa Rica, con el 85 por ciento de la población catalogada como ladinos. Los
españoles eran sólo una pequeña proporción del total de la población. En ninguna
de las provincias había más de un 7 por ciento; en Chiapas y El Salvador, los espa-
ñoles representan menos del 5 por ciento (Carolyn y Pérez Brignoli, 2003, p. 86). No
obstante, los criollos y los españoles eran el estrato más rico (Solórzano, 1990 p. 42),
pues su riqueza se derivaba principalmente de la explotación de la población indí-
gena. Tres elementos componían este sistema de explotación: el tributo, el trabajo
forzoso y el intercambio comercial obligatorio con los españoles (Solórzano, 1990,
p. 39). El único benecio que obtenían los indígenas de este sistema era que se les
otorgaba cierto grado de libertad para gobernarse (Dore, 2006, p. 34).
La concentración de la riqueza, como resultado de este sistema de explotación,
y su aceptación como un orden natural muestran que la estraticación era la estruc-
tura social de América Central. Por eso, la ocurrencia de esta distribución desigual de
los recursos no es sorprendente, como tampoco lo es la sanción y la promoción, por
parte del régimen colonial, de la explotación de todos aquellos que no eran conside-
rados españoles o criollos. Esto fue sustancial a la estraticación social, cuya conti-
nuidad y reproducción como estructura social requiere de la existencia de lo ante-
riormente descrito. Su consecuencia es que genera un estrato superior, en términos
numéricos pequeños, capaz de imponer su posición privilegiada al resto (Luhmann,
1997, p. 680). El caso del colonialismo español en Centroamérica constituye un buen
ejemplo. Aquí, una minoría étnica, integrada por aquellos considerados como espa-
ñoles, gobernaron sobre el resto de la población, sin enfrentarse a ninguna oposición
o resistencia que pusiera en peligro su dominación (Romero Vargas, 1991, p. 71). El
principal criterio para justicar esta estraticación social y su sistema de explotación
era la cercanía a la cultura española y al fenotipo europeo. Esta norma, en la que
se basaba la jerarquía social, se justicaba con las ideas de la superioridad moral
atribuidas a los españoles. Todos los demás eran vistos como moral y culturalmente
inferiores; desdeñosamente, a los no europeos se les consideraba salvajes.
La posición de un individuo en la jerarquía social era ja y regulaba su acceso
a la tierra y a ser nominado a un puesto político o religioso. Especialmente difícil
era la situación de aquellos que no eran españoles o indígenas, como los mestizos.
Su aparición era algo que no estaba prevista por las normas jurídicas del régimen
colonial. En el inicio de la dominación colonial, en términos legales, la Corona espa-
ñola no consideró la posibilidad de que emergiera un sector mixto de la población.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 121
Cuando éste apareció y su número aumentó, sus miembros fueron vistos como una
amenaza al orden social establecido. A menudo, se hacía referencia a ellos con pala-
bras peyorativas como “malhechores, vagabundos e ignorantes” (Díaz Arias & Soto
Quirós, 2007, p. 29). Por lo general, tenían que ganarse la vida convirtiéndose en
sirvientes de los españoles y los criollos o dedicarse a trabajos de tipo artesanal,
como ser herrero o talabartero. Otros se dedicaban a la agricultura y entregaban
parte de su cosecha al dueño de la propiedad. En resumen, eran personas sin tierra,
obligados a viajar de un lugar a otro para desempeñar trabajos de poca remuneración
(Kinloch Tijerino, 1990, p. 65).
Una forma de mantener en pie este acceso desigual y restringido era por
medio de la práctica de la endogamia entre quienes pertenecen al estrato superior
(Luhmann, 1997, p. 680), lo cual fue practicado por criollos y españoles, quienes
estaban estrechamente relacionadas entre sí por lazos familiares (Solórzano, 1990, p.
42).
3
Por lo general, los individuos que pertenecían al mismo grupo étnico se casaban
entre sí; estos matrimonios también permitían ampliar el poder político y econó-
mico de las respectivas familias. La práctica común era que las hijas de las familias
españolas ya establecidas se casaran con los recién llegados de España, quienes en
su mayoría eran hombres (Romero Vargas, 1991, p. 74). Así, el matrimonio posibi-
litaba ascender de un estrato a otro. Sin embargo, su principal función era garantizar
el absoluto control de los españoles del poder político y económico, lo cual a su vez
generaba la exclusión del resto de la población (Romero Vargas, 1991, p. 72).
La situación de exclusión y estigmatización de la población indígena era otra
expresión de la estraticación social. En la época de la independencia de Centro
América, un indio no podía formar parte de la jerarquía de la Iglesia católica.
Tampoco se le permitía ser militar o miembro de la burocracia estatal, pues los indí-
genas, españoles, criollos, mestizos y mulatos no eran vistos como iguales. De los
indios se tenía una imagen negativa; para referirse a ellos, se usaban términos desde-
ñosos. “El ser indio”, era sinónimo de “ignorante”, “inculto”, “salvaje”, “haragán” y
“malicioso” (Baldovinos citado en Ayala Benítez, 2007, p. 24). Desde este punto de
vista, ellos eran naturalmente inferiores y, por ende, la posición privilegiada de los
españoles en la jerarquía social de la Centroamérica colonial era legítima.
En este contexto, existía poco espacio para ascender de un estrato a otro.
Ser parte de la minoría dominante era únicamente posible si se pertenecía a una de
las familias situadas en la cúspide de la pirámide social. El ingreso a una de estas
familias se lograba sólo a través del matrimonio. Al mismo tiempo, estas familias
del estrato superior se casaban exclusivamente entre ellas o con nuevos ricos
(Lockhart, 1984, p. 267). De este modo, reproducían la exclusión de los estratos
inferiores al restringir el ascenso social y rearmaban los criterios legitimadores
de la estraticación. A su vez, la Corona española deseaba impedir los matrimonios
entre los estratos y, con ello, los movimientos ascendentes en la jerarquía social.
Para lograr este acometido, se prohibió a los miembros de las fuerzas armadas
casarse con quienes no fuesen consideradas españolas (Lavrin, 1984, p. 325).
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica122
En resumidas cuentas, Centroamérica, en el momento de la independencia y después,
era lo que Niklas Luhmann deniría como un sistema social cuya forma interna de
diferenciación era la estraticación social (Luhmann, 1997, p. 685).
LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA
Con la Independencia de Centroamérica, no se superó la estraticación social.
