Resumen

El humano es, de entre los mamíferos, el cachorro más desvalido al nacer. Su vulnerabilidad de neonato, inacabado, dependiente para sobrevivir del otro que le procura cuidados, le da su especificidad. En el curso de la evolución gestamos cultura, instituciones, productos simbólicos, a fin de ligarnos los unos a los otros, contener nuestras fuerzas destructivas, potenciar las creativas y dar la requerida batalla por la existencia. Para los hombres y las mujeres, mientras las pautas instintivas perdían fuerza, la iba cobrando el contrato interhumano que se convertía en premisa de subjetivación, de humanización. El otro humano que nos fue acompañando en nuestra inserción cultural, nuestro semejante, nos dejó huellas inalienables, de tal forma que somos nos-otros y vamos por la vida añorando el reencuentro con la inmediatez placentera que experimentamos al inicio de nuestra vida. Ya Freud decía que la necesidad de amor, troquelada en esa fase primigenia no nos abandonaría ya más mientras viviéremos.
Palabras clave: ética, cultura, juventud