Si se tiene en cuenta que esta ruptura histórica fue el resultado de la inuencia de
factores externos, no es extraño que la estraticación social haya continuado. La
misma Declaración de Independencia muestra claramente cómo persistía el deseo
de impedir la ocurrencia de cualquier cambio que llegara a modicar el orden social
establecido por el Imperio Español. El primer artículo de esta declaración constata
que el propósito de separarse de España era “prevenir las consecuencias que serían
temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo” (Esgueva
Gómez, 2000, p. 110). Así, la independencia fue una medida necesaria para salva-
guardar el orden social existente y evitar las posibles consecuencias negativas que
podría tener para una minoría gobernante que ésta fuese realizada por los estratos
bajos, a los que la declaración de independencia llama “el pueblo”. La separación
de España llevada a cabo por “el pueblo” podría haber conducido a la pérdida de la
posición privilegiada de los españoles y criollos e inclusive al total aniquilamiento
del orden social colonial, como había sucedido con la independencia de Haití, donde
se dio una transformación radical del país, cuyo resultado fue la liberación del estrato
social más bajo, como eran los esclavos africanos, y una distribución menos concen-
trada de la posesión de la tierra (Knight, 2000, pp. 104-105). Si se quiere ver la inde-
pendencia de Centroamérica como una emancipación, se ha de recalcar que ésta fue
sólo para unos cuantos. La nimiedad de los cambios que trajo consigo es resaltada
por la inmovilidad de las autoridades coloniales en sus cargos hasta el primero de
marzo del 1822, fecha en que los representantes de todas las provincias se reunieron
en la Ciudad de Guatemala para conrmar la Declaración de Independencia como
nueva forma de gobierno y redactar una constitución (Esgueva Gómez, 2000, p. 111).
El único cambio político que trajo la independencia fue el cese de la exclusión
política de los criollos y, en menor medida, de los mestizos. José Cecilio del Valle,
quien fue un importante intelectual y político durante y después del proceso de inde-
pendencia, claramente declaró la aspiración de los criollos a ser considerados como
iguales a los españoles peninsulares. En un artículo de noviembre de 1821, escribió
que el “americano” también era hombre y que la naturaleza le había otorgado a
este hombre americano, los mismos derechos que se habían defendido hace poco
en Europa, ya que ambos eran “individuos de una misma especie”, Es decir, eran
seres humanos “iguales y libres por naturaleza”. A esto se sumaba la consecuencia
de que, si los europeos no aceptaban ser gobernados desde América, los ameri-
canos tenían el derecho de negarse a someterse al dominio europeo. Dice del Valle:
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 123
“si unos y otros han creído imposible ser bien regidos por un Gobierno distante de sus
hogares, los Americanos tenemos iguales derechos para dar el mismo grito y publicar la
misma opinión” (del Valle, 1969, pp. 181-182). En estas palabras se ve cómo la Decla-
ración de Independencia de España sirvió a los criollos para declararse, en términos
políticos y sociales, iguales a los europeos, o por lo menos, tal como ellos lo entendían,
éste era el acto que establecía esa igualdad. En este sentido, la independencia de Centro-
américa fue el proceso político por medio del cual los criollos ricos obtuvieron el poder
que la Corona Española les había negado. No se trató de una transformación profunda o
un cambio radical del orden social implementado por el régimen colonial. Más bien, se
puede entender como una serie de acontecimientos que llevaron a los criollos a conver-
tirse en el rango superior de la jerarquía social de Centroamérica, y, por ello, la indepen-
dencia tampoco impulsó la modernización política y social de la región.
En el caso de la población indígena, nada mejoró. Comparados al resto de
la población, continuaron siendo vistos como inferiores. Todos los otros estratos
fueron catalogados como más “europeos” y “civilizados”. La inferioridad de los
indios no se sostuvo con base a una idea de superioridad derivada de diferencias
biológicas o morfológicos a como se hizo en el siglo XIX y XX. Simplemente, se
percibía su cultura como inferior. En opinión del estrato superior, integrado en su
mayoría por criollos, ellos mismo eran el sector más “civilizado” de la sociedad
porque su cultura era parte de la ilustración europea. Los indios, por el contrario,
necesitaban todavía ser “civilizados” para que fueran capaces de participar en
política y se convirtieran en miembros de la “comunidad política” (Acuña Ortega,
2005, p. 267). De esta manera, se justicaba la exclusión de la población indígena
de la política y se declaraba su inclusión como un proyecto para ser realizado en el
futuro en dependencia de la pérdida de su cultura y la adopción de la europea.
Tal como había sido la norma antes de la independencia, los criollos conti-
nuaron viendo a Centroamérica en términos jerárquicos. Para ellos, América
Central se componía de tres grupos. En la parte superior, estaban los propios crio-
llos, seguidos por los artesanos, que en su mayoría eran mestizos y mulatos. Durante
el período colonial, estos últimos habían ocupado el estrato intermedio entre crio-
llos e indígenas. Al igual que durante la colonia, en la parte inferior de la nueva
jerarquía social se encontraban los indígenas (Acuña Ortega, 2005, pp. 263-266).
Según Víctor Hugo Acuña, los criollos miraban a los artesanos de dos formas. Por
un lado, los consideraban como ciudadanos legítimos e importantes educadores
de la “plebe” y, por el otro, como “intermediarios” entre ellos y “el populacho”.
Sin embargo, los artesanos no eran sus iguales en términos morales y sociales.
Sólo eran iguales al estrato dominante ante la ley, pero nada más (Acuña Ortega,
2005, p. 265). Para el estrato superior, es decir para los criollos, los artesanos eran
gente moralmente inferior debido a su ignorancia y falta de buenos hábitos. En
el periódico El Editor Constitucional, publicado en la Ciudad de Guatemala por
un grupo de intelectuales a favor de la independencia y dirigido por el médico
Pedro Molina (Fry, 2008, pp. 654-655), este estrato era descrito despectivamente.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica124
Se consideraba que los artesanos vivían “en la oscuridad” y “sumergidos” en un
estado de ignorancia “vergonzosa”. Como consecuencia, los artesanos merecían
ser vistos con desdén y eran dignos de rechazo. Según el autor del texto, el artesano
era “inmoral”, “insubordinado” y padecía de “los vicios más vergonzosos” debido
a dos razones, su desobediencia a las buenas costumbres y su falta de educación y
cultura (Molina, 1954, p. 180).
Este juicio moralizante del estrato superior acerca de los artesanos es también
una manifestación de la estraticación social, la cual se legitima con la presunción
de que los estratos son diferentes en cuanto a su naturaleza y su carácter moral
(Luhmann, 1997, p. 682). En palabras más simples, se puede decir que la jerarquía
social se legitimaba de acuerdo con el siguiente razonamiento: los estratos inferiores
no son iguales al superior porque no se comportan de la misma manera, y esta discre-
pancia es producto de su inferioridad natural y moral. A su vez, el comportamiento
del estrato situado en la cúspide de la jerarquía es superior debido a su propia condi-
ción natural. Por ello, se arma que la igualdad es solamente posible ante la ley, pero
“que nunca podrán ser iguales en la fuerza física, en los talentos y en las ventajas que
uno y otro proporciona” (Molina, 1969, p. 363).
Esta perspectiva de los criollos respecto de la condición natural de inferiores del
resto de la población comprueba cómo fundieron “su propia identidad con una concep-
ción jerárquica de toda la sociedad”
4
y cómo al hacerlo delimitaron “los lugares de los
otros”
5
(Luhmann, 1977, p. 34). De ahí que, para los criollos, Centroamérica estaba inte-
grada por tres grupos desiguales: ellos mismos, los artesanos y los indios. Esta concep-
ción revela cómo el orden social jerárquico y la estraticación social permanecieron
inalterados después de la independencia de España; además, permite concluir que no
hubo una verdadera ruptura con la estructura social impuesta por el régimen colonial.
LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL EN EL SIGLO XIX
Durante el resto del siglo XIX, se mantuvo viva la estraticación social y la
exclusión que la acompaña. Así, por ejemplo, durante el periodo de la república
conservadora en Nicaragua (1858 a 1893) instaurada después del traumático episodio
que signicó la llegada de William Walker, existía la perspectiva de que no todos los
nicaragüenses eran igualmente aptos para participar en política. Un artículo sobre la
educación, publicado en el Mentor Nicaragüense en 1841, muestra como no a todas
las personas se les atribuían los mismos derechos políticos y que la participación en
la política era concebida en términos distintos. El artículo argumenta que la educación
dirigida a un nquero no tenía que prepararlo para convertirlo en un juez o un político.
Tampoco debía la educación de un artesano prepararlo para gobernar o para tener alguna
inuencia en el gobierno. Su educación sólo le debía enseñar a amar a su país y a ser
virtuoso. Se argumentaba que todos los nicaragüenses debían tener acceso a la educación
pública, pero no todos debían recibir la misma educación (Mentor Nicaragüense, 1841).
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 125
De esta manera, el carácter estraticado de la sociedad nicaragüense del siglo XIX
debía reejarse en la educación que recibía cada persona. Por ello, sólo a unos pocos
hombres se les otorgaba el derecho a ser educados para dedicarse a la política. El
resto estaba simplemente excluido, pues se consideraba que su condición natural no
los hacía idóneos para inmiscuirse en el ocio de gobernar.
También la rebelión de los matagalpas de 1881 nos reeja la continuidad de
la estraticación social. La rebelión violenta fue la única respuesta que pudieron dar
los indígenas ante la penetración autoritaria e inconsulta del Estado en su territorio
y vida. La tajante exclusión a la que estaban sometidos, nos les dió otra opción para
enfrentar y oponerse a las políticas del Estado que la revuelta violenta. La causa de
esta rebelión fue su descontento respecto del tratamiento que recibían por parte del
Estado nicaragüense, dominado por los criollos y los mestizos. Estos últimos consi-
deraban a los indios inferiores y los sometían al trabajo forzoso y al reclutamiento
militar obligatorio, entre otras medidas. Escuetamente, se puede decir que los indí-
genas luchaban, al mismo tiempo, en contra de la intervención del Estado ladino en
su vida diaria y para resistir la opresión que sufrían (Gould, 1998, pp. 33-43).
La rebelión duró diez días, en los cuales los indígenas atacaron y sitiaron
la actual ciudad de Matagalpa (Miranda Casij, 1972, pp. 75-82) que, en aquellos
años, era un pequeño poblado de 3000 habitantes (Gould, 1998, p. 27). La rebelión
fue su respuesta a tres medidas aplicadas recientemente por el gobierno central:
expulsar a los jesuitas de Nicaragua, prohibir la producción de chicha (bebida
hecha a base de maíz fermentado) e implementar el reclutamiento forzoso para
asegurarse la mano de obra indígena en la construcción de la línea telegráca entre
Matagalpa y la capital (Miranda Casij, 1972, pp. 75-78). Esta rebelión era la única
forma de resistencia que tenían los indígenas para defenderse del brutal sistema
de explotación al que se encontraban sometidos desde los tiempos de la colonia
española y que con la independencia de Centroamérica poco había cambiado. En
el presente caso, el telégrafo se había convertido en el símbolo y la materialización
de la explotación que, desde los tiempos del imperio español, sufrían los indígenas.
Su construcción se había realizado con el trabajo “voluntario” de los indígenas.
Sin embargo, este trabajo no había sido del todo voluntario. Por ley se ordenaba al
ejército que persiguiera y forzara a trabajar a todo aquel que se negara (Miranda
Casij, 1972, pp. 75-78) y que fuera catalogado como vago, siendo los indígenas las
principales víctimas de esta norma jurídica.
En esencia, este trabajo forzoso era una nueva versión del sistema de enco-
mienda con el cual, durante la colonia, los españoles habían obligado a la población
indígena a trabajar sin remuneración. Según Silvio A. Zavala, la encomienda se basaba
en “el principio de la compulsión estatal para el trabajo del indígena, en sustitución del
régimen contractual del libre asalariado; el trabajo quedaba bajo la vigilancia ocial, y
la retribución del jornalero era tasada por el Estado, no por acuerdo libre entre patronos
y trabajadores” (Zavala, 1935, p. 4). En efecto, este era un sistema tributario en el cual
el pago de los indígenas a los encomenderos se daba en forma de tributos y trabajo.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica126
Los encomenderos eran los españoles encargados por la corona española de cuidar
a los indios (Knight, 2008, p. 126). De manera similar, en 1881 los indígenas mata-
galpas estaban obligados a trabajar para el Estado nicaragüense y para aquellos que
lo controlaban, sin recibir salario alguno. De esta manera, sesenta años después de la
independencia de España, la población indígena en Nicaragua continuaba sometida
a un sistema de explotación de su fuerza laboral. Dicho sistema de trabajo forzado se
mantuvo vigente de manera informal hasta los años 30 del siglo XX en la producción
cafetalera (Gould, 1993, p. 417).
Sin embargo, la vigencia de la estraticación social no solo se manifestó en
la permanencia del trabajo forzado durante todo el siglo XIX e inicios del XX, sino
también en el marcado carácter excluyente del acceso a la educación en general y
especialmente a la educación superior. Ello lo evidencia el porcentaje de alumnos
que asistía a la escuela secundaria. Para el año 1895, se estimaba que de 19.320
alumnos que asistieron a la escuela primaria, sólo 1.441 pasó a la escuela secundaria.
En porcentaje, esto era el 7,5 por ciento. La diferencia demuestra que exclusiva-
mente una pequeña minoría accedía a la educación secundaria y universitaria en la
Nicaragua del siglo XIX. Si se compara el número de estos privilegiados con el resto
de la población nicaragüense, estimada en 337.000 personas en 1870, se constata
que aproximadamente el 6 por ciento de la población poseía algún tipo de educación.
Estas cifras dan una idea de cuán limitado era el acceso a la educación general y
cómo, por esa razón, sólo una minoría era capaz de participar en el debate político de
la época (Ayerdis, 2005, pp. 91-92).
LAS REPERCUSIONES DE LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL
EN EL SISTEMA POLÍTICO NICARAGÜENSE
Las repercusiones de la estraticación social en el sistema político son múlti-
ples. La primera que se puede señalar es la monopolización de la actividad política
por unas cuantas familias que se da durante gran parte del siglo XIX. Probable-
mente la familia más famosa que dominó la política nicaragüense hasta las primeras
décadas del siglo XX y que retornó a la presidencia de la república después de la
Revolución Popular Sandinista fue la familia Chamorro. A lo largo de la historia de
esta familia, se pueden contar por lo menos a 4 presidentes y si se incluye a doña
Violeta Barrios de Chamorro, este número asciende a 5. El primer presidente pertene-
ciente a esta familia fue Fruto Chamorro, quien gobernó Nicaragua de 1853 a 1855.
A él le sigue Pedro Joaquín Chamorro Alfaro quien estuvo en la silla presidencial en
el periodo que va 1875 a 1879. En el siglo XX, durante el periodo de la ocupación
militar e intervención nanciera de los Estados Unidos, llegaron a la presidencia dos
Chamorros, primero Emiliano Chamorro en 1917 hasta 1920 y después su tío Diego
Manuel Chamorro en 1921. El primero incluso regresó brevemente al gobierno en
1925 gracias a un golpe de estado que pasó a la historia bajo el nombre de El Lomazo.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 127
Así, esta familia y otras familias, los Sacasa y los Cuadra, fueron los que dominaron
la política nicaragüense durante el siglo XIX e inicios del XX.
En la literatura que ha analizado la política y la historia de Nicaragua y
Centroamérica, a estas familias se les ha denominado con el término Oligarquía
(Núñez, 2006; Torres-Rivas 2011). Este concepto, aunque ha servido para señalar
la dominación política y económica de una pequeña minoría, no se ha ocupado en
analizar las condiciones sociales producidas por el entorno social que han permitido
su existencia y continuidad. Pues pasa por alto como la estructura social, es decir la
estraticación, presenta la condición necesaria para que estas familias continuaraeún
siendo la minoría dominante, ya que genera un acceso diferenciado a la política, la
economía, la educación, entre otros sistemas sociales. Este acceso privilegiado para
una minoría y la exclusión para la mayoría era regulado por dos factores: la perte-
nencia a una de las familias que componían el estrato alto y sus vínculos sociales, ya
que los integrantes del estrato superior se relacionaban principalmente con quienes
pertenecían al mismo estrato. Quien no fuera de una de estas familias y, por ende, del
mismo rango social, no tenía derecho a controlar la posición de poder más impor-
tante en el país, como por ejemplo la presidencia, ya que eran visto como carente de
las cualidades necesarias para detentar tanto poder.
La pretensión de exclusión y de monopolizar el control del Estado de estas
familias se basaba en que se miraban a sí mismas como “la más alta sociedad polí-
tica y nanciera [...] de toda Nicaragua” (Cardenal Tellería, 2000, p. 486), como “la
sociedad ilustrada” (Cuadra Pasos, 1976, p. 419), y sus miembros eran “de noble
familia” (Tijerino, 1964, p. 29), de “ilustre sangre” (Tijerino, 1964, p. 30) y poseían
“ascendencia ilustre” (Montalván, s.f., p. 71). Calicativos que reejan claramente
cómo en Nicaragua predominaba una concepción jerárquica del orden social. Así se
jaba una marcada diferencia entre las familias que componían la más alta sociedad
y el resto de los nicaragüenses, quienes eran vistos como “la masa rústica” (Cuadra
Pasos, 1976, p. 419), lo cual a la vez demuestra que existía una forma de diferencia-
ción social en la que una minoría se consideraba a sí misma como superior al resto
de los habitantes del país al atribuirse un estatus de superioridad moral y natural. En
consecuencia, se generó una polarización política en términos excluyentes que resul-
taba antidemocrática, pues la dominación política oligárquica y su control monopó-
lico del Estado dejaba por fuera a la gran mayoría de la población. La respuesta de los
excluidos ante esta situación fue la violencia, pues ellos no concebían otra forma de
lograr la alternancia en el poder y de hacer valer sus intereses políticos.
Así, este conicto se materializa repetidamente en una confrontación
bélica. Un ejemplo esfue la guerra civil de 1912, la cual que dió pieprodujoa la
primera ocupación militar de Nicaragua por parte de los Estados Unidos y se dió
como fue el resultado del enfrentamiento entre quienes deseaban “la restaura-
ción del viejo sistema de gobierno patriarcal, contemporizador, con los Poderes
Públicos otando sobre una honorable y culta oligarquía” (Cuadra Pasos, 1976,
p. 601)
y aquellos que ambicionaban ponerle n a esta dominación oligárquica.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica128
Estos últimos prometían que cuando alcanzaran la victoria, “el pobre humillado,
explotado, escarnecido por una insolente oligarquía, tendr[ía] pan para sus bocas
hambrientas y lienzo para cubrir sus ateridos cuerpos desnudos” (Benjamín Zeledón,
1977, p. XX). A como podemos ver en esas palabras, los antioligarcas se consideraban
a sí mismo los salvadores del pueblo, el cual a la vez era equiparado con los estratos
más bajos y excluidos de Nicaragua. También tenían la idea de que los estratos bajos
y excluidos, por aquellos que se consideraban ser las nobles familias de Nicaragua,
eran el pueblo nicaragüense y en consecuencia el adversario oligárquico no era parte
del pueblo. A su vez, ellos no solo defendían al pueblo, sino que también eran sus
representantes, ya que provenía de estos estratos bajos. Se puede ver claramente en la
imagen que proyectaba su principal líder, el general conservador Luis Mena, quien era
considerado por sus seguidores un “hijo del pueblo” y un representante de los “inditos,
zambos, mulatos o mestizos” (Gobat, 2005, p. 85) (Kinloch Tijerino, 2004, p. 130).
Una imagen similar, pero en sentido negativo, le atribuían los tradicionales
integrantes del estrato superior nicaragüense tanto a Mena como a su aliado liberal
Benjamín Zeledón. Para ellos, ambos representaban lo que en aquellos años conside-
raban era una nobleza corrupta en dos sentidos. Primero, porque su ascenso social era
visto como el resultado de la corrupción del régimen de Zelaya (1896-1909) (Gobat,
2005, p. 92), durante cuyo régimen las viejas familias habían perdido “su fortuna
por las fuertes multas y contribuciones forzosas” (Cuadra Pasos, 1976, p. 573) que
les habían sido impuestas. En segundo lugar, esta nueva nobleza estaba integrada
por “mulatos, mestizos y cuarterones” (Gobat, 2005, p. 92), es decir, por individuos
de origen racial inferior frente a quienes proclamaban representar “la inteligencia,
riqueza y la sangre española más pura de Nicaragua” (The American Minister to the
Secretary of State, 1912, p. 1059)
6
Para ellos, estos advenedizos no eran “ilustres” y
tampoco se distinguían del pueblo común; igualmente, sus aspiraciones de nobleza se
basaban únicamente en el dinero que poseían (Gobat, 2005, p. 92). Por estas razones,
no podían ser parte del estrato gobernante. El meollo del conicto consistía en que “las
viejas familias”, que se entendían a sí mismas como los descendientes de los criollos
españoles, se sentían amenazadas por “una burguesía de nuevos ricos” (Cuadra Pasos,
1976, p. 573) que carecía de legitimidad en términos morales y de origen. De ahí que,
para este patriciado criollo, los nuevos ricos no tenían la superioridad moral y natural
derivada de su linaje racial y social. Por lo tanto, carecían de las cualidades requerida
para poder pertenecer al estrato superior y tener el derecho a gobernar el país.
En este sentido, se puede decir que esta confrontación era vista como el enfren-
tamiento entre el “pueblo” y la “oligarquía”, en el cual el concepto de pueblo hacía
referencia a los estratos excluidos y/o marginados del sistema político y económico.
Al mismo tiempo, el concepto de oligarquía era usado para señalar al estrado alto y
a su dominio económico y político excluyente. Así, lo que para las viejas familias
patricias era su santo derecho, los partidarios de Mena y Zeledón lo denen como una
injusticia social e inmoralidad. Desde esta perspectiva, se proclamaba la ilegitimidad
del dominio político de estas familias y la necesidad de acabar con su gobierno.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 129
El problema de esta noción del conicto político como la lucha entre “el pueblo” y la
“oligarquía” era que no superaba la diferenciación social basada en la distinción de
estratos superiores e inferiores. En otras palabras, se mantiene la diferenciación entre
estrato superior e inferior por medio de la contraposición de “pueblo” y “oligarquía”.
Por ello, se permanecióomantenía intacto el carácter excluyente del sistema
político, ya que se recurría al término oligarquía para justicar la propia lucha
y deslegitimar el poder político del oponente. Así, el bando que se denía como
antioligárquico podía autodenominarse representante del pueblo y catalogar a su
oponente como el enemigo de éste. De esta manera, le negaba al otro su derecho a
tener inuencia política y a ser parte del sistema político, a como el otro a su vez se
las estaba negado. Esto signica que se proclamaba la exclusión inversa de la que se
eras víctima para legitimar el propio dominio excluyente sobre la toma de decisiones
políticas que incumben y afectan a todos los habitantes del país. Simultáneamente,
no se lograba superar la dinámica de exclusión con la que estaba operando el sistema
político nicaragüense desde la independencia y que ha hecho de las guerras civiles
y las rebeliones armadas un fenóomenohecho recurrente durante el siglo XIX y XX.
En el fondo, se da la reproducción en el sistema político de la exclusión generada por
la jerarquización social que funciona con base en la diferenciación vertical de “los de
arriba” y “los de abajo”. Sólo que en el sistema político la distinción se recongura
en términos de “oligarquía” versus “pueblo”, así como “buenos” versus “malos”, en
la cual cada bando se ve a sí mismo como los buenos y los únicos dotados de la legiti-
midad de gobernar el país. En el caso de Mena y Zeledón, ellos se considerabason los
buenos por dos razones: 1) porque pretendíaen redimir al pueblo de la explotación
de la oligarquía a la que ven como “los malos” y 2) por que representarn y lucharn
por el pueblo, es decir, por “los de abajo”, mientras que sus oponentes represen-
taban a “los de arriba” (la oligarquía) que siempre has excluido y explotado a los de
abajo, es decir, al pueblo. El resultado es una dinámica de polarización política que
promueve una constante enemistad y un conicto político antitético que se convierte
en el continuo intento de aquellos que se consideran los representantes del “pueblo”
por excluir a los enemigos del “pueblo” del sistema político.
La gran paradoja de cómo el bando antioligarca ve el conicto político y social
en el cual se encuentra inmersos es la que genera su incapacidad de superarlo, pues
sin darse cuenta reproduce la exclusión política y social imperante en su entorno
cuya abolición desean alcanzar. El problema está en que para superar esta exclusión
es necesario deshacerse de la desigualdad y de las ideas que la sostiene, lo cual no es
posible si se ve la propia lucha en los términos antes referidos.
Dicho con otras palabras, la diferenciación estraticada de la sociedad se
reeja por medio de esta dinámica de exclusión mutua y violencia en el sistema
político, sin nunca lograr superarla. En consecuencia, no se logra hacer lo que se
propone, que es superar la antítesis pueblo/oligarquía y pobres/ricos, ya que se
recurre a la diferenciación jerárquica que subyace en la contraposición de estos
conceptos para legitimar la propia lucha y las aspiraciones políticas que la impulsan.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica130
Para lograr superar esto, se tiene que apuntar a no entender a los ricos/oligarcas como
diferentes a los pobres/pueblo. Se requiere verlos como iguales y darles el mismo
tratado de facto en las mismas circunstancias, independientemente del origen social,
familiar, cultural, étnico o de género.
LA POLÍTICA NICARAGÜENSE COMO JERARQA: CAUDILLISMO
Y PERSONALISMO
Otra consecuencia en el sistema político de la desigualdad que impera gracias
a la estraticación y que refuerza esta dinámica violenta de mutua exclusión es la
estructura jerárquica del sistema político, producto de la repetición en su interior
de la estraticación de toda la sociedad nicaragüense. El caudillismo y el cliente-
lismo son una clara manifestación de esto, ya que generan un acceso desigual y
estraticado. Esto se debe a que el caudillismo, esn un sistema jerárquico de toma
de decisiones, se expresa en en el que la posición de alguien en esta jerarquía de
dependencia de una persona con su cercanía al caudillo. Por ello, la capacidad de
una persona de inuenciar la toma de decisiones políticas está igualmente determi-
nada por esta cercanía y por de la voluntad arbitraria del caudillo.
Sin embargo, el caudillismo no es un sistema de sumisión pasiva al líder, en el
que éste puede disponer irrestrictamente de sus seguidores e imponer ilimitadamente
su voluntad. Más bien, se trata de un sistema de intercambio de favores y de continuas
negociaciones de lealtades que generan el apoyo político adel caudillo. En esto, los
lazos personales son vitales, al producir la conanza necesaria para mantener la repro-
ducción del intercambio. Además, estos lazos personales son lo único que aseguran
alguna inuencia sobre el proceso de toma de decisiones, ya que no existen otros
mecanismos para condicionar a la dirigencia política, como lo permitiría un sistema
electoral competitivo basado en la igualdad política de los ciudadanos que les permite
-potencialmente- tener el mismo igual acceso a la toma de decisiones políticas.
Esta importancia de los lazos personales ha sido otra característica central de
la política nicaragüense durante el siglo XIX e inicios del XX y se ha manifestado
en el excesivo personalismo del sistema político nicaragüense. Este personalismo
ha fomentado el carácter jerárquico del que ha adolecido el sistema político y que
ha ignorado las demandas y los intereses de la mayoría de la población, pues para
legitimar y garantizar el poder político del líder/caudillo son más relevantes las rela-
ciones personales con sus allegados y demás seguidores que los deseos, aspiraciones
y necesidades del resto de la población. En esta situación, la satisfacción de los inte-
reses de la mayoría de la población era irrelevante para llegar al poder y mantenerlo,
pues su apoyo voluntario no representaba un requisito imprescindible. El recluta-
miento forzoso con base al cual se garantizaba el número de soldados requeridos en
las continuas contiendas bélicas nos demuestra claramente la irrelevancia política de
la voluntad de esta gran cantidad de nicaragüense pertenecientes a los estratos bajos.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 131
A esto se le debe agregar que durante todo este periodo y hasta la década de
1970, el principal mecanismo con el que se lograba el cambio de gobierno o mante-
nerse en el poder era por medio de las armas, lo cual podría tomar la forma de una
guerra civil, una rebelión armada y/o la represión política como la que se está ejecu-
tando en la actualidad. Uno de tantos episodios de la represión que se han dado en
la historia de Nicaragua, lo vivió el liberal Juan Carlos Serrano, quien, una vez que
los rebeldes libero-conservadores derrocaron al presidente José Santos Zelaya en
1909, fue sometido al “trato más salvaje é inhumano; haciéndose[le] dormir en frío
y asqueroso suelo, sin camas ni ropa, y frente á los bastos retretes” (Carlos Serrano,
1912, p. 2). Esta narración de una vivencia de tortura y humillación al oponente
político es una de muchas que se han repetido en repetidas muchas ocasiones en el
devenir histórico de la política nicaragüense.
Otro efecto importante que ha tenido el personalismo fuees que conveirtiró el
conicto político en una lucha entre amigos y enemigos. Al igual que sucede en la
codicación del enfrentamiento político en términos de oligarquía/pueblo, se trata de
un enfrentamiento entre un bando bueno y otro malo. Los amigos eran el lado posi-
tivo y legítimo (los buenos) y los enemigos, el lado negativo e ilegítimo (los malos)
del enfrentamiento. Simultáneamente, los amigos son aquéllos que pertenecían al
propio bando o grupo político, y los enemigos, al contrario. La importancia que
tienen los lazos personales y la pertenencia al grupo de amigos se puede ver en los
apelativos que se usan los bandos en pugna tanto para referirse a si mismo como a su
rival. Así, por ejemplo, quienes apoyaban a inicios del siglo XX al presidente Adolfo
Díaz, se autoproclamaban como “Amigos del Gobierno” (Tijerino, 1964, p. 17) o
“los Verdaderos Amigos del Gobierno” (Cuadra Pasos, 1976, p. 453). Por su lado,
los seguidores del caudillo Emiliano Chamorro, colega del partido conservador de
Díaz y rival político, se llamaban a sí mismos “chamorristas” (Tijerino, 1964, p. 21).
Estos nombres demuestran claramente el carácter personalista de sus obje-
tivos y del sistema político nicaragüense. La selección del nombre en sí misma era
personalista, ya que pretendía demostrar y enfatizar la relación personal existente
entre los integrantes y el líder político. En el caso de los “Amigos del Gobierno”, esta
relación era con el presidente Adolfo Díaz, cuyo objetivo era resaltar su cercanía al
presidente y cómo esto les garantizaba el respaldo del poder político que éste osten-
taba para salir victoriosos en las elecciones de 1916 (Tijerino, 1964, p. 20); mien-
tras, los “chamorristas” expresaban, con su nombre, su lealtad personal al caudillo
Emiliano Chamorro, a quien consideraban una persona virtuosa, políticamente hábil
y con quien podían establecer una duradera relación personal (amistad). Un decla-
rado “chamorrista” lo retrató en sus memorias como:
caballeroso en la amistad, generoso con el adversario, cordial con los humildes,
exquisito con las damas, valiente en la acción como pocos lo fueron en la historia
de Nicaragua. […] amigos los tenía por millares y los reconocía siempre, en
cualquier momento, no sólo a ellos sino también -y recordándolos por sus propios
nombres- a sus padres, esposas, hijos y hermanos. (Borgen, 1979, p. 9)
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica132
En esta imagen se aprecia como se idealizaba a la gura de Emiliano
Chamorro, su liderazgo tenía algunas de las características de lo que Max Weber
denió como la dominación carismática, en el sentido de que se le atribuían cuali-
dades fuera de lo ordinario y de las cuales no estaba dotada cualquier otra persona
(Weber, 1922, p. 140). Una de estas dotes extraordinarias era la gran memoria
señalada en este retrato, que le permite cultivar las relaciones personales en las
cuales se fundamentaba su liderazgo y poder político.
Como se puede ver, tanto la contraposición de pueblo y oligarquía, así como la
confrontación en términos de amigos y enemigos con la que se estructuró el conicto
en Nicaragua conduce a una dinámica de interacción en done la pretensión de exclu-
sión del adversario permanece en el perenne intento de eliminarlo por medio de la
confrontación violenta en sus múltiples dimensiones. Simultáneamente, esta dinámica
de exclusión mutua con la que funciona el conicto político en Nicaragua produce
una constante inestabilidad política, es decir, en la historia de Nicaragua, las crisis
políticas violentas son un fenómeno recurrente y cuya reaparición nunca parece cesar.
Para los bandos, el germen de esto es el oponente político y su incapacidad de actuar
de manera racional. Por ello, una forma común a inicios del siglo XX de explicar este
fenómeno era considerarlo como producto de las pasiones políticas de los individuos
enfrentados. Así, por ejemplo, el General liberal José María Moncada describió la
causa de las constantes guerras civiles en Nicaragua con las siguientes palabras: “si
unos vencen, su primer deseo, su empeñoso ardor es vengarse del contrario, apode-
rarse de su hacienda, separarle de su hogar, y si fuese posible de esta vida. Los pode-
rosos claman por el Poder, pero no piensan en la evolución, ni en elecciones, sino en
otra guerra, en un golpe de fuerza y cuartel” (Moncada, 1932, p. 6).
Este retrato del conicto político como resultado de pasiones irreexivas (el
deseo de venganza) de los bandos políticos, no fue algo exclusivo de su época. Desde
los tiempos de la independencia de España, en Centroamérica se creía que estas
“pasiones humanas” o “pasiones de facciones” eran las que alteraban el régimen
constitucional que se pretendía establecer (Acuña Ortega, 2018, p. 254.) Aún autores
nicaragüenses más contemporáneos han visto, por ejemplo, al golpe de estado de
Emiliano Chamorro de la misma manera, al atribuirlo al “resentimiento del clan
granadino” (Barahona, 1989, p. 38), es decir, a los sentimientos de los integrantes
del Partido Conservador provenientes de Granada. El problema con esta apreciación
es que reproduce continuamente el personalismo con el que opera el sistema político
nicaragüense, pues fenómenos sociales y sucesos de la historia política son descritos
y explicados como resultado de los sentimientos de individuos o grupos concretos.
De esta manera, se le atribuía a la persona lo que es producto de las opera-
ciones del sistema político: la guerra como la operación que genera la alternancia
del gobierno, por ejemplo. Por otro lado, no se lograr alcanzar la ansiada estabilidad
política y la superación de la violencia como método para obtener el cambio de
gobierno, pues implícitamente, igual que sucede con la noción de la oposición como
la fuente de toda inestabilidad, su principal efecto es deslegitimar la existencia de
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 133
diferencias políticas al reducirlas, de manera sumamente simplista, a un asunto de
pasiones y, a la vez, ignorando cualquier otra posible causa. De ahí que se mantu-
viera la alternancia en el poder a través de la lucha armada como única forma posible
de lograrlo. Al nal, esta forma de analizar la política solo es una perspectiva que
pretende manejar las divergencias de criterios, descalicándolas y reprimiéndolas.
En realidad, lo que se hace es legitimar y justicar la persistencia de un sistema polí-
tico en el que se rechaza la presencia de intereses múltiples y opuestos.
CONCLUSIÓN
Como se demostró anteriormente, la desigualdad generada por la estratica-
ción social fue la forma de diferenciación social que estructuró a Nicaragua durante
el siglo XIX e inicios del siglo XX. Esta se ha heredado del régimen colonial español
y permaneció vigente durante todo el periodo aquí analizado. Su característica más
importante es que el orden social imperante sólo se percibe como una jerarquía de
segmentos o estratos desiguales, lo que tuvo profundas repercusiones sobre el sistema
político nicaragüense. En primer lugar, condujo a que se diera un acceso restringido
y desigual al sistema político. Por ejemplo, durante el periodo colonial, esto se mani-
festó en la exclusión de los criollos de los puestos políticos más importantes dentro
de la burocracia colonial y la prohibición para los mestizos de poseer tierras. Después
de la independencia, pese a que hubo importantes cambios, la estraticación social
continuó. La modicación más relevante fue que los criollos pasaron a ocupar el lugar
de los españoles peninsulares en la jerarquía. Así, estos tuvieron la posibilidad de
desmontar la exclusión política y económica a la que habían sido sometidos durante
la colonia. Sin embargo, para los indígenas que durante la colonia habían ocupado la
posición más baja, no se dio ningún cambio signicativo. La percepción del estrato
superior (los criollos) respecto de ellos y de los artesanos (mestizos y mulatos), como
moral y naturalmente inferiores, permaneció en pie y continuó legitimando la diferen-
ciación social jerárquica. Todavía a inicios del siglo XX, se mantiene esta visión jerár-
quica del orden social nicaragüense. Así nos lo demuestra el lenguaje que usan los
descendientes de las familias criollas que pasaron a dominar de manera excluyente y
monopólica el quehacer político y el aparato del Estado Nicaragüense. Para legitimar
este dominio excluyente, recurren a atribuirse a sí mismos una superioridad natural y
moral y señalan al resto de la población como carentes de tales atributos.
En el sistema político, la estraticación social tuvo varias repercusiones.
Primero, contribuyó a estructurar el conicto político de tal manera que la búsqueda
de su resolución por medio de la violencia fue una constante, lo cual se evidenció
en la recurrente aparición de la violencia política durante el siglo XIX y XX. Esta
estructuración del enfrentamiento político se puede describir como una dinámica
de exclusión mutua de los bandos enfrentados, la cual reeja y es producida por la
exclusión social predominante en todo el país. Dicha exclusión en el sistema político
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica134
se traduce en la contraposición entre pueblo y oligarquía que se trata de resolver por
medio de la guerra, como sucedió en la guerra civil de 1912. El problema de es que
recurrir a la violencia para superar la exclusión a la que el estrato superior, también
llamado por sus adversarios oligarquía, desea someter al resto de la población es que
intensica la dinámica de exclusión mutua y mantienen vigente la estraticación
social al reproducir con una valoración inversa la misma concepción jerárquica.
Otro efecto importante de la estraticación social es que le imprime al sistema
político nicaragüense un carácter marcadamente personalista que se expresa en el
caudillismo y el clientelismo. Al mismo tiempo, Aambos fenómenos son la repro-
ducción de la estructura jerárquica imperante en el entorno social en el sistema polí-
tico, lo cual tienen como consecuencia el establecimiento de un acceso desigual y
excluyente para la mayoría de la población al quehacer político. Esta preponderancia
del caudillismo y el clientelismo se debe a que la estructura jerárquica llevó a que
las lealtades y los vínculos políticos se basaran, en primera instancia, en las rela-
ciones personales. Para quienes no pertenecen a la red clientelar personalista que se
encuentra en el control del aparato estatal, el resultado es que no tienen la mínima
capacidad de inuir en la toma de decisiones políticas y, por ende, se ven obligados
a recurrir a la violencia para hacer valer sus intereses ante el Estado Nicaragüense.
Además, este personalismo convierte el enfrentamiento entre los diferentes bandos
en una lucha entre amigos y enemigos, lo cual refuerza la dinámica de exclusión, la
violencia política y la incapacidad de establecer un sistema político democrático en
el que se acepta la divergencia de criterios y el derecho del oponente político a llegar
a controlar el aparato estatal y dirigir el destino del país.
NOTAS
1 Figura 1: Elaboración propia.
2 El signicado del término ladino tiene una historia compleja. Aquí el concepto es aplicado a
los “Indians in Central America and elsewhere who have adopted Spanish forms of dress and
behavior” (Levine, 1980, p. 74). Durante el siglo XIX en Nicaragua, ladino se convirtió en el
vocablo usado para referirse a toda persona no indígena (Gould, 1998).
3 Al observar a las élites de Centroamérica y Nicaragua, se nota cómo esto acontece aún en la
actualidad, lo cual permite considerar que todavía persiste cierto grado de estraticación social.
Ver (Casáus Arzú, 2008, pp. 147-166).
4 En el original: “their own identity with a hierarchical conception for the whole society”.
5 En el original: “the places for others”.
6 En el original: “the intelligence, wealth and purest Spanish blood of Nicaragua”.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 135
REFERENCIAS
Acuña Ortega, V. (2018). La formación del Estado en Nicaragua y Costa Rica en perspectiva comparada:
Siglos XIX-XX. Anuario De Estudios Centroamericanos, 44, 247-285. Recuperado de https://
doi.org/10.15517/aeca.v44i0.34583
Acuña Ortega, V. H. (2005). Las concepciones de la comunidad política en Centroamérica en
tiempos de la independencia, 1820-1823. En F. Colom González. (Ed.), Relatos de nación:
La construcción de las identidades nacionales en el mundo hispánico, Tomo I (pp. 251-273).
Madrid: Iberoamericana/Vervuert.
Ayala Benítez, L. E. (2007). La Iglesia y la Independencia de Centro América: El Caso de el Estado de
El Salvador (1808-1833). Roma: Gregorian University Press.
Ayerdis, M. (2005). Publicaciones periódicas, formas de sociabilidad y procesos culturales en
Nicaragua 1884-1926. Managua: Banco Central de Nicaragua.
Baldovinos, R. R. (Ed). (2000). Enciclopedia de El Salvador (Vol. 1). Barcelona: s.ed.
Barahona, A. (1989). Estudio sobre la historia de Nicaragua: del auge cafetalero al triunfo de la
revolución. Managua: Editorial INIES.
Borgen, J. F. (1979). Una vida a la orilla de la historia: Memorias. Managua: DILESA.
Cardenal Tellería, M. A. (2000). Nicaragua y su historia: 1502-1936: cronología del acontecer histórico
y construcción de la nación nicaragüense. Managua: Banco Mercantil.
Casáus Arzú, M. E. (2008) Das Überleben der Machteliten in Zentralamerika vom 16 bis zum 20
Jahrhundert. En S. Kurtenbach. et al. (Eds.), Zentralamerika heute. Politik, Wirtschaft, Kultur
(pp. 147-166). Frankfurt: Vervuert Verlag.
Cuadra Pasos, C. (1976). Obras. Vol 1. Managua: Colección Cultural Banco de America.
Díaz Arias, D. y Soto Quirós, R. (2007). Mestizaje, indígenas e identidad nacional en Centroámerica:
de la Colonia a las Repúblicas Liberales (Cuadernos de Ciencias Sociales, Nº. 143). San José,
CR: FLACSO.
Dore, E. (2006). Myths of modernity: Peonage and Patriarchy in Nicaragua. Durham/London: Duke
University Press.
Esgueva Gómez, A. (2000). Las constituciones políticas y sus reformas en la historia de Nicaragua.
Tomo I. Managua: IHNCA-UCA.
Fry, M. F. (2008). Molina, Pedro. En Jay Kinsbruner y Erick D. Langer (Eds.), Encyclopedia of Latin
American History and Culture (2ª ed, pp. 654-655). Detroit: Gale.
Gobat, Michel. (2005). Confronting the American Dream: Nicaragua under U.S. Imperial Rule.
Durham: Duke University Press.
Diálogos Revista Electrónica de Historia, 21(1): 117-137. Enero-junio, 2020. ISSN: 1409-469X · San José, Costa Rica136
Gould, J. L. (1998). To Die in This Way: Nicaraguan Indians and the Myth of Mestizaje, 1880-1965.
Durham: Duke Univ. Press.
Gould, J. L. (1993). »Vana Ilusión!« The Highlands Indians and the Myth of Nicaragua Mestiza, 1880-
1925. The Hispanic American Historical Review, 73(3), 393-429.
Hall, C. y Pérez Brignoli, H. (2003). Historical Atlas of Central America. Norma: Univ. of Oklahoma Press.
Instrucción pública. (1841, noviembre 6). Mentor Nicaragüense. pp. 66-67. (http://
memoriacentroamericana.ihnca.edu.ni/uploads/media/18411106.pdf )
Kinloch Tijerino, F. (2004). Bajo la bota del imperio: 1910-1933. En M. Vannini (Dir.), Enciclopedia de
Nicaragua (Vol. 1, pp. 129-137). Barcelona: Editorial Océano.
Kinloch Tijerino, F. (1990). “Cleto Ordóñez: Boceto biográco de un caudillo popular”. Revista de
Historia, (1), 63-77.
Knight, F. W. (2008). Slavery in the Americas. En T. H. Holloway (Ed), A companion to Latin American
History (pp. 146-161). Malden, MA: Blackwell.
Knight, F. (2000). The Haitian Revolution. The American Historical Review, 105(1), 104-105.
Lavrin, A. (1984). Women in Spanish America Colonial Society. En L. Bethell (Ed.), The Cambridge History
of Latin America: Colonial Latin America (pp. 321-355). London: Cambridge University Press.
Levine, R. M. (1980). Race and Ethnic Relations in Latin America and the Caribbean: An Historical
Dictionary and Bibliography. London: The Scarecrow Press.
Lockhart, J. (1984). Social Organization and Social Change in Colonial Spanish America. En L. Bethell
(Ed.), The Cambridge History of Latin America: Colonial Latin America (Vol. 2, pp. 285-288).
London: Cambridge University Press.
Luhmann, N. (1997). Die Gesellschaft der Gesellschaft (Vol. 2). Frankfurt: Shurkamp Verlag.
Luhmann, N. (1977). Differentiation of Society. The Canadian Journal of Sociology/Cahiers canadiens
de sociologie, 2(1), 29-53.
Martínez Peláez, S. (1998). La Patria del Criollo: Ensayo de interpretación de la realidad colonial
guatemalteca. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Miranda Casij, E. (1972). La guerra olvidada» o la «guerra de los indios de 1881. Revista Conservadora
del Pensamiento Centroamericano, 78(142), 75-82.
Molina, P. (1954) Escritos del Doctor Pedro Molina. El Editor Constitucional. Tomo Primero.
Guatemala: Editorial del Ministerio de Educación Pública.
Molina, P. (1969). Escritos del Doctor Pedro Molina. Tomo II. (2a Ed). Guatemala: Editorial “José
Pineda Ibarra”.
José Abelardo Baldizón • La repercusión de la desigualdad y la exclusión en el conflicto político de Nicaragua de la... 137
Moncada, J. M. (1932) Monografía histórica: El Presidente Moncada explica al pueblo nicaragüense
sus ideas. Managua: Imprenta Nacional.
Montalván, J. H. (s.f.) Hace medio: Monografía Histórica. León: Imp. El CentroAmericano.
Núñez, O. (2006). La oligarquía en Nicaragua. Managua: CIPRES.
Romero Vargas, G. (1991). Las Estructuras sociales de Nicaragua en el siglo XVIII. Boletín
Americanista, (41), 71.
Serrano, J. C. (1912). Acusaciones ante la Historia: El Partido Liberal al General Luis Mena, Ministro
de la Guerra. Masaya: Tip. Colón.
Solórzano, J. C. (1990). Centroamérica a nales de la dominación Hispánica, 1750-1821: Transformación,
Desarrollo y crisis de la sociedad colonial. Revista de Historia, (1), 37- 62.
The American Minister to the Secretary of State. American Legation, Managua (October 24, 1912).
En United States Department of State. Papers relating to the Foreign Affairs of the United
States with the annual message of the president transmitted to Congress December 3, 1912.
Washington D.C.: Government Printing Ofce.
Tijerino, T. (1964). Reminiscencias históricas. Revista Conservadora, 7. (40), 6-54.
Torres-Rivas, E. (2011). Revoluciones sin cambios revolucionarios Ensayos sobre la crisis en
Centroamérica. Ciudad de Guatemala: F&G Editores.
del Valle, J. C. (1969). Escritos del Licenciado José Cecilio del Valle. Tomo Primero. Guatemala:
Editorial “José Pineda Ibarra”.
Weber, Max. (1922). Grundriss der Sozialökonomik III: Abteilung Wirtschaft und Gesellschaft.
Tübingen: Verlag von J.C.B. Mohr.
Zavala, S. A. (1935). La Encomienda Indiana. Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Cientcas. Madrid: Imprenta Helénica.
Zeledón, B. (1977). Orden General del 10 de Agosto de 1912, dada en el Cuartel General de Tipitapa. En
P. R. Gutiérrez. (Ed.), Partes de guerra del General Zeledón (pp. xx). Managua: Ediciones Lena